EPÍLOGO 1
Querido papá. Te escribo desde San Petersburgo.
Tengo tantas cosas que contarte que no sé por dónde empezar.
Papá, no me atreví a decírtelo pero tienes un nieto, hijo mío y del príncipe Alexei.
Un nieto que ha recibido una educación esmerada y al que querrás en cuanto le conozcas.
Le he escrito también a Randall para que responda a todas las preguntas que quieras hacerle, él no sólo está al tanto sino que me fue de gran ayuda cuando nació mi hijo, al que llamé George Henry.
Papá, George no es un bastardo ni yo una mujer ligera, no te avergüences de nosotros.
Lo que hubo, lo que sigue habiendo entre el príncipe Alexei y yo es amor, lealtad, respeto.
Nos casamos en secreto antes de que él abandonara Inglaterra.
Él estaba dispuesto a renunciar a todo para quedarse conmigo, pero yo no se lo permití.
Su padre le había prometido en matrimonio y debía cumplir su promesa, es un hombre de honor y no un pisaverde seductor.
Papá, imagino que mientras lees mi carta tus sentimientos estarán encontrados.
Perdóname, papá. Perdóname por no haberte contado nada hasta ahora.
No sabía cómo hacerlo sin disgustarte. Créeme, papá, mi amor y mi respeto por ti son inmensos y siempre lo serán.
No me rechaces, papá, te lo ruego. Tengo dos noticias maravillosas que darte: Alexei y yo nos vamos a casar oficialmente y además ha reconocido a George como su hijo legítimo.
Hemos cambiado nuestros nombres. George se llama Yuri.
Yo soy Olga, muy pronto princesa Olga Voronina.
Ha sido un proceso un poco largo pero ya está hecho.
Margaret y Edward se van a quedar conmigo hasta que terminen las celebraciones.
Papá, si aún me quieres iremos los tres a verte a Escocia.
Yo siempre seré tu hija que te ama y te respeta.
No le contó a su padre que George y ella se habían convertido al cristianismo ortodoxo, no le pareció necesario. Quería que se quedara sólo con las buenas noticias.
No se enteró de la cascada de reproches que lanzó la madre de la difunta Darya contra su antiguo yerno.
Las personas que habían conocido ya a Agnes intentaron calmarla y terminaron por obviarla.
Agnes se había ganado el afecto del entorno de Alexei y la princesa Yelena no ahorraba elogios sobre su futura nuera y su nieto.
Agnes lloró de emoción la noche que precedió a su boda.
Lady Sutherland y Margaret la acompañaron hasta que se quedó dormida.
A su vez Margaret tardó en dormirse pero al final el sueño la rindió.
Edward la despertó con besos suaves y tiernos que se volvieron apasionados.
Ella le correspondió aunque se quejó de que le dolía la cabeza.
—¿No has descansado?
—Sí. He dormido aunque necesito un calmante para el dolor de cabeza. Llevo unos días que las jaquecas me están matando.
—Demasiadas idas y venidas y muchas emociones acumuladas, supongo.
—Eso creo. Pero hoy no es momento para que la cabeza me mate, es la boda de tía Agnes y necesito estar radiante.
Llovió durante toda la mañana pero nada deslució la alegría.
En una ceremonia muy diferente de la de Margaret, pero que le pareció bellísima, Olga y Alexei contrajeron matrimonio.
Vestida de seda blanca bordada en oro, una diadema de diamantes en la cabeza, un velo cubriendo su rostro y el precioso collar de perlas azules.
Sostenía su vela blanca, escuchaba los himnos cuya letra no entendía.
Colocaron las coronas de oro sobre su cabeza y la de Alexei, intercambiaron los anillos.
Ella únicamente era consciente de que su sueño de amor con Alexei, después de tantos años separados, se estaba cumpliendo.
Tras el banquete y la fiesta se quedaron solos en su habitación nupcial, que no era la misma que había ocupado la difunta Darya. Alexei había supervisado personalmente todos los detalles de la decoración.
—Después de tantos años me siento como si fuera la primera vez, Alexei.
—Y yo te miro y veo a mi preciosa novia que me llena el corazón de amor. Te amo, Olga mía. Mi bella princesa. Mi esposa.
—Te amo, Alexei. Mi esposo.
Se acercaron el uno al otro y se abrazaron. Alexei la desvistió despacio reconociendo y recordando todos los detalles de su cuerpo. Agnes no se inhibió, dejó aflorar todos los sentimientos que había guardado en su interior. Se quedaron dormidos cuando amanecía.