El secreto de Nadia Capítulo 19
68%

Capítulo 19

A la mañana siguiente llevé al despacho la cartulina con las huellas verdes de Adam y la fotografía que elegí.

Coloqué ambas sobre la estantería, lejos de la mesa destinada al examen de documentos, y dediqué varios minutos a decidir si resultaban demasiado personales para un espacio de trabajo.

—Ese niño tiene aspecto de dirigir la empresa —comentó Ryan desde la puerta.

Me volví. Llevaba una carpeta gris bajo el brazo y dos cafés en una bandeja de cartón.

—Emily opina lo mismo.

—¿Es ella la autora?

—La directora artística. Adam se ocupó de la ejecución.

Se acercó a la cartulina para leer la dedicatoria y después observó la fotografía.

—Se parece a ti.

Aquella afirmación me agradó más de lo razonable. Ryan depositó uno de los cafés sobre mi mesa y se quedó con el otro.

—No sabía que esto era para mí.

—No lo sabía yo tampoco hasta que la máquina sirvió dos. Considera que has evitado un desperdicio.

—Qué detalle tan conmovedor, señor Bellew.

—Los grandes gestos requieren tiempo.

Abrió la carpeta gris. Dentro había un expediente breve con el nombre de una operación que no reconocí: “Proyecto Ashford”. No incluía fotografías de la obra ni datos del vendedor, solo la descripción de un pequeño óleo veneciano de finales del siglo XVI que pertenecía a una colección privada.

—Todavía no debes revisar esto —me indicó—. Faltan varios documentos.

—Entonces, ¿por qué me lo trae?

—Quiero que conozcas su existencia. Si la operación avanza, tendrás prioridad para estudiar la parte técnica.

—¿Se ha examinado la pintura?

—Hay un informe preliminar. El propietario exige mucha discreción y tenemos cuarenta y ocho horas para presentar una oferta.

—Eso no es tiempo suficiente.

—Lo sé.

—¿Volvemos a tener otro vendedor que asegura que hay varios compradores esperando?

Una sonrisa breve apareció en su rostro.

—Estás aprendiendo deprisa.

—Aprendí con una falsificación que costaba un pico.

—Por eso este expediente está aquí.

Cerró la carpeta y la guardó en el cajón con llave de mi escritorio. Antes de marcharse, me pidió que no comentara la operación con nadie hasta que el propietario autorizara la revisión completa.

Nessa llegó media hora después. Pasó ante mi despacho, vio la cartulina de Adam y continuó caminando sin saludar.

Poco después entró en el de Ryan y permaneció allí cerca de veinte minutos. No escuché la conversación, aunque al salir llevaba una copia de una carpeta gris muy parecida a la que él había guardado en mi cajón.

A las diez y cuarto, recibí una notificación del sistema interno. Se había añadido un documento al Proyecto Ashford y, puesto que figuraba como responsable del análisis técnico, podía consultarlo.

Abrí el expediente digital.

Una firma de intermediación solicitaba participar en la operación en nombre de un posible vendedor.

El mensaje mencionaba el código interno del proyecto, el precio máximo que Bellew Art Capital estaba dispuesto a ofrecer y el plazo de cuarenta y ocho horas.

También proponía utilizar un laboratorio privado que podía certificar la obra aquella misma tarde, sin necesidad de trasladarla a las instalaciones elegidas por la empresa.

Conocía el nombre de la firma. Aparecía en la adquisición de la pintura falsa.

El mensaje iba firmado por el hombre de la corbata granate.

Abrí la fotografía que figuraba en su perfil profesional. No tenía dudas. Era el mismo al que Serena vio besándose con Nessa durante la celebración de inversores.

Leí el correo dos veces. La operación se había creado aquella mañana y Ryan acababa de pedirme confidencialidad. Sin embargo, un intermediario externo conocía ya el código, el límite económico y las condiciones planteadas por el supuesto propietario.

La puerta se abrió.

Nessa entró sin llamar y caminó directamente hacia mi ordenador.

—Cierra ese expediente.

—El sistema me ha enviado una notificación.

—Se trata de un error. La operación no pertenece a tu departamento.

—Estoy asignada como responsable técnica.

—Ya no. He decidido encargar la revisión a otro equipo.

—El señor Bellew me indicó lo contrario esta mañana.

—Yo dirijo Adquisiciones. Retiro tu acceso.

Utilizó la tableta para modificar la asignación. El documento desapareció de mi pantalla unos segundos después.

—¿Por qué conoce ese intermediario el código interno del proyecto?

—No te concierne.

—También conoce el precio máximo que está dispuesta a pagar la empresa.

—Trabajamos con él en otras operaciones.

—Una de ellas fue la pintura falsa.

El rostro de Nessa cambió.

—Cuidado, Nadia.

—Solo he mencionado un hecho.

—No sabes nada sobre esta operación ni sobre las personas implicadas. Limítate a las tareas que se te asignen y deja de buscar problemas que no eres capaz de comprender.

—¿También fue un problema que descubriera la falsificación?

—Fue suerte.

—Resulta extraño que la suerte siempre encuentre algo que usted ha pasado por alto.

Nessa agarró el pomo de la puerta.

—El despacho y la placa no te convierten en mi igual.

—No necesito serlo para formular una pregunta.

—Pues empieza a hacerte las preguntas adecuadas. Por ejemplo, cuánto tiempo conservarás este puesto cuando Ryan se canse de jugar a rescatarte.

