El Secreto de San Millán (El Secreto de San Millán: Tomo VII) CAPÍTULO 4 Aquello que había vuelto décadas atrás
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CAPÍTULO 4 Aquello que había vuelto décadas atrás

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El inventario del depósito B llegó poco después de las nueve.

No era un documento solemne.

Tenía una encuadernación administrativa y páginas mecanografiadas con correcciones añadidas a lo largo de los años.

Fray Julián lo dejó sobre la mesa con cuidado, no por su valor material, sino porque ese tipo de instrumento podía resultar más útil que un manuscrito magníficamente iluminado cuando lo que se intentaba reconstruir era la vida cotidiana de un fondo.

Sebastián no comenzó buscando el número provisional.

Leyó primero el encabezamiento.

Necesitaba entender qué pretendía registrar aquel documento.

Un catálogo podía intentar identificar obras.

Un inventario de depósito podía limitarse a controlar qué objetos estaban físicamente en una dependencia.

Si confundían ambas funciones, terminarían atribuyendo significado histórico a simples abreviaciones administrativas.

La primera hoja lo aclaraba:

Relación de materiales conservados en depósito, con indicación de adscripción provisional o definitiva cuando conste.

Sebastián levantó la vista.

—Esto nos sirve.

Mauro acercó la silla.

—Porque diferencia provisional y definitiva.

—Y porque su función principal es controlar presencia física.

Irene comprendió.

—Entonces una descripción pobre puede seguir siendo útil si conseguimos demostrar continuidad de referencia.

Exactamente.

No necesitaban encontrar el nombre histórico.

Necesitaban seguir el objeto.

El inventario estaba organizado por sectores.

Algunas piezas tenían referencias estables.

Otras conservaban números de trabajo.

También había notas posteriores vinculadas con traslados internos o nuevas incorporaciones.

Mauro localizó el sector correspondiente al antiguo depósito B.

—Acá.

Sebastián comprobó el código.

Coincidía con la hoja de retorno que habían encontrado el día anterior.

Comenzaron.

Las primeras entradas podían descartarse sin dificultad.

Había volúmenes completos y otros con características incompatibles.

Después empezaban las descripciones genéricas.

Manuscrito antiguo. Pergamino.

Volumen incompleto. Materia religiosa.

Ninguna bastaba.

Irene siguió avanzando hasta una entrada algo más precisa:

Miscelánea pergamino. Falta al inicio. Cuero.

Sebastián sintió la tensión inmediata.

—Referencia.

La entrada llevaba una clave distinta del número provisional.

Mauro dijo:

—Cambió.

—O estamos delante de otro volumen.

No había medidas.

Tampoco una descripción de estado suficientemente específica.

Continuaron.

Pocas páginas después apareció:

Volumen pergamino, incompleto al principio. Cubierta oscura. Revisado.

Mauro dejó escapar el aire.

—Este sí parece.

Irene negó.

—Parece.

Fray Julián, detrás de ellos, señaló el margen.

—Están leyendo la columna equivocada.

Sebastián giró el inventario.

Había dos numeraciones.

Una correspondía al orden físico dentro del depósito.

La otra registraba la referencia con la que cada pieza había ingresado.

El número de ingreso de aquella entrada estaba parcialmente tachado.

Debajo se distinguían trazos de una numeración anterior.

Irene acercó la lámpara.

No reconstruyeron nada por intuición.

La iluminación lateral permitió recuperar suficientes caracteres.

Sebastián reconoció la estructura.

Era el número provisional de la ficha de conservación.

Esta vez no había necesidad de seguir dudando.

La entrada correspondía al mismo volumen.

Después de regresar desde la sala de revisión, el manuscrito había vuelto a ser registrado físicamente dentro del depósito B.

Sebastián escribió:

PRESENCIA POSTERIOR A LA REVISIÓN: DEMOSTRADA

Irene comparó la entrada con la ficha transitoria.

Allí habían leído:

Miscelánea religiosa en pergamino. Incompleta.

Ahora el inventario físico decía:

Volumen pergamino, incompleto al principio. Cubierta oscura. Revisado.

Dos descripciones.

Un mismo objeto.

Una servía para clasificación.

La otra para control físico.

Mauro preguntó cuál era la correcta.

Sebastián negó.

—Las dos pueden ser correctas para funciones distintas.

Ahí estaba el problema.

El Códice podía continuar perfectamente documentado y, sin embargo, volverse irreconocible para cualquiera que buscara únicamente su identidad histórica.

Fray Julián miró la página.

—Entonces todavía no desapareció del inventario.

—No.

Había dejado de aparecer como el objeto que ellos sabían que era.

Eso era diferente.