Capítulo 17 #2
—Y la mancha ha avanzado desde que se realizó el informe.
Nessa me señaló con la tableta.
—Eso es lo que ella asegura.
Ryan volvió a observar las imágenes antes de dirigirse a Chloe.
—Pide una valoración urgente. Hasta entonces, la sexta acuarela no se monta y las otras cinco se exhiben con la iluminación recomendada para papel.
—Estás modificando una presentación a menos de una hora de que empiece.
—Estoy evitando que dañemos una obra que pretendemos comprar.
—Por supuesto. Ahora todas las decisiones dependen de lo que opine Nadia.
—Esta depende de una prueba que tienes delante.
Nessa recogió la carpeta y abandonó la sala. Chloe empezó a reorganizar la presentación con los técnicos. Ryan permaneció junto a la acuarela mientras yo completaba las observaciones.
—Parece que tu primera semana está siendo tranquila —me comentó.
—Empiezo a echar de menos las papeleras.
—Las papeleras no discuten.
—Serena sí. Compensaba la falta de conversación del mobiliario.
Sonrió, aunque su atención regresó pronto a la puerta por la que salió Nessa.
—Has hecho lo correcto.
—No parece que la directora de Adquisiciones comparta su opinión.
—La directora de Adquisiciones está preocupada por demasiadas cosas y no todas tienen relación con estas acuarelas.
No supe si se refería a la falsificación, a las discusiones entre ambos o a algo que aún desconocía.
—La señora Mandeville cree que intento quitarle autoridad.
—¿Es lo que intentas?
—No. Intento impedir que una cinta adhesiva se lleve parte de una obra cuando alguien decida retirarla sin tratar antes el soporte.
—Entonces no tienes nada que justificar.
—Resulta fácil decirlo desde su puesto.
Ryan bajó la vista hacia mi tarjeta provisional.
—El tuyo también te permite opinar. Para eso te contraté.
—Creí que me había contratado para hacer preguntas.
—Acabas de hacer una bastante cara: “¿Qué ocurre si se rompe?”. Me alegro de que la formularas antes de comprar.
La respuesta suavizó parte del malestar que me dejó el enfrentamiento.
Me puse unos guantes nuevos para revisar el resto de la colección y él permaneció allí unos minutos, interesado en las diferencias de color que señalé entre las zonas expuestas y las protegidas.
La reunión se celebró con cinco acuarelas y una reproducción. Los inversores no parecieron ofendidos; al contrario, uno de ellos agradeció la transparencia respecto al estado de conservación.
El especialista consultado confirmó después que la sexta pieza necesitaba una intervención antes de cualquier montaje.
Nessa no regresó al área técnica durante el resto de la mañana. Desde mi mesa la vi discutir dos veces con Ryan: primero en el pasillo y después dentro de su despacho.
Las puertas amortiguaban las voces, aunque algunos gestos revelaban que las acuarelas no eran el único motivo. Cuando terminó la segunda discusión, ella salió con el teléfono en la mano y se marchó del edificio antes de la una.
A las dos guardé los expedientes en el archivador. Ryan no se encontraba en su despacho, pero había dejado sobre mi mesa una copia de la valoración del conservador.
Una línea aparecía marcada en tinta azul: “Se desaconseja el montaje hasta estabilizar el soporte y retirar el adhesivo”.
Debajo había escrito:
“Pregunta cara. Respuesta acertada”.
Doblé el papel y lo guardé en la carpeta de Megan antes de regresar a casa.
Emily me abrió la puerta con Adam en brazos. Llevaba al niño sujeto contra el lado que no le dolía y ambos tenían una mancha verde en la ropa.
—Antes de que preguntes, no es vómito —me aclaró.
—No pensaba preguntar eso. ¿Qué ha ocurrido?
—Hemos iniciado un proyecto artístico.
En el salón había varias cartulinas extendidas sobre una sábana vieja. Mi querida amiga había utilizado pintura apta para bebés y estampado las manos de Adam sobre el papel. Algunas huellas parecían flores; otras eran simples manchas producidas cuando cerró los dedos.
—Tu hijo carece de disciplina —me explicó—. He intentado dirigirlo, pero rechaza cualquier límite creativo.
En la cartulina central había escrito: “Para el primer despacho de mamá”. Las manos de Adam formaban un borde irregular alrededor de las palabras.
Me agaché junto a ellos y besé a mi hijo en la cabeza. Después abracé a Emily con cuidado de no presionar su hombro.
—No tengo despacho.
—Todavía. Mientras tanto, lo pones sobre tu mesa.
—Van a pensar que soy poco profesional.
—Entonces les explicas que se trata de una obra contemporánea de un artista ucraniano emergente. Por el apellido que tiene, quizás consigas que el fondo invierta en él.
Adam extendió una mano manchada hacia mi blusa. Conseguí sujetársela demasiado tarde y dejó cuatro dedos verdes cerca del cuello.
—Ahora formas parte de la colección —celebró Emily.
Contemplé la cartulina, la carpeta de Megan y la mancha recién estrenada.
La mañana había estado llena de enfrentamientos, advertencias y una hostilidad que solo podía aumentar.
Sin embargo, allí dentro me esperaba una mujer que había convertido el salón en un taller y un niño que todavía no sabía cuánto había cambiado mi vida.
El caos podía esperar hasta el día siguiente.
Aquella tarde, el único arte que me importaba tenía seis meses y pintura verde en las manos.