El secreto de Nadia Capítulo 19 #2
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Capítulo 19 #2

Le expliqué el mensaje del Proyecto Ashford, la información interna que contenía y la entrada de Nessa en mi despacho para retirarme el acceso. Después relaté nuestras sospechas sobre la pintura escondida en el carro y los treinta y siete minutos sin grabación.

—Tranquilas —nos pidió cuando terminé—. Ya sospechaba que Nessa compartía información con él. Me alegra saber que no estaba equivocado.

—¿Sospechaba también que eran amantes? —preguntó Serena.

—No tenía una confirmación.

—Pues confirmadísimo.

Ryan colocó la carpeta gris sobre la mesa.

—El Proyecto Ashford no existe. No hay ninguna pintura veneciana ni ningún propietario que exija una oferta en cuarenta y ocho horas.

Comprendí entonces por qué el expediente carecía de fotografías y documentos técnicos.

—Era una trampa.

—El código, el precio y el plazo solo aparecían en la copia que entregué a Nessa. Hace veinticinco minutos, su intermediario presentó una propuesta utilizando los tres datos.

—Entonces ella se lo contó.

—Desde su teléfono corporativo. El sistema ha registrado el envío de un archivo cifrado y el destinatario. También trató de borrar el acceso después de recibir su respuesta.

Serena sonrió.

—Ha picado.

—Todavía necesito averiguar hasta dónde llega su participación —aclaró Ryan—. Pero ya puedo demostrar que ha vulnerado la confidencialidad de la empresa.

—¿Y la pintura de mi carro?

—El responsable de seguridad recuperó una copia parcial del registro eliminado. Alguien utilizó la tarjeta de Nessa para entrar en el pasillo de servicio durante el intervalo en que se desconectó la cámara.

—¿Por qué no nos lo había contado?

—Porque quería que creyera que seguíamos sin pruebas.

Ryan recogió la carpeta.

—Quedaos aquí.

—¿Qué va a hacer? —le pregunté.

—Terminar esto.

Lo vimos alejarse hacia el área directiva. Serena abrió la puerta unos centímetros, aunque le pedí que no saliera.

—No estoy saliendo. Estoy facilitando la circulación del aire.

Tardamos menos de un minuto en escuchar la voz de Nessa.

—¡Me tendiste una trampa!

—Te entregué información falsa y tú se la enviaste a un intermediario externo —repuso Ryan—. La decisión fue tuya.

—¡No tienes derecho a revisar mis comunicaciones!

—Utilizaste un dispositivo de la empresa para vulnerar una operación confidencial. Por cierto, con tu amante.

La discusión aumentó de volumen. Varias puertas se abrieron y algunos empleados salieron de sus despachos. Chloe trató de alejarlos, pero Nessa cruzó el pasillo antes de que pudiera intervenir.

Nos encontró cerca del cuarto del personal.

—Tú —me espetó.

Avanzó hacia mí con los dedos cerrados alrededor del teléfono.

—Esto es obra tuya.

—Yo no he hecho nada.

—¡Llevas semanas envenenándolo contra mí!

—Nadia no ha tenido nada que ver —intervino Ryan, que venía detrás de ella.

—Desde que apareció, cuestiona cada decisión que tomo. Se ha metido en mi empresa, en mi relación y hasta en el despacho que debía ocupar mi equipo.

—No es tu empresa —le recordó él.

—¡Debería serlo!

Nessa volvió a dirigirse a mí.

—Te juro que me las vas a pagar. No sabes con quién te has enfrentado.

Ryan se colocó entre ambas.

—Recoge tus cosas y abandona el edificio.

—¿Me estás despidiendo por ella?

—Te despido porque has facilitado información confidencial, has aprobado una operación fraudulenta y has manipulado el sistema de seguridad para incriminar a una empleada. Y nuestra relación ha terminado porque me has traicionado en todos los sentidos posibles.

Nessa soltó una risa cargada de rabia.

—Te lo mereces.

—¿Qué has dicho?

—Me lo debías. Llevamos años juntos y nunca me diste mi sitio. Construí este fondo contigo y continuaste tratándome como una empleada.

—Eras la directora de Adquisiciones, cobrabas más que casi todo el equipo y participabas en las decisiones estratégicas.

—Quería ser socia.

—Tenías que ganártelo.

—¡Nunca pensabas dármelo! Él me ofreció lo que tú me negabas.

La mención del amante quedó suspendida entre todos los que escuchábamos.

—¿Qué te ofreció? —le preguntó Ryan.

—Una participación en cada operación. Clientes propios. Dinero que no dependiera de que tú decidieras cuánto valía mi trabajo.

—Dinero procedente de falsificaciones.

—No todas lo eran.

—¿Cuántas?

Nessa comprendió demasiado tarde lo que acababa de reconocer.

—Habla con mis abogados.

—Lo haré.

Intentó marcharse, pero Ryan no había terminado.

—¿Pusiste la pintura en el carro de Nadia?

Volvió la cabeza hacia mí. El desprecio de sus ojos sustituyó cualquier precaución.

—Necesitaba sacarla de aquí antes de que revisara las demás operaciones. Si hubiera sabido mantener la boca cerrada, no habría ocurrido nada.

—También desconectaste la cámara.

—Solo pretendía asustarla. Tú jamás habrías permitido que la policía llegara más lejos.

—La acusaste de un delito que cometiste tú.

—¡Porque no tenía ningún derecho a venir aquí y arrebatármelo todo!

—Nadia no te ha arrebatado nada. Tú lo destruiste.

Nessa levantó la barbilla.

—Cuando esta empresa se hunda, recuerda que pudiste tenerme a tu lado.

—Te tuve a mi lado. Ese fue el problema.

Dos responsables de seguridad se acercaron. Ryan les pidió que la acompañaran a recoger sus pertenencias y que bloquearan de inmediato todos sus accesos. Nessa caminó entre ellos sin despedirse, aunque antes de entrar en su despacho me dedicó una última mirada.

Su amenaza seguía allí.

Minutos después, la vimos abandonar Bellew Art Capital con una caja en los brazos y un abogado al teléfono.

Serena soltó el aire.

—Bueno. Creo que ya no organizará la presentación de Navidad.

—Acaba de confesar delante de media empresa.

—Las personas enfadadas deberían llevar un abogado incorporado que les cerrara la boca.

Ryan permanecía al otro extremo del pasillo, observando las puertas del ascensor. Había descubierto que la mujer con la que pensaba comprometerse lo engañaba, robaba a su empresa y colaboraba con el hombre que introducía falsificaciones en el fondo.

Quise acercarme, pero no sabía qué podía ofrecerle.

Al final fue él quien vino hacia nosotras.

—Necesitaré vuestras declaraciones por escrito.

—Lo contará todo —le aseguró Serena—. Incluso mi intento de soborno, si promete no decírselo al hombre de seguridad.

—Serena —protesté.

—La honestidad es importante en momentos de crisis.

Ryan me miró.

—¿Estás bien?

Nessa acababa de amenazarme, aunque ya no conservaba el poder que utilizó durante semanas para hacerme daño.

—Sí. ¿Y usted?

La pregunta lo retuvo unos segundos.

—Todavía no lo sé.

Asentí. Ninguna respuesta podía arreglar lo que acababa de perder.

La trampa había funcionado. Nessa se encontraba fuera de la empresa y la verdad empezaba a abrirse paso entre todas sus mentiras.

Sin embargo, mientras Ryan regresaba solo a su despacho, comprendí que desenmascararla no era el final del caos. Era el principio de sus consecuencias.