El secreto de la niñera 2 #2
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Love does not delight in evil but rejoices with the truth. It bears all things, believes all things, hopes all things, endures all things.

«El amor no se alegra de la injusticia, sino de la verdad. Todo lo perdona, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta».

Esta frase siempre me incomoda. No, el amor no lo soporta todo. No se puede hacer cualquier cosa ni cometer cualquier acto por amor. ¡Me gustaría tanto hablar con ellos de esto! Pero no me atrevo.

Al hojear el libro sagrado, encuentro una postal. Por delante, una foto de unas manos juntas orando; por detrás, el siguiente texto escrito a mano:

Daily prayer:

I am a passing being, it is my nature, my humility.

I kneel before you, eternal God, in acceptance of my condition. I am a transitional being, I am here and soon I will no longer be. I agree to step aside without complaining.

I accept my mission.

«Oración diaria:

»Soy un ser pasajero, es mi naturaleza, mi humildad.

»Me arrodillo ante ti, Dios eterno, en señal de aceptación de mi condición. Soy un ser transitorio, estoy aquí y pronto ya no estaré. Acepto hacerme a un lado sin quejarme.

»Acepto mi misión».

No recuerdo haber visto esta oración en el libro de los padres. ¿«Soy un ser transitorio»? Menudo mensaje. ¿Lewis recita esto todos los días? ¿En serio? ¿Cada día de su joven vida debe leer que no es otra cosa que un ser transitorio? Es escalofriante. Antes de cerrar y dejar la biblia en su sitio, me demoro en la última página. En la parte inferior derecha, en el interior de la cubierta, tres palabras trazadas finamente en tinta negra, seguidas de un pequeño dibujo: «Reginald + Eileen White». Nunca he oído hablar de ellos, pero estos nombres de pila parecen antiguos. ¿Esta biblia es un regalo de los abuelos paternos de Lewis? Después del apellido, un árbol minúsculo dibujado a pluma, con el tronco grueso y ramas horizontales que forman pisos hacia el cielo. ¿Qué significa este símbolo?

Un ruido. Una voz que resuena. ¿Cuánto tiempo he estado sumida en la lectura? Me acerco a la puerta, la abro para oír qué hace mi jefa, está al teléfono. No he terminado de explorar la vida de Lewis, el calor que me devoraba el estómago ha subido hasta el plexo y ahora me duele. Cierro con cuidado y me dirijo al escritorio del mayor de los White. Está equipado con una decena de cajones que se abren con grandes tiradores plateados. Descubro los dibujos de un niño solitario, apasionado por la campiña o por lo que conoce de ella: campos, casas aisladas, cielos crepusculares, siniestros. Son ingenuos, repetitivos y ligeramente tristes. En otro compartimento, material de dibujo: lápices blandos, duros, rotuladores, tubos de gouache. Más abajo, varias decenas de hojas Canson. Todo está extremadamente bien ordenado, sin duda demasiado para un niño de diez años. Varios cajones están vacíos, y, en el último, encuentro unos documentos impresos sujetos con un clip de acero. Algunos llevan un membrete del que debe de ser su centro de estudios: «Cedar Protestant Education Center, 42 Dover St, London W1S 4NY, United Kingdom».

¿Cedar? Buscaré más tarde lo que significa esta palabra en mi diccionario. Pensaba que Lewis estaba en un centro adaptado a su discapacidad, no en un centro religioso. El resto de la documentación me sorprende y me fascina. Después de varias páginas consagradas a numerosas normas de buena conducta en el seno del establecimiento, descubro el horario de Lewis y las asignaturas que estudia:

Cristianismo medieval y moderno

Estudio de los textos fundacionales y de la Biblia hermenéutica

Teología sistemática, filosófica, dogmática y ética

Teología práctica: sociología de las religiones, musicología y pastoral

Lenguas antiguas: hebreo y griego

Historia

Estoy aterrada. Ahora entiendo mejor la modestia y la discreción de Lewis. ¿Cómo vas a ser feliz si ya de pequeño tienes que estudiar asignaturas tan difíciles y con tan pocas perspectivas de futuro? ¿Qué ve él del mundo? ¿Qué sabe de la curiosidad de los niños de su edad? ¿Sobre qué puede proyectar sus sueños, dibujar su futuro? Estas clases polvorientas y austeras le hacen recular en la línea del tiempo, quizá por eso cada día se aleja más de nosotros...

Esto es lo que descubres cuando vives solo, solo entre los demás: cada día es una nueva oportunidad, cada mal día es barrido por la noche, esa pausa obligatoria en tu calendario, aunque no la quieras, aunque no tengas tiempo, la noche está ahí. Y, aunque el día haya sido abrumador, aburrido, desastroso, aunque tu vida parezca acabada, irremediablemente acabada, gracias a la noche tu vida se salva; o, al menos, la imagen que tienes de ella. No sé qué pasa en mi cerebro mientras duermo, tengo la impresión de que un hada madrina se afana por adormecer el moho, la mierda, la putrefacción, y que al despertar todo parece más dulce, más razonable. Tú te acuerdas de que la cosa se torció, dio un vuelco, te acuerdas de lo extraño, de lo que te alertó, lo recuerdas, pero aceptas el velo que Campanilla ha posado encima, porque de otro modo no te levantarías esta mañana o te tirarías por la ventana, que está abierta de par en par sobre tu cama.

«Good morning! Mooorning!».

Las voces son claras, alegres. ¡Buenos días! La casa resuena con estas palabras que pueden cambiar el ánimo. Son una promesa. El día será bueno. Me visto y bajo para sumarme a la bonita familia inglesa que me acoge. Sonrío con ganas, hago honor a mi noche, al buen día, soy nueva y estoy lista para afrontar los meses que me quedan. Tengo un objetivo: convertirme en periodista, ser independiente, ser libre, evolucionar en un entorno culto, abierto, hacerme rica yo también, quién sabe. El desayuno va sobre ruedas, desempeño mi papel a la perfección, veo que están satisfechos conmigo, ya tengo en mente mi programa: limpiar la casa rápidamente y después salir y provocar un encuentro con alguna de las otras au pairs. Cualquiera de ellas, necesito socializar, encontrar a alguien que se parezca a mí, alguien en quien confiar, que me entienda, tan solo alguien que esté presente de vez en cuando si lo necesito.

Monica se ha ido a llevar a los niños y su clase de gimnasia no se ha cancelado, puesto que estoy sola en casa. Después de ordenar, doblar, limpiar y respirar el olor agresivo de los productos de limpieza, prueba fehaciente de que todo está limpio, salgo a dar un paseo por la urbanización. Aunque parece que todo el mundo está ocupado, terminaré por encontrar a alguien, estoy dispuesta a esperar, a hacer varias idas y venidas.

Paso por delante de la vivienda de mi vecino favorito: Mitchel. Su casa siempre está tranquila, lo sé porque es la más cercana a la nuestra. Observo poco movimiento, casi nunca oigo la puerta de la entrada, ni tampoco el motor del coche varias veces al día. Sé por James y Monica que trabaja muchísimo. Es arquitecto y tiene su estudio en el centro de Londres. Él y su mujer me fascinan por completo, además de ser accesibles y amables, son brillantes y artistas. Holly pinta, se desplaza con frecuencia a la ciudad para ir a clase. Es de locos, pero todavía no he visto a su au pair ni a su hijo; huelga decir que en este complejo residencial las niñeras son chicas de interior. Se ocupan de la casa y de los críos entre cuatro paredes, mientras que los padres se reservan las actividades y las salidas al exterior. Después de dejar atrás la villa de Mitchel, llego a la casa de la familia de Nela, cuyos jefes son John y Eve. Me parece reconocerla de espaldas, por la larga cabellera morena hasta la cintura y la figura extremadamente delgada. La llamo:

—¡Nela!

Ella se vuelve, pero no termino de reconocerla. La mujer que me mira es de más edad.

—¿Disculpa?

—Oh, disculpe, creí que era usted...

—¿Nela? No, soy Eve, su anfitriona.

No doy crédito.

—¿Conoces bien a Nela? —me pregunta.

—No, solo la he visto una vez, en la barbacoa de James y Monica.

Mi respuesta parece satisfacerla, incluso aliviarla. No me invita a entrar ni a volver más tarde para ver a «mi colega». Se despide y entra en casa. Me ha dejado de piedra. No quiere perder su tiempo ni el de su empleada. Una au pair resulta tan cara... Un puñado de libras, calderilla a cambio de una servidumbre de veinticuatro horas al día. Estoy asqueada, con ganas de volver a llamarla y meterle un sopapo. Los pobres me sacaban de quicio en Bretaña, pero los ricos tampoco es que sean mi rollo, aunque sigo siendo el animal dócil en el que me he convertido aquí. Desando mis pasos y regreso a la caseta.

En mi mesa. El libro de historia económica de Europa del siglo XX es un muermo. Busco en mi diccionario bilingüe algunas palabras y expresiones que he anotado en la habitación de Lewis para saber más sobre su programa. «Founding texts?». Los textos fundacionales de la civilización occidental: la Biblia; la Odisea, de Homero; la Eneida, de Virgilio, y las Metamorfosis, de Ovidio. «The Hermeneutic Bible?». La ciencia de la interpretación de los textos, entre ellos la Biblia. Vaya tela. Me doy cuenta de lo comprimido que es el horario de este niño de diez años. Y luego está el enigmático nombre de su colegio: «Cedar Protestant Education Center». Cedar significa «cedro». El cedro del Líbano es una madera legendaria y sagrada, también llamada «cedro de Dios». Se menciona setenta y siete veces en la Biblia, en particular en boca de Salomón cuando se habla de la construcción de la estructura del templo de Jerusalén. Es un símbolo de pureza y poderío. Junto a la definición, una foto: el árbol tiene la misma silueta gruesa y asombrosamente aérea que el dibujo en tinta negra después de los nombres de Reginald y Eileen White. De modo que Lewis es un alumno aplicado del Centro Protestante de Educación del Cedro, una escuela londinense que imparte exclusivamente conocimientos protestantes y que reivindica una idea de poderío y pureza.