5 #5
James se marcha al poco rato de llegar a la casa. Lo sigo con la mirada a través de la ventana, no coge el coche, atraviesa la urbanización a pie. Monica se ha quedado dormida en el sofá. Cierro la puerta del salón sin hacer ruido, corro hacia el teléfono y marco el número de mis padres. Tienen que venir a buscarme. Les suplicaré. Comunica. He debido de marcar demasiado rápido. Me tiemblan los dedos, es infernal. Marco otra vez el número respirando con fuerza. Sigue comunicando. Saco el trocito de papel del fondo de mi bolsillo y llamo a los padres de Irina. Comunica. El teléfono está fuera de servicio. ¿Fuera de servicio? O... ¡Joder, han cortado la línea! Veo el bolso de Monica colgado en el perchero, su bolsón de piel de lujo dentro del cual pasea toda su vida. Aparto un asa, meto la mano, quiero pruebas tangibles de su locura. Palpo con la punta de los dedos la agenda obesa que se desborda. La saco y la hojeo; en su interior, decenas de papeles, recetas, facturas que se intercalan entre las páginas. Es una maraña, un caos. Nada interesante. Me dispongo a cerrarla cuando veo unos sobres. ¿A quién escribe Monica? La aguja vuelve a clavarse en mi cuerpo, entre mis omoplatos. Son mis dos últimas cartas destinadas a Christine Le Bihan para Virginie, con mi letra. Están abiertas.
Subo a mi habitación. Las piernas me fallan. Una sensación de urgencia. ¿A quién puedo pedir ayuda? Exploro las salidas: ¿Kristina, la au pair de Mitchel? Todos los martes va al centro con Holly. Quizá ella pueda enviar mi correo. Hoy es lunes. Me lanzo sobre el bloc de notas que me sirve de papel de carta.
Virginie:
No has recibido mis últimas cartas, acabo de descubrir que Monica nunca las envió. Te preguntaba por Lewis y Simon. Debes saber que Lewis ha muerto. No me han explicado por qué, pero he deducido que estaba muy enfermo. He intentado llamar a mis padres, pero han cortado la línea de teléfono. Y luego está esa au pair que ha desaparecido, Irina, y la hija pequeña de John y Eve, que se parece a Nela, como si fueran dos gotas de agua, y todos los vecinos, que son de la misma familia. ¿Te das cuenta? No sé qué está pasando aquí. Perdona, te hablo de mil cosas a la vez, pero no consigo entenderlo, estoy agotada, a menudo me duele la cabeza, tengo náuseas, creo que me drogan, quiero marcharme. En cuanto recibas mi carta, avisa a mis padres, dile a mi padre que venga a buscarme, te lo ruego, date prisa, nunca he pasado tanto miedo. Suplícaselo, aunque te diga que soy una miedica y que fui yo quien insistió en venir.
Emmylou
No he oído el despertador de la mañana, he dormido como un tronco. Me levanto a toda prisa, miro por la ventana del cuarto de baño y veo que el coche de James ya no está, debe de haber llevado a Simon a la guardería. Veo a Mitchel y Holly marcharse juntos al trabajo. Me acerco a la habitación de Monica, está durmiendo. Cojo la carta para Virginie y bajo muy rápido. Abro la puerta principal sin hacer ruido, llamo a la puerta de los vecinos, inspiro hondo, no quiero que Kristina note mi nerviosismo. Se sorprende al verme. Murmura, mirándose los pies, «Sorry for your loss», «mi más sentido pésame». Le pregunto si puede enviar mi carta por correo. Le digo que es importante, que es para mi escuela de periodismo, que una amiga tiene que matricularme y que prefiero no pedírselo a Monica y a James porque están de duelo, no quiero incordiarlos. Ella acepta la carta sin pronunciar palabra; empiezo a conocerla y confío en ella. La carta debería llegar dentro de cuatro días. Me informé antes de viajar, cuando fantaseaba con mi estancia e imaginaba que mantendría una correspondencia con los amigos y la familia. El tiempo que mi padre tarde en venir... Dentro de seis días, seré libre. Feliz Navidad, mamá y papá.
Estoy tan estresada que no regreso a la casa de inmediato. Después de mi fuga, no me dejarán libre mucho más tiempo. Aprovecho estos últimos instantes para explorar Hidden Grove. El ojo negro me vigila, pero que le den, me he acostumbrado a que me observen de forma permanente. Me dirijo hacia la casa en venta. La quinta. Forma parte del paisaje. Nadie la menciona nunca, es el lugar que nadie quiere, es un hecho, la han olvidado. Pero ¿por qué un inmueble tan bonito no encuentra comprador o inquilinos? Pienso en el ojo, no me quedo parada delante de la casa, la rodeo por el sendero que la separa de la de Nela. Al final del todo, un muro de árboles y ramas. Compruebo si puedo colarme para entrar en el jardín. Hundo las manos y las saco con arañazos. Palpo el seto que rodea el espacio verde. Tiene una fisura: en un punto, debajo de mi cintura, está blando, uno de los arbustos debe de haber contraído alguna enfermedad. Aprovecho y aparto las enclenques ramas, que ceden bajo la presión. El trozo de césped está abandonado, lo cual contrasta con la perfección del resto del recinto. Doy una vuelta entera a la villa: es idéntica a la mía, lo cual me viene de perlas. Voy a entrar por la puerta del garaje. Hurgo un poco con mi horquilla y el pestillo cede sin resistencia. El lugar es frío y oscuro, anuncia su soledad. La planta baja se parece a todas las demás: los mismos volúmenes, la misma distribución de las habitaciones, pero sin calor ni vida. Empiezo a subir por las escaleras, imagino las grandes habitaciones vacías, los baños donde el vapor no se forma jamás. Para qué. Me dispongo a bajar de nuevo cuando huelo una ligera humedad. El aire es tibio, desprende un ligero perfume a humano. La inquietud me paraliza, no quiero seguir adelante. Arriba, distingo dos puertas abiertas.
Con la mano en el pomo de la habitación de la izquierda, titubeo. Intento razonar: la villa está abandonada, no existe, ¿por qué iba a ser una amenaza? Entro. La cruz que adorna la pared blanca frente a mí se me antoja ridícula en ese espacio inmenso. Una pequeña cruz de madera, sin el cuerpo de Cristo; se diría que son dos palos unidos. Bajo el símbolo religioso, un escritorio y una silla de madera pálida, humilde. A la derecha, un radiador. Pongo la mano, está encendido. Encima, una estantería y una biblia idéntica a la que encontré en la habitación de Monica. La cojo. En la cubierta leo:
Ningún PECADO
Oh, mi SEÑOR
Ningún REMORDIMIENTO
Sí, mi SEÑOR
Solo tu GRACIA
Y
Nuestra PUREZA
Al lado de la Biblia, un grueso libro blanco de oraciones. En cuanto lo cojo, aparece un cuaderno fino. Estaba atrapado entre los dos pesos pesados. Es un cuaderno escolar. Lo abro. Descubro una sucesión de sumas seguidas del símbolo £. Es un libro de cuentas. Cada página corresponde a un año, y empieza en 1987.
1987
JW: 800 000 £ + 200 000 £
JW: 800 000 £ + 200 000 £
DW: 800 000 £ + 200 000 £
MW: 800 000 £ + 200 000 £
1988
JW: 30 000 £
JW: 30 000 £
DW: 15 000 £ + 15 000 £
1989
JW: 35 000 £
JW: 35 000 £
DW: 17 000 £ + 18 000 £
1990
JW: 40 000 £
JW: 40 000 £
DW: 40 000 £
«JW, DW, MW...», ¿de James White, John White, David White, Mitchel White? Pero ¿por qué desaparecen las iniciales «MW» a partir de 1988? ¿Y a qué corresponden las cantidades de ochocientas mil libras? ¡Es una fortuna! Se trata de sumas idénticas abonadas por cada uno de los habitantes masculinos. Quizá por la compra de las villas... ¿Y las doscientas mil libras adicionales? Hago el cálculo: doscientas mil por cuatro... ¿Ochocientas mil? El precio de una sola residencia... ¿Han pagado cada uno una parte de la quinta casa? Pero ¿por qué razón? Entonces no está en venta. ¿Es de su propiedad? ¿Y esta urbanización, Hidden Grove, es un proyecto común? En 1988, Lewis tenía dos años. Es la fecha que figura en el examen médico que revela su enfermedad genética. ¿Por eso decidieron vivir todos juntos aquí? Todo se esclarece y todo se espesa. ¿A qué corresponden estas sumas abonadas a lo largo de los años? ¿A quién se las dieron? ¿A Mitchel, puesto que es el único cuyo nombre no figura en la lista? En las páginas siguientes, veo otras líneas con cantidades y fechas. Paso los primeros años, pero el año en curso, 1996, me llama la atención.
1996
Jardinero: 8 234 £
Fontanero: 4 700 £
V: 10 000 £
Videovigilancia: 6 089 £
Una letra y una cifra me intrigan: «V: 10 000 £». Repaso el cuaderno al revés, remonto la línea temporal.
1995
V: 10 000 £