El secreto de la Catedral Fortaleza Capítulo 58 Lo que escuchó Teresa
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Capítulo 58 Lo que escuchó Teresa

La mañana siguiente amaneció despejada.

Oliver había vuelto a desayunar en la cafetería del Hotel Almería, pero aquella vez Don Pascual no apareció.

Por primera vez desde que empezó todo, sintió un extraño vacío.

Miró el móvil.

Ninguna llamada.

Ningún mensaje.

Cuando salió del hotel decidió caminar sin rumbo fijo hasta la Puerta de Purchena.

Allí la vio.

Teresa levantó la mano al reconocerlo.

—Te iba a llamar Oliver.

Oliver sonrió.

—Pensaba llamarte luego.

Ella negó con la cabeza.

—Tengo que contarte algo.

Su tono hizo que la sonrisa desapareciera.

Se sentaron en un banco, lejos del paso de la gente.

Teresa respiró hondo antes de empezar.

—Ayer pasé por la Plaza de la Catedral.

Oliver la miró con atención.

—¿Y?

—Escuché una conversación.

—¿De quién?

—Del párroco y de la inspectora.

Oliver frunció el ceño.

—¿Te vieron?

—No.

Negó despacio.

—Estaban hablando junto a la puerta lateral. Yo me quedé disimulando.

Oliver esperó.

—Preguntaban por ti.

Aquellas tres palabras bastaron para tensar el ambiente.

—¿Qué dijeron?

—Que sigues vigilado.

Oliver bajó la mirada.

—Eso ya lo imaginaba.

—Sí.

Teresa hizo una pausa.

—Pero después hablaron de Pascual.

Oliver levantó la vista inmediatamente.

—¿Qué pasa con él?

—La inspectora dijo que llevan varios días siguiéndoos.?

—Sí.

Sacó el móvil como si necesitara recordar cada detalle.

—Comentó que os ha visto salir del Hotel Almería, pasear por la Rambla, ir a Campoamor y volver por el casco histórico.

Oliver permanecía inmóvil.

—Eso no es lo raro.

Teresa negó con la cabeza.

—No.

Respiró hondo.

—Lo raro es lo que dijo después.

Hizo una pausa.