Salió antes de que pudiera responder. Esperé varios minutos, tratando de ordenar lo que acababa de ocurrir. Después anoté de memoria el código del proyecto, el precio y el nombre de la firma. Aunque Nessa había retirado mi acceso, no podía borrar lo que ya había leído.

Encontré a Serena en el cuarto del personal durante su descanso. Estaba sentada ante una taza de café y un cruasán que llevó de casa para no seguir financiando a la máquina.

—Tienes cara de querer matar a alguien —observó—. Espero que sea Nessa porque ya tenemos experiencia.

Cerré la puerta y me senté frente a ella.

—El hombre de la corbata granate acaba de enviar una propuesta sobre una operación creada esta mañana.

Serena dejó el cruasán.

—¿El del baño?

—Sí. Conocía el código interno, el precio máximo y el plazo. Nessa ha entrado en mi despacho para retirar mi acceso en cuanto he abierto el documento.

—Pues ya está.

—¿Qué está?

—Que trabajan juntos.

—No demuestra que sean cómplices.

—Nadia, ese hombre participó en la venta del cuadro falso, Nessa lo aprobó sin analizarlo, tú descubriste el engaño y ella intentó acusarte de robarlo. Antes la vimos besándose con él.

—Lo viste tú.

—Lo vi estupendamente.

—Ryan necesitará algo más que nuestra palabra.

—Entonces le enseñamos el mensaje.

—Ya no tengo acceso.

—Pero estará en el sistema.

—Si Nessa no lo elimina.

Serena se levantó.

—Vamos a contárselo ahora mismo.

—Es su novia.

—Una novia que lo engaña con un hombre que estafa a su empresa.

—Precisamente. No podemos entrar en su despacho, anunciarle que Nessa tiene un amante y añadir que creemos que ambos cometen fraude.

—Claro que podemos. La puerta es bastante ancha.

—Podría pensar que lo hacemos porque ella me trata mal.

—Ella es una arpía que te hace la vida imposible desde que llegaste. Eso no significa que no esté perjudicando a Ryan con su amante.

—Necesitamos pruebas.

—Tenemos unas cuantas. También estoy segura de que fue ella quien escondió el cuadro en tu carro.

—Eso tampoco podemos demostrarlo.

Serena apartó la taza y bajó la voz.

—Intenté conseguir las imágenes que faltaban.

—¿Qué hiciste?

—Hablé con el tipo de seguridad.

—¿Qué tipo?

—El alto, el que tiene barba y parece saber abrir puertas.

—Todos los empleados de seguridad saben abrir puertas.

—Por eso escogí al más guapo.

La observé, temiendo la respuesta.

—¿Intentaste sobornarlo?

—No exactamente.

—¿Qué hiciste?

—Le invité a tomar una copa y le expliqué que me interesaban las grabaciones del pasillo.

—¡Serena!

—Está casado.

—No puedo creerlo.

—Yo tampoco. No llevaba anillo.

—¡No puedo creer que intentaras seducir a un empleado de seguridad para conseguir imágenes confidenciales!

—Cada una soborna con lo que puede. Dinero no tengo.

—Podrían despedirte.

—Qué desagradecida. Lo hice para demostrar que no eres una ladrona.

—No vuelvas a hacer nada parecido.

—No funcionó. Su matrimonio parece bastante sólido.

—Ese no es el problema.

—¿Cuál es, entonces?

—Que podrías meterte en una situación terrible.

—Peor está Ryan. Su novia se acuesta con un estafador, le entrega información de la empresa y seguramente trató de enviar a prisión a la única persona que descubrió el fraude.

—Todavía no sabemos si se acuesta con él.

—Si quieres, la próxima vez espero fuera del dormitorio hasta conseguir una confirmación documental.

—No habrá próxima vez.

—¿Por qué? ¿Piensas que Nessa ha encontrado de pronto la fidelidad?

—Porque vais a contármelo todo ahora.

La voz de Ryan llegó desde detrás de nosotras.

Serena se llevó una mano a la boca. Me volví tan deprisa que golpeé la rodilla contra la mesa. El jefe estaba en la entrada con la carpeta gris en una mano. No sabía cuánto tiempo llevaba allí ni qué parte de la conversación había escuchado.

—Señor Bellew —empecé.

—Lo del matrimonio no será necesario —le aclaró Serena—. Yo no sabía que estaba casado.

Ryan la miró sin comprender.

—Eso podemos tratarlo después.

—No hay mucho que tratar. Ha sido un fracaso.

Me levanté.

—Lo siento. No deberíamos haber hablado de esto aquí.

—¿Visteis a Nessa con el intermediario de la pintura falsa?

Serena y yo intercambiamos una mirada.

—Sí —admití—. Durante la recepción.

—¿Qué visteis exactamente?

—Yo los vi besándose en el pasillo de los baños —le explicó Serena—. Y no era un beso amistoso. Tengo amplia experiencia cultural para distinguirlos.

Ryan apretó la carpeta, pero su expresión apenas cambió.

—¿Por qué no me lo dijisteis?

—No teníamos ninguna prueba —respondí—. Serena podía contarle lo que vio, pero la señora Mandeville lo habría negado. Después descubrimos que él había intermediado en la pintura falsa y empezamos a relacionarlo todo.

—¿Qué más habéis descubierto?