El secreto de la Catedral Fortaleza Capítulo 70 Antes de la respuesta
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Capítulo 70 Antes de la respuesta

La pregunta de la monja seguía suspendida en el aire.

"¿Está dispuesto a llevar esa carga, señor Oliver Roth?"

Por primera vez desde que llegó a Almería, Oliver sintió que no estaba buscando una respuesta.

Era él quien tenía que darla.

Bajó la mirada hacia el empedrado del patio.

Todo había ocurrido demasiado deprisa.

Las historias que parecían unir siglos distintos como si nunca hubieran estado separados.

Y ahora aquello.

No era una invitación.

Era una decisión para el resto de su vida.

Respiró hondo.

—Necesito entender una cosa.

La monja no respondió.

Esperó.

—Si acepto...

Le costó terminar la frase.

—...¿mi vida cambia?

Fue Pascual quien habló.

—Sí.

Una única palabra.

Sin rodeos.

Oliver levantó la vista.

—Tengo mi trabajo en Madrid.

—Lo sabemos.

—Mi oficina está allí.

La monja asintió.

—También lo sabemos.

El arquitecto guardó silencio.

Pensó en su piso.

En una vida que, apenas unas semanas antes, le parecía perfectamente ordenada.

Después recordó otra cosa.

La Rambla.

El Cable Inglés.

La Alcazaba.

Las calles estrechas del casco antiguo.

La tranquilidad inesperada de aquel claustro.

Sonrió casi sin darse cuenta.

—Lo curioso es que...

Miró alrededor.

—Cada día que pasa siento esta ciudad un poco más mía.

Pascual y la monja cruzaron una breve mirada.

Ninguno interrumpió aquel pensamiento.

Oliver continuó.

—No me importaría vivir aquí.

Se hizo un nuevo silencio.

La monja habló despacio.

—Eso no significa que deba hacerlo.

Aquella respuesta lo sorprendió.

—¿No?

Ella negó.

—No elegimos Almería porque sea cómoda.

Miró hacia el patio.

—La elegimos porque aquí está tu camino.

Oliver volvió a escuchar aquellas palabras.

Tu camino.

Llevaba días oyéndolas.

Ahora empezaban a tener otro peso.

Respiró profundamente.

—Hay algo que no entiendo.

La monja lo observó con atención.

—Dígame.

—Llevo días escuchando hablar del secreto.

Hizo una pausa.

—Y sigo sin saber cuál es.

La religiosa asintió.

—Es cierto.

Oliver frunció el ceño.

—¿Cómo quieren que acepte algo que ni siquiera conozco?

La respuesta llegó con absoluta serenidad.

—Porque esa es la última prueba.

El arquitecto permaneció inmóvil.

Ella continuó.

—Si primero conocieras el secreto...

Hizo una pausa.

—Elegirías por él.

Otra pausa.

—Nosotros necesitamos saber si eres capaz de elegir por tu palabra.

Aquellas frases golpearon a Oliver mucho más de lo que esperaba.

Comprendió que no intentaban convencerlo.

Estaban comprobando quién era.

Pascual habló con voz tranquila.

—Yo tampoco conocí toda la verdad antes de aceptar.

Oliver lo miró sorprendido.

—¿Usted tampoco?

El anciano negó despacio.

—Mi antecesor me hizo exactamente la misma pregunta.

Sonrió apenas un instante.

—Y tuve el mismo miedo que tienes tú ahora.

Oliver sintió cómo el corazón le latía con fuerza.

Miró una vez más el claustro.

La iglesia.

Las galerías.

El jardín del centro.

Todo parecía haber esperado siglos para llegar a aquel instante.

Cerró los ojos unos segundos.

Cuando volvió a abrirlos, ya no miraba un convento.

Miraba el lugar donde su vida podía dividirse en dos.

La monja dio un paso hacia él.

No habló.

Esperó.

La decisión ya no pertenecía al pasado.

Ni a Pascual.

Ni siquiera a ella.

Pertenecía únicamente a Oliver.

Y comprendió que la siguiente palabra que pronunciara decidiría si Almería sería solo una ciudad que había visitado...

O el lugar donde comenzaría el resto de su historia.