El Secreto de San Millán (El Secreto de San Millán: Tomo VII) BLOQUE 2
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La fecha del inventario permitió ampliar la reconstrucción.

El documento había permanecido activo durante varios años.

Las anotaciones laterales demostraban que no era una copia muerta.

Registraba movimientos y correcciones.

Si el Códice hubiera sido trasladado, existía una posibilidad razonable de que alguna salida quedara consignada.

Buscaron.

La entrada no tenía nota de transferencia.

Tampoco baja.

Mauro parecía satisfecho.

Sebastián mantuvo la cautela.

—La ausencia de una nota no demuestra permanencia absoluta.

—Pero la favorece.

—Sí.

Necesitaban otra fuente.

Las relaciones anuales del depósito eran menos detalladas.

En uno de esos controles apareció de nuevo el volumen bajo su número de orden.

La descripción se había reducido:

Pergamino incompleto. Cubierta antigua.

Mauro señaló.

—Cada vez dice menos.

Sebastián miró el número.

—Pero la continuidad se mantiene.

La fecha era mucho más tardía que la de la fotografía.

El manuscrito seguía figurando dentro de Yuso años después de su regreso.

La investigación comenzaba a cambiar de escala.

Hasta entonces habían reconstruido movimientos.

Ahora debían reconstruir permanencia.

Eso era más difícil.

Un traslado generaba documentación porque alguien necesitaba justificarlo.

Un volumen que permanecía durante años en el mismo lugar podía no producir ninguna novedad.

Su mejor prueba era reaparecer, una y otra vez, en instrumentos sucesivos.

Fray Julián localizó documentación de una reorganización posterior.

El depósito B dejó de existir como unidad administrativa.

Parte de sus fondos pasó a nuevas agrupaciones.

Una reunía materiales ya integrados.

Otra concentraba piezas todavía pendientes o descritas de manera genérica.

Irene miró la ficha transitoria.

—Por lógica podría haber pasado al segundo grupo.

Sebastián la miró.

—Por lógica, sí.

Ella sonrió.

—Ya sé.

Buscaron la relación de traspaso.

El número de orden del Códice estaba allí.

No había título ni descripción.

Solo la referencia anterior y una columna de destino:

C-2.

Mauro localizó la definición.

Materiales antiguos pendientes de integración definitiva.

Sebastián tomó nota.

El manuscrito no había salido de Yuso.

Había cambiado de agrupación administrativa.

No existía constancia de devolución externa ni traslado a otra institución.

Aquello que había regresado décadas atrás seguía dentro del mismo conjunto.

Irene observó la secuencia.

—Entonces la pregunta ya no es cuánto tardó en volver.

Mauro terminó:

—Sino cuánto tiempo conseguimos seguirlo después.

Sebastián asintió.

La desaparición moderna podía no coincidir con un movimiento.

Podía estar escondida en una ruptura posterior de las referencias.

Fray Julián permanecía serio.

—Podemos estar hablando de un volumen que estuvo aquí durante décadas sin que nadie supiera qué era.

Sebastián corrigió:

—Sin que podamos demostrar que alguien lo identificara históricamente.

No necesitaban incompetencia.

Mucho menos una conspiración.

El comienzo faltaba.

Las descripciones se habían vuelto funcionales.

Los documentos que permitían reconstruir la procedencia estaban separados del objeto.

Nadie tenía por qué reunir espontáneamente todas las piezas que a ellos les había llevado años conectar.

Sebastián escribió:

EL VOLUMEN REGRESÓ A YUSO Y PERMANECIÓ DOCUMENTALMENTE DENTRO DE SUS FONDOS DURANTE DÉCADAS

Después añadió:

LA PÉRDIDA DE IDENTIDAD HISTÓRICA PRECEDE A LA PÉRDIDA DE TRAZABILIDAD MODERNA

Mauro leyó la segunda frase.

—Eso cambia bastante.

Sí.

Hasta entonces podían imaginar que el Códice se había perdido de nuevo después de regresar.

Ahora surgía una posibilidad más sencilla.

Quizá nunca se hubiera perdido físicamente.

Quizá lo que había desaparecido era la capacidad de reconocerlo.