El secreto de la librera Capítulo 23
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Capítulo 23

Helen ya había conocido el miedo antes. Eran viejos amigos, y creía comprenderlo.

Con el paso de los años, había aprendido a usar el miedo causado por los actos de los demás.

A utilizarlo en beneficio de sus necesidades y deseos.

Pero esto era distinto. No podía moverse, se le secó la boca, tenía la respiración entrecortada y no era capaz de reaccionar.

A medida que la luz del exterior se desvanecía, la ventana empezó a reflejar el interior de la tienda.

Al principio era borroso, pero se definió conforme pasaban los minutos.

¿Qué esperaba que apareciera tras ella? ¿El cuerpo de Reginald Taylor yaciendo al pie de la escalera? ¿De verdad creía que la casa estaba encantada?

Cuando no se formó ninguna aparición fantasmagórica, cuando el silencio se instauró, se giró muy muy lentamente y miró fijamente al otro lado de la tienda.

No había encendido las luces y las farolas iluminaban el espacio creando matices y sombras por las estanterías, en los huecos que quedaban entre los libros, oscureciendo las esquinas para concebir espacios en los que esconderse.

Estaba siendo ridícula. Parecía lógico cerrar la puerta principal con llave y bajar las persianas. Dejar lo que asusta fuera o encerrarlo dentro. Ya no estaba segura de nada.

Cuando encendió las luces, estaba temblando. Se había saltado tanto el desayuno como el almuerzo estúpidamente. Era probable que su índice glucémico estuviera por los suelos. No era de extrañar que estuviera tan nerviosa, propensa a la paranoia y aún más dada a imaginar lo peor.

Dejó las luces encendidas a su paso y se dirigió a la cocina, sacó otra de las comidas preparadas, agujereó el plástico con un cuchillo y la metió en el microondas.

Llenó un vaso de agua y se lo bebió mientras esperaba a que la comida se calentara, después volvió a llenarlo.

Hambre y deshidratación: no sabía que era tan desastrosa.

Cuando los golpes volvieron a sonar, se dio la vuelta. La noche anterior pensó que venían de la cocina. Había sido Zander con la historia de la muerte trágica del anterior propietario lo que le hizo pensar que procedía del hueco de la escalera.

Zander.

Helen ya sabía que la ira era un antídoto contra el miedo. Le recorrió todo el cuerpo. Agarró con fuerza el cuchillo que aún sostenía y lo clavó en la puerta del armario con tal fuerza que quedó allí colgando, como un dramático testimonio de la emoción que la embargaba.

Se preguntó hasta dónde estarían dispuestos a llegar los dos hombres para conseguir lo que querían. Ahora lo veía más claro. Harían cualquier cosa.

—Bastardos —susurró mientras abría el microondas para coger su comida.

Ya no tenía apetito, pero necesitaba comer. Estar débil y frágil no la ayudaría a ganar esta batalla.

El primer paso fue aceptar que era una pelea.

Podía descartar cualquier idea irracional de que la casa estaba encantada y dejar de lado su preocupación por estar paranoica.

Esos gemelos infames le habían trastornado la cabeza.

Quizá debería haberles dicho que el último hombre que se metió con ella acabó muy pero que muy muerto.