El secreto de Lady Agnes AGNES #2
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AGNES #2

Qué días tan ajetreados y dulces hemos vivido.

A Louis Reese le dio una inmensa alegría la proposición de matrimonio.

La única condición que puso fue que se guardara en secreto hasta que Evelyn fuera presentada en palacio.

Me hubiera gustado amadrinarla pero una mujer de mayor edad era más adecuada.

Una tía suya viuda se encargó. Nosotros estuvimos en la ceremonia.

Recordé mi propio debut con una mezcla de emoción y nostalgia.

Evelyn estaba preciosa como una aparición.

Le concedió el primer baile a Harold, y aún bailó con él una vez más.

Cuando sonó un vals la garganta se me cerró.

Apenas distinguí al caballero que me lo solicitó, lo tenía libre aunque prácticamente mi carnet de baile estaba completo.

Harold dice que intereso a los hombres, que si lo permitiera no me faltarían pretendientes.

Mi hermano me sorprende por la admiración que siente por mí, una admiración sincera.

Cuando me dice que soy bella le sonrío. Pocas veces los hermanos son conscientes del aspecto físico de sus hermanas.

Cuando alaba la belleza de Evelyn y su carácter se le humedecen los ojos.

La ama de verdad. Mi querido hermano, se merece ser feliz.

Cuando empecé a bailar el vals no pude ni quise evitar que mis pensamientos volaran a mi amado Alexei, el único amor de mi vida.

Mi esposo. Mi esposo legítimo aunque no haya constancia de ello.

Es curioso que Harold, tan observador, no se haya fijado nunca en el anillo que llevo en el dedo anular de la mano derecha.

De haberlo visto, me hubiera preguntado de dónde lo había sacado.

Es el collar de perlas azules el que acapara las miradas.

Mi amado Alexei, mi esposo. Sé que se casó en cuanto regresó a San Petersburgo pero no he vuelto a saber de él.

No pregunto. Nuestro secreto debe seguir siéndolo y acompañarme a la tumba.

Antes no quería casarme por independencia.

Después porque ya estoy casada. Nadie lo sabe ni lo sabrá nunca.

Para mí es un matrimonio tan válido y legítimo como si nos hubiera casado un clérigo ante testigos.

Se rumorea que se va a aprobar el matrimonio civil para aquellas parejas de diferente confesión religiosa.

Me alegro. Todo lo que facilite los trámites es bienvenido.

Me pregunto cómo estará Alexei. Sé, siento en mi corazón y en mi cuerpo que cumple su promesa y no me ha olvidado, que me sigue amando tanto como yo a él. Cómo podría olvidarle. Si es mi amor.

Qué bien comprendo a la tía Lily y su amor por Perceval.

Para ella también se trató de un matrimonio libre, por amor.

Lily tuvo mala suerte, su amado murió, pese a que ella de forma irracional continuó esperándole hasta el último día de su vida.

Yo no espero a Alexei. Sé que no vendrá, que jamás volveremos a encontrarnos.

Cuando él muera, ¿lo sabré aunque nadie me lo diga?

Cuando yo muera, ¿lo sabrá en su corazón?

Me pregunto si habrá tenido hijos. A mí Katy me hizo beber día tras día aquellas hierbas sin hacer caso del asco que me daba el sabor.

Yo no pensé en la posibilidad de quedar encinta hasta que ella lo mencionó.

Un hijo suyo. Un niño idéntico a él que la sociedad hubiera considerado bastardo, que me hubieran arrebatado sin darle la oportunidad de conocer a su padre si así lo deseara.

Un niño en un orfanato, perdido entre cientos de niños desgraciados.

Katy, mi fiel Katy, estuvo en todos los detalles.

Doy gracias por haber conocido a Alexei.

Qué maravilla sentirme mujer en sus brazos, descubrir el placer del amor bajo sus labios y sus manos.

¿Casarme? ¿Con quién? Ningún hombre podría darme lo que me dio mi esposo, ni hacerme sentir lo que él me transmitió.

Tengo suficiente para toda mi vida. Le sueño cada noche.

Nos sueño uno en brazos del otro, escucho nuestros susurros y suspiros.

Qué bendición haberte conocido, amado mío, mi esposo de mi alma y de mi cuerpo.

Pocos días después de la presentación Harold pidió oficialmente la mano de Evelyn.

La fiesta de compromiso fue espectacular.

Todo Londres estaba en la mansión Reese.

Harold no podía hablar de emoción cuando le puso el anillo en el dedo.

Yo también lloré. Papá estaba tan conmovido.

Una vez pasados los trámites del contrato matrimonial, de la dote, de lo que aportaban el novio y la novia, quedaban las emociones a flor de piel.

Harold quiere casarse cuanto antes, creo que aunque jamás menciona esas cosas está deseando tener a Evelyn en sus brazos, desea lo mismo que cualquier hombre joven y sano.

Está intentando convencer a su suegro de lo absurdo de un noviazgo largo.

A Evelyn le va a dar tiempo para que confeccionen su vestido de boda y poco más.

Si pudiera, Harold azuzaría a las modistas y costureras para que terminen su trabajo cuanto antes.

Harold y Evelyn contrajeron matrimonio esta mañana.

A ella su padre le ha regalado las joyas nupciales de su madre para que la luzca este día.

Yo le presté unos pendientes de diamantes.

Sé que Evelyn esperaba el collar de perlas azules, pero no puedo prestarlo ni regalarlo.

Como tampoco puedo prestar ni regalar el camafeo.

Iba preciosa. Tanto Louis Reese como papá no habían escatimado en gastos.

La novia nadaba en flores. El banquete fue espléndido.

Nada más terminar Evelyn se cambió de ropa y se fueron a Surrey a pasar la noche de bodas.

Mañana se van al continente en viaje de novios.

Harold quiere enseñar a su esposa lo que a él le gustó tanto.

Louis Reese ha muerto de un infarto. No hemos podido avisar a su hija y a Harold, de todas formas tampoco llegarían a tiempo para el entierro.

Tal vez se enteren por los periódicos, que no es la mejor forma de saber la muerte de un padre.

Pero ni papá ni yo sabemos dónde están exactamente.

Pobre Evelyn. Ahora comprendo por qué Louis Reese no puso objeciones a un matrimonio tan rápido, no quería morir antes de ver casada a su hija.

Evelyn está ya al cuidado de Harold y el golpe, aunque duro, le será más sencillo de llevar.

Yo no quiero ni imaginar que papá pueda morir cualquier día.

Harold y Evelyn han regresado. Volvían felices pero su felicidad y su risa se truncaron cuando les comunicamos la luctuosa noticia.

Evelyn se desmayó. Tras varios días postrada tuvo fuerzas para ir a la tumba de su padre.

Viste de luto riguroso. Está desolada y Harold muy afectado.

Me ha confesado intimidades que de otra manera se hubiera callado.

Me dijo que Evelyn es muy pudorosa y sensible y que él ha tenido en cuenta que no debía asustarla ni avergonzarla.

Consumó el matrimonio entre las sábanas, besándola delicadamente y no con pasión (como Alexei me besaba a mí).

No la ha visto nunca desnuda ni ella a él, cuida mucho no quedar expuesto porque ella considera que el cuerpo es vergonzoso.

Se entrega sin resistencia pero no se deja tocar más allá de lo imprescindible.

Aunque parece que Harold lo ha aceptado, no haría nada que pudiera herir el sentido del decoro y el pudor de Evelyn.

Me sorprendió mucho que mi hermano me hiciera ese tipo de confidencias, ya que me considera no solo soltera sino ignorante de la vida conyugal.

La única nota de pasión la vivió intentando consolar a Evelyn.

Como consecuencia, ella está encinta. El embarazo está mitigando la pena de Evelyn.

Tenemos un nuevo soberano. Soberana esta vez. La reina Victoria es una joven de dieciocho años. Después de varios ancianos la juventud de la reina es un soplo de aire fresco.

Debido a su estado Evelyn no va a fiestas ni recibe, aunque ya no viste de luto completo.

Se siente contenta con la criatura creciendo en su interior, sobre todo porque Harold no ha vuelto a requerirla.

A ella no le gusta la intimidad física. Me ha contado que le ha pedido a Harold que si nace un hijo varón no la moleste muy a menudo.

Harold ya me había hablado de esa petición.

Yo sería incapaz de tener a Alexei a mi lado y no querer tocarle ni hacer el amor con él una y otra vez.

Pero cada persona es diferente. Evelyn no es dada a ese tipo de confidencias, pero una tarde que estábamos juntas bordando comentó que no entendía cómo a una mujer podía gustarle intimar con su marido, a ella le resultaba agobiante y más bien desagradable el contacto de un cuerpo extraño invadiéndola.

Me miró muy seria, se ruborizó y me pidió perdón.

«Tú no puedes entender de lo que estoy hablando, no debería haber dicho eso.

» Sonreí quitando importancia a sus palabras.

«Ay Evelyn», pensé, «mi querida niña. Entiendo más de lo que imaginas porque he temblado de pasión y deseo y he gemido de placer.

Tú lo ignoras todo y a Harold parece no importarle.

» Creo que realmente sí le importa, pero son felices a su modo.

Evelyn y Harold se van a Londres a esperar allí el nacimiento.

Hemos pasado unas fiestas de Navidad muy agradables, con Claudette, Randall y los niños que ya no son tan niños y la pequeña Albertine.

Papá y yo hemos intentado convencerlos de que se queden en Surrey; pero Evelyn no quiere, ha dado orden de disponerlo todo para la partida.

Está embarazada de ocho meses largos, no debería exponerse al traqueteo del coche.

Ha sido imposible convencerla. Harold ha claudicado en atención a su estado.

Papá y yo iremos a Londres para Año Nuevo.

Qué contentos y unidos se les ve, a su manera sobria.

Mi hermano es en verdad muy afortunado, Evelyn es la mujer perfecta para él, se complementan el uno al otro. Y la criatura los ha acercado aún más.

«Si es un niño se llamará Henry, como papá.

Y si es niña, Margaret como mi madre. Estoy deseando conocer a mi hijo, o a mi hija.

Me da igual lo que sea mientras esté sano.

Evelyn y yo tendremos más hijos. Y tú los mimarás y malcriarás a todos, hermanita.

» Eso me ha dicho mi hermano riéndose mientras Evans, nuestro cochero, terminaba de repasar el vehículo.

Yo también me he reído y le he asegurado que seré la tía adorable con los bolsillos llenos de chucherías.

Nos hemos abrazado. Evelyn ha bajado bien abrigada, elegante en su ropa nueva de viaje.

—Ten mucho cuidado, estás muy cerca de dar a luz.

—Tranquila. Es un trayecto corto. En cuanto lleguemos a casa descansaré.

—No dejaré que se mueva, hermana.

Papá y yo los hemos abrazado. Evelyn ha reído con más alegría de la que la habíamos oído últimamente.

—Papá, hermana, no nos vamos al fin del mundo. Solo a Londres.