El secreto de la Catedral Fortaleza Capítulo 69 La cadena
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Capítulo 69 La cadena

El claustro volvió a quedar en silencio.

La monja permanecía de pie.

Pascual seguía mirando fijamente a Oliver.

Oliver esperaba una respuesta.

En lugar de eso, recibió una historia.

—Hace mucho tiempo —comenzó la religiosa—, alguien comprendió que había una verdad que no debía desaparecer.

Hizo una pausa.

—No creó una orden.

—No escribió unas reglas.

—Hizo algo mucho más sencillo.

Miró a Oliver.

—Se la confió a otra persona.

El arquitecto escuchaba sin apartar la vista de ella.

—Desde entonces ha existido una cadena.

Miro a Pascual.

—Siglo tras siglo.

—Un guardián entrega el relevo al siguiente.

Pascual habló por primera vez.

—Y ninguno ha conocido a todos los que vinieron antes.

Oliver frunció el ceño.

—¿Cuántos han sido?

La monja sonrió.

—No lo sabemos.

—Sabemos que la cadena nunca se rompió.

Guardó unos segundos de silencio.

—Han sido hombres.

—Han sido mujeres.

—Ha habido canteros.

—Escribanos.

—Marineros.

—Religiosas.

—Y personas que nadie habría imaginado capaces de guardar una carga semejante.

Pascual levantó lentamente la vista.

—Yo solo soy uno más.

Aquella frase quedó suspendida en el aire.

Oliver tardó unos segundos en reaccionar.

—Entonces usted es un eslabón más de todo esto.

El anciano miro a los ojos a Oliver.

—Ni seré el último.

La monja continuó.

—Algunas veces el relevo pasó de padres a hijos.

—Otras veces no.

Miró a Pascual.

—Él no tiene descendencia.

El anciano bajó la mirada.

—Por eso está usted aquí.

Oliver permanecía inmóvil.

—No puede ser tan sencillo.

La religiosa respondió con serenidad.

—No lo es.

Dio un paso hacia él.

—La noche de la tormenta no fue un accidente.

Oliver recordó la lluvia.

La grieta.

La llamada para supervisar las obras.

—Aquella noche fue la puerta.

—Sí.

La monja sostuvo su mirada.

—La excusa para que usted viniera a Almería.

Oliver negó lentamente con la cabeza.

—¿Quiere decir que todo estaba preparado?

Ella negó.

—No.

—Ella decide cuándo.

Otra pausa.

—Cómo.

Y, finalmente, añadió:

—Y quién.

Oliver volvió a escuchar aquel pronombre.

"Ella."

Llevaba días oyéndolo.

Seguía sin ponerle un rostro.

—¿Y si hubiera rechazado venir?

Pascual respondió antes que la monja.

—Habría venido otro.

El arquitecto permaneció callado.

Aquella respuesta le impresionó más que cualquier otra.

No era imprescindible.

Era elegido.

La monja retomó la palabra.

—Si acepta este camino, habrá tres obligaciones que lo acompañarán hasta el último día de su vida.

Levantó un dedo.

—Guardar el secreto.

Levantó un segundo.

—Protegerlo.

Y, finalmente, un tercero.

—Entregarlo cuando llegue el momento.

El silencio volvió a envolver el claustro.

Oliver observó el jardín.

Los muros que llevaban siglos viendo pasar generaciones enteras.

—¿Y si algún día quiero contarlo?

La respuesta llegó sin dureza.

—Entonces no habrá entendido lo que significa custodiarlo.

Pascual respiró despacio.

—Un guardián no posee el secreto.

Hizo una pausa.

—El secreto lo posee a él.

Oliver sintió un escalofrío.

Por primera vez comprendió que ya no le estaban proponiendo resolver un misterio.

Le estaban ofreciendo una vida distinta.

La monja dio el último paso.

Se detuvo frente a él.

Su voz apenas fue un susurro.

—Señor Oliver Roth...

¿está dispuesto a llevar esa carga?