EPÍLOGO 2
Querida tía Agnes. Llegamos sin novedad a Londres, y después fuimos a Escocia a ver al abuelo.
El padre de Edward nos acompañó. El abuelo se sorprendió mucho de no verte con nosotros, le dimos tu carta y le dejamos solo para que la leyera.
Tardó tanto tiempo en salir de la biblioteca que fuimos a buscarle, alarmados.
El hombre parecía tan conmocionado que le llamamos en voz baja.
Se echó a llorar. Pero no lloraba porque estuviera decepcionado, sino al imaginar lo que habrías sufrido todos estos años guardando una carga tan pesada en tu corazón.
Dijo que el hecho de que la señora Cameron estuviera a tu lado y Sir Randall te allanara los trámites para proteger a tu hijo le consolaba.
Entendía que hubieras tenido miedo de decírselo pero que no te hubiera condenado y te hubiera defendido ante el mundo.
Está deseando veros a los tres, pero eso te lo explica él mismo mucho mejor en la carta que ha adjuntado a la nuestra.
Le hace mucha ilusión conocer a George, bueno a Yuri, a su nieto príncipe.
Ya sabes que el abuelo no es muy hablador pero ha contado que te has casado con un príncipe ruso, imagina la expectación y la sorpresa que ha causado la noticia en la sociedad.
Cuando vengáis vais a levantar más curiosidad que la Exposición Universal, preparaos para recepciones y veladas, todo Londres querrá agasajaros.
Yo te echo de menos, tía Agnes, permite que te siga llamando por el nombre familiar.
Nunca podré agradecerte lo suficiente lo que has hecho por mí.
Edward y yo somos tan felices como siempre.
No, más que nunca. Tengo una noticia maravillosa: nos trajimos un regalo de San Petersburgo que crece dentro de mí.
Edward lloró de emoción cuando le confirmé mi gravidez.
Vamos a tener un hijo, es lo más increíble.
¡Yo madre! ¿Te imaginas? Edward y yo pasamos horas pensando en cómo le llamaremos y anotando ideas para decorar su habitación.
Tendré que buscar una nodriza y una nanny pero cada cosa a su tiempo.
Dale un abrazo a tu príncipe. Edward os envía su cariño y su respeto.
No nos olvidéis y recordad que os esperamos.
Queridísima hija. Desde el momento de tu nacimiento me llenaste de amor y diste sentido a mi vida.
Siempre serás la niña que me sonreía en su cuna y que se dormía en mis brazos.
No tengo nada que perdonarte. Ojalá hubiera sabido por lo que estabas pasando, te hubiera ofrecido mi apoyo y no te hubieras sentido sola.
Agradezco que Randall estuviera a tu lado, y también la señora Cameron.
Estoy deseando conocer y abrazar a mi nieto George Henry, permite que le llame así.
No tardéis en venir los tres. La señora Cameron también me dio su versión de tu historia.
Vive retirada en su pueblo, dijo que los viajes ya se han acabado para ella.
Le asigné una pensión bien merecida. Aunque está decidida a no moverse de su casa seguro que vendrá a Perth a veros.
Se acuerda mucho de vosotros. Yo también te echo de menos, Agnes, ven pronto con tu marido y mi nieto.
Deseo enseñarle todo esto, seguro que llegará a amarlo tanto como yo.
Siempre tendrás mi amor incondicional de padre.
Queridos tía Agnes y Alexei. Por aquí todos estamos bien y locos de alegría.
Somos uno más. Vuestro sobrino Emory Henry Randall Baxter Wilson es un niño precioso.
Se parece muchísimo a Edward, tiene sus ojos verdes pero es rubio como yo.
Come y duerme como un campeón. Edward no se separa de su cuna hasta que la nanny tiene prácticamente que echarle.
Los dos abuelos están locos con él, el abuelo Henry ha rejuvenecido desde que su biznieto está en este mundo.
Prácticamente se ha instalado en Londres para verle a diario.
Le pidió a Edward anteponer el apellido Baxter al paterno para que el linaje familiar no se extinga, y Edward accedió generosamente.
Somos muy felices. Venid pronto, estamos deseando veros.
Queridos papá, Margaret y Edward, ha ocurrido un milagro, uno más.
Aunque no confiaba en que pudiera ocurrir, quedé encinta muy poco después de mi boda.
Pero no quisimos decir nada por si a causa de mi edad la criatura no prosperaba.
Alexei y su primera esposa perdieron a todos sus bebés y él estaba sumamente preocupado de que volviera a suceder.
Yo me cuidé cada día para que mi niño viviera y viniera a este mundo.
Nuestro hijo Yuri rio de emoción y de perplejidad y lo celebró con su padre.
Excuso deciros cómo volvieron ambos de su fiesta.
Somos muy afortunados. La pequeña Stefanya es la alegría de la casa, nació sana y preciosa.
Alexei dice que se parece a mí, aunque tiene sus ojos azules como estrellas.
Su hermano pasa todo su tiempo libre mirándola, no termina de creer que esa muñequita diminuta sea su hermana.
Ha conquistado su corazón. En cuanto nos sea posible viajaremos a veros.
Queridos Margaret y Edward. Escribo a papá aparte porque sé que le hace mucha ilusión, pero la noticia es la misma: Yuri se va a casar con la princesa Gala, la conocisteis en el baile en San Petersburgo.
Es una criatura dulce e inteligente, no podría haber elegido mejor.
Alexei y yo estamos muy complacidos. No solo estáis invitados sino que vuestra presencia es imprescindible.
Quieren hacer un largo viaje de novios con parada en Inglaterra.
Nos reuniremos allí con ellos. No podemos darnos mutuamente mejores noticias.
Estamos deseando abrazar al pequeño Emory y a todos vosotros. Muy pronto. Os queremos.