Capítulo 15
La llamada de la agente Murphy llegó el sábado a las nueve de la mañana, cuando estaba preparando el desayuno y Emily intentaba convencer a Adam de que la avena era un alimento muy apreciado entre los bebés importantes.
—Señora Danylenko, quería informarla de que Aaron Kelleher continúa bajo custodia policial —me comunicó después de confirmar mi identidad—. Permanece en dependencias policiales del centro de Dublín mientras se practican varias diligencias.
Dejé la cuchara sobre la mesa. Emily reconoció el nombre y apartó el cuenco de Adam para prestarme atención.
—¿Qué ocurrirá después?
—Se está preparando su comparecencia ante el District Court.
El juez decidirá si continúa privado de libertad o si puede quedar en libertad bajo determinadas condiciones mientras avanza la investigación.
En cualquiera de los casos, solicitaremos que se le prohíba acercarse o comunicarse con usted y con la señora Doyle.
—¿Han podido interrogarlo?
—Sí, aunque no puedo facilitarle el contenido de su declaración. Hay otra cuestión que debería conocer. Ayer se revisó su despacho en el centro de acogida y se localizaron varios informes internos relacionados con antiguas residentes.
Me senté frente a Emily.
—¿Qué clase de informes?
—Traslados repentinos, expulsiones y quejas que no llegaron a tramitarse por los canales correspondientes. Todavía debemos hablar con esas mujeres, pero dos de los documentos mencionan entradas del director en habitaciones durante la noche.
La cocina pareció reducirse alrededor de la voz que salía del teléfono. Pensé en las mujeres que habían dormido tras aquellas puertas, algunas embarazadas, otras con niños pequeños o sin una sola persona a quien recurrir en Irlanda.
Aaron no improvisó conmigo. Conocía el miedo, la dependencia y las consecuencias de una expulsión porque llevaba tiempo utilizándolos.
—¿Cree que pudo hacerlo antes?
—Es una posibilidad que estamos investigando. También revisaremos las decisiones adoptadas por el centro y quién las autorizó. Si alguna antigua residente confirma hechos semejantes, su testimonio será importante.
—¿Por qué nadie hizo nada?
La agente demoró la respuesta.
—Eso también tendremos que averiguarlo.
Me explicó que podían llamarme de nuevo durante los días siguientes y me recordó que no debía comunicarme con Aaron ni con ningún representante suyo. Antes de terminar, preguntó por Emily.
—Está conmigo. Sigue dolorida, pero se encuentra mejor.
—Necesitaremos que conserve el informe médico y que acuda a la revisión prevista. Si recibe alguna llamada extraña, avísenos.
Le aseguré que lo haríamos y guardé el teléfono.
—Sigue detenido —le expliqué a Emily—. Está en una comisaría del centro hasta que comparezca ante el juez. Han encontrado informes sobre otras mujeres.
Su semblante perdió la satisfacción que había mostrado al principio.
—¿También las tocó?
—Todavía no lo saben. Hay entradas nocturnas en dormitorios, expulsiones y quejas que nunca se investigaron.
—Entonces alguien permitió que continuara.
—Eso parece.
Adam golpeó la bandeja de su trona. Un poco de avena aterrizó sobre la mesa y otra porción quedó prendida de su nariz. Emily se levantó por instinto, pero el dolor de la cadera la obligó a apoyarse en el respaldo de la silla.
—Siéntate —le pedí, acercándome a Adam.
—Solo iba a limpiarlo.
—Ya lo hago yo.
—No soy inválida.
—Tampoco eres rápida. Antes de que llegues, se habrá untado el desayuno por toda la cabeza.
Mi hijo confirmó la predicción introduciendo una mano en el cuenco. Emily regresó a su asiento y me observó mientras intentaba rescatarlo de su propia comida.
—¿Sabes qué es lo peor? —me preguntó—. Que ese canalla seguramente escogía a mujeres que creía que nadie defendería.
—No me habría atrevido a denunciarlo sin la grabación.
—Pero lo hiciste.
—Porque estabas conmigo.
—La próxima mujer quizás no tenga que esperar a encontrar una anciana entrometida con un teléfono.
Sonreí, aunque la idea de aquellas desconocidas continuó acompañándome durante todo el fin de semana. El domingo recibimos otro aviso: Aaron había sido acusado formalmente por la agresión a Emily y continuaba detenido hasta la comparecencia del lunes.
La investigación sobre lo ocurrido en el centro requeriría más tiempo, pero la grabación había permitido abrir una línea que ya no dependía solo de mi palabra.
Aquella noche guardé el teléfono después de hablar con mi madre y entré en el salón. Emily se había quedado dormida con Adam sobre el pecho. El cabestrillo descansaba a un lado y una manta cubría las piernas de ambos. Me acerqué para tomar al niño, pero ella abrió un ojo.
—No estoy cargándolo —murmuró—. Está tumbado encima de mí.
—Eso es una interpretación interesada.
—La ley depende mucho de las interpretaciones.
—Tú no eres abogada.
—Pero he visto suficientes series.
Llevé a Adam a su cuna y regresé para ayudarla a levantarse. Antes de irnos a dormir, prometió acompañarme a la próxima cita con la policía, aunque tuve que recordarle que la acompañada sería ella si continuaba caminando de aquella manera.
El lunes llegué a Bellew Art Capital esperando encontrarme con las consecuencias de lo sucedido la semana anterior.
Las puertas del área de revisión permanecían cerradas y un guardia de seguridad controlaba el acceso. La obra había sido enviada a un laboratorio independiente el viernes por la noche, pero aún no había resultados.
Serena me esperaba en el cuarto del personal con dos cafés y una expresión solemne.
—He tomado una decisión —me anunció.
—Eso me preocupa.
—A partir de hoy, cuando encuentre una pintura escondida en un carro, fingiré que no la he visto. La vida era mucho más sencilla cuando solo descubríamos servilletas y calcetines.
—¿Has encontrado muchos calcetines?
—Dos. Ninguno formaba pareja. El mundo de las inversiones es muy oscuro.
Le conté las novedades sobre Aaron mientras nos cambiábamos. Se alegró de que siguiera detenido, aunque reaccionó con indignación al saber que podían existir más víctimas.
—Ojalá las encuentren —comentó—. Si declaran varias, ese hombre no podrá decir que todas están confundidas.
—Algunas quizás no quieran removerlo.
—Lo harán. Has sido muy valiente y tu ejemplo las impulsará.
Salimos al pasillo con el carro. Serena avanzó unos metros antes de detenerse.
No tardamos en descubrir que la tranquilidad del fin de semana no había llegado a los despachos.
Mientras limpiábamos una sala cercana al área directiva, escuchamos la voz de Nessa desde el despacho de Ryan.
—Has ordenado revisar mis adquisiciones sin consultarme.
—He ordenado revisar las compras recientes de la empresa —le respondió él—. No necesito permiso para proteger un fondo que dirijo.
—Estás cuestionando mi capacidad delante de todo el equipo.
—Una pieza muy valiosa ha resultado lo bastante sospechosa para que una mujer la identifique desde el otro lado de una vitrina.
—Todavía no existe ningún resultado.
—Porque tú no pediste los análisis antes de aprobarla.
La puerta estaba cerrada, pero el volumen de la discusión hacía imposible no escuchar. Serena dejó el paño sobre la mesa y señaló su oído.
—¿Qué hacemos? —murmuró.
—Trabajar.
—Estoy trabajando. Recopilo información ambiental.
Dentro del despacho, Nessa acusó a Ryan de desautorizarla por impresionar a Nadia.
—No conviertas esto en algo personal —le advirtió él.
—¡Tú lo has convertido en algo personal! La llevas a casa y ahora permites que opine sobre mis operaciones.
—No he permitido nada. La acusaste de robar y tuvo que defenderse.
—Te contó exactamente lo que necesitabas escuchar para parecer brillante.
—Tú sabías que era restauradora.
La respuesta de Nessa llegó después de una pausa.
—Sabía que decía haber trabajado en algo relacionado con el arte.
—Me ocultaste esa información.
—No tenía ninguna relevancia.
—La tuvo cuando intentaste presentarla ante todos como una ignorante.
La puerta se abrió de pronto. Serena tomó el paño y empezó a frotar la mesa con una entrega espectacular. Yo moví varias sillas para fingir que no habíamos oído nada.
Nessa salió con el rostro encendido. Al vernos, comprendió que la discusión había atravesado las paredes.
—¿No tenéis otra zona que limpiar?
—Chloe nos asignó esta sala —respondí.
—Pues ya habéis terminado.
—Aún falta el suelo.
—He dicho que habéis terminado.
Ryan apareció detrás de ella.
—Deja que hagan su trabajo.
—Por supuesto. Ahora también decides qué mesa debe limpiar tu nueva experta.
—No vuelvas a hablarle así.
—¿Por qué? ¿Vas a acompañarla hasta casa otra vez para consolarla?
Él bajó la voz, pero la firmeza de sus palabras llegó hasta nosotras.
—Esta conversación continúa dentro de mi despacho.
—Nuestra conversación ha terminado.
Nessa se alejó por el corredor. Las puertas del ascensor se cerraron tras ella con un golpe. Ryan permaneció unos segundos en la entrada y después nos pidió disculpas por la interrupción.
—No pasa nada, señor Bellew —le aseguré.
—Sí pasa, pero no es responsabilidad vuestra.
Regresó a su despacho sin añadir nada. Serena esperó a que cerrara la puerta.
—Ese hombre está a dos discusiones de cambiar la cerradura.
—No inventes.
—No estoy inventando. Llevo años observando parejas. Es mi segunda especialidad después de fingir que trabajo cuando discuten cerca.
—No deberíamos haber escuchado.
—Tampoco deberíamos haber encontrado una pintura en tu carro y mira qué semana tan entretenida llevamos.
Al poco, Chloe me pidió que acudiera al área de documentación antes de comenzar mi turno.
Ryan se encontraba allí con dos responsables de inversiones y el jefe de seguridad. Sobre una pantalla aparecían varias imágenes del cuadro tomadas por el laboratorio.
—Ha llegado el informe preliminar —me explicó.
Me entregó una copia. El análisis elemental había detectado titanio en la preparación blanca y un pigmento azul sintético desarrollado siglos después de la fecha atribuida.
La pátina del cobre contenía residuos compatibles con un proceso químico reciente y la capa de barniz se aplicó sobre un cuarteado provocado mediante calor.
—Es moderna —concluí.