AGNES
Tras años interminables de dolor, cuando prácticamente habíamos perdido las esperanzas, recibimos la mejor de las noticias sobre Margaret. Papá se emocionó tanto que sufrió una especie de colapso y le recomendaron reposo. Yo me desplacé a Londres. Randall me enseñó una carta.
Yo, Mary, una Viajera de Irlanda, viuda y sola, me convertí al catolicismo en la cárcel renunciando a mis antiguas creencias y prácticas.
Por consejo del padre O´Connor, que es mi director espiritual, ahora que voy a morir quiero confesar una culpa que me ha atormentado desde que me separaron de la niña Mary, a la que crie como si fuera mi hija.
Hice mal, todos hicimos mal y la niña ha sido la víctima de nuestros errores.
El día veintinueve de diciembre de mil ochocientos treinta y siete, mi marido William, ya fallecido, mi hijo Billy, también fallecido, mi hija Joan y yo viajábamos en nuestro carro cuando nos encontramos un carruaje volcado y tres personas desperdigadas en el camino.
El caballero elegante y el hombre bien vestido estaban muertos.
La dama elegante y embarazada estaba a punto de morir.
Mi marido y mi hijo tuvieron que matar al caballo herido y dejaron libre al otro.
Compadecida de la dama, que por los golpes estaba pariendo prematuramente, la ayudé lo mejor que supe.
Dio a luz una niña sana. Éramos pobres nómadas y teníamos miedo.
Dejamos los cadáveres porque no podíamos hacer nada por ellos y nos llevamos a la niña para salvarla.
Yo había perdido a mi hijo recién nacido y tenía leche, así que la hice pasar por mi hija.
Un detective me interrogó, y le mentí sobre Mary.
Le hice creer que la había visto con una mujer inglesa a punto de embarcarse a América.
Hice mal de nuevo, tuve mucho miedo. Pero recibí mi castigo.
Mi hijo Billy murió, nos quitaron a Mary, y mi marido y yo estuvimos en la cárcel.
Nunca nos recuperamos. William murió hace tres años, y yo ahora agonizo.
Por favor, encuentren a Mary. Ahora tendrá unos siete años.
Mi hijo Billy le había hecho un cisne de madera, la reconocerán por ese juguete.
Díganle que lo siento mucho, por mi culpa ha sufrido demasiado.
Pero que también la quisimos mucho. Todo cuanto digo es cierto, lo juro ante Dios y ante el padre O´Connor, testigo de mi confesión.
Se me llenaron los ojos de lágrimas. No podía hablar.
—Esta carta llegó a manos de la policía de Hertford de mano de ese sacerdote católico, el padre O´Connor. La mujer llamada Mary se la dictó antes de morir.
—¿Y ahora, Randall? —articulé— ¿Dónde está?
—Aún no lo sabemos. Se están rastreando los orfanatos no solo de Londres, sino de todo el Reino Unido. Si la niña conserva aún el cisne de madera será muy fácil localizarla, incluso aunque la hayan vendido a una fábrica o como criada.
—Vendido… ¡Dios mío!
—Agnes, ya sabes cómo funciona nuestra sociedad, tú has estado en uno de esos comités que intentan hacer algo al respecto. Los huérfanos son mano de obra barata y los orfanatos los dan como trabajadores a cualquiera que pague y se los lleve. No llores, Agnes. La encontraremos.
—¿Y si le quitaron el cisne, Randall? ¿Y si ha muerto?
—Querida, hay una posibilidad de que siga viva. Y hay una posibilidad terrible de que la hayan dedicado a la prostitución.
—¡Qué dices! —grité— Es una niña.
—Hay pervertidos que pagan mucho dinero por abusar de niñas, Agnes. Te pido disculpas por decirte esto pero es así.
—No puede ser… nuestra Margaret…
Lo siguiente que supe es que Randall me acercaba un vaso de agua a los labios.
—Agnes, tranquilízate. La encontraremos si sigue viva. La encontraremos y os la devolveremos. No pierdas la esperanza. A tu padre dile solamente que tenemos una nueva pista segura.
Mientras me llevaba a casa en su carruaje, Randall me cogió las manos y me las apretó cariñosamente.
—¿Seguro que estás bien? Estás llevando un peso demasiado grande sobre tus hombros.
—Lo sé, pero es lo que me ha tocado vivir. Hago las cosas lo mejor que puedo, dadas las circunstancias.
—No te quedes sola en tu casa, ven a la nuestra. Recoge lo que necesites quédate con nosotros. A Claudette le hará ilusión tenerte para ella unos días. Te quiere mucho.
—Y yo a ella. Fuiste muy afortunado encontrando a Claudette; y muy valiente casándote con ella por las buenas.
—Hubiera hecho cualquier cosa, Agnes. Cualquier cosa para no perderla. De hecho, lo hice.
Sentí que en mi cabeza estallaba algo, una luz extraña.
—¡Oh! Randall, ¿es lo que creo?
Él no apartó los ojos de los míos, nos hablamos sin palabras.
—Todos tenemos derecho a nuestros secretos, querida Agnes. Tú tienes el tuyo y yo el mío.
Hice un gesto de asentimiento. Él conocía mi secreto y me acababa de revelar el suyo: se había convertido al catolicismo para casarse con Claudette. Nadie de la familia lo había sospechado nunca. Apoyé un momento la cabeza en su hombro y él me besó en la frente.
Me quedé con Randall y Claudette, que se mostró encantada y me llevó de compras y a hacer visitas, una de ellas a Eleanor Campbell.
Su hija Violet, que estaba en el salón con su madre, nos hizo una reverencia bastante envarada.
Todavía no ha sido solicitada en matrimonio.
Es una joven poco agraciada. Eleanor nunca ha sido guapa pero Ethan sigue siendo muy atractivo.
No se parece a su padre y es más fea que su madre.
Su forma de ser tampoco ayuda, tiene un carácter raro y seco.
No me gusta Violet Campbell, a sus padres les va a costar casarla me temo.
Estaba deseando contarle a papá que se había abierto una nueva vía de investigación.
Ojalá sea la definitiva y encontremos a la niña.
La compensaremos de todos sus sufrimientos.
Aunque tenía que volver a Escocia pospuse mi regreso y me demoré en Londres todo lo que pude.
Finalmente me despedí de Randall y Claudette.
Los chicos no estaban, sí Albertine que es la alegría de la casa.
No me pareció tan rolliza como decía su madre.
Además a esa edad las niñas aún suelen tener el cuerpo redondeado.
Dentro de unos años, cuando se produzca el cambio seguro que se estiliza.
Claudette, riendo, dice que es la versión femenina de su padre y de su abuelo.
Pero es una criatura deliciosa. Randall la adora y le consiente todo. Me recuerda a mi padre conmigo.
Edward con casi dieciséis años se parece físicamente cada vez más a su difunto tío.
Randall está sorprendido. Recordé lo que me dijo mi amado hermano, que tal vez Robert y Edward habían vuelto y volví a sentir el mismo escalofrío interior.
Por supuesto ni se me ocurriría mencionar tal cosa delante de Randall.
—Me siento muy orgulloso de mis hijos —me dijo Randall—. La niña es mi debilidad. Julius es ambicioso y decidido, creo que tiene un gran futuro por delante. Edward se interesa mucho por mi trabajo, está decidido a ser abogado como yo. Ojalá todo salga como deseamos.
—Todo irá bien, Randall. Por nuestra parte, si logramos encontrar a Margaret entonces nos sentiremos bendecidos.
—No vamos a ahorrar esfuerzos ni medios, Agnes. Eso te lo garantizo.
Volví al silencio y la paz del castillo, a mi rutina diaria.
Largas cabalgadas matinales, lecturas, y alguna visita esporádica.
Papá y yo estábamos cada vez más concentrados en nosotros mismos, aunque viajé más veces a Londres con gran alegría por su parte.
Y de pronto recibimos la noticia más esperada: habían encontrado a Margaret bajo el nombre de Mary Swan, llevaba siete años en un orfanato de Londres patrocinado por la señora Davis y un comité parroquial y dirigido por una tal señora Anderson, que vivía en la misma institución y gestionaba el centro. Papá y yo nos abrazamos llorando.
Querida señora Williams, mi sobrina Margaret ha sido localizada.
Le adjunto la dirección del orfanato y el nombre de la directora.
La niña de ocho años está registrada como Mary Swan y posee un cisne de madera que esperamos no le hayan arrebatado.
Queda a su cuidado ir a buscarla y conducirla a la mansión de Surrey.
Como presumiblemente será analfabeta, debe recibir la educación propia de su rango a todos los niveles con todos los profesores necesarios.
Es indispensable que no reciba castigos físicos por parte de éstos.
Todo el personal debe velar por ella y hacerle la vida lo más agradable y fácil posible.
Que se alimente en condiciones, no descuiden su higiene personal ni su salud.
Probablemente estará desnutrida, que la revise el médico de la familia.
Su habitación debe ser alegre, ventilada y con todo lo necesario.
Que no le falten juguetes, ni libros en cuanto aprenda a leer y a escribir.
Preparen algunos vestidos hasta que la modista le tome medidas.
Mi padre desea que no le sea revelado su origen hasta que cumpla los dieciséis años, momento en que Sir Randall Wilson la pondrá al día de todo lo que le concierne. Hasta ese momento su tratamiento será señorita Mary, siempre de usted y respetuosamente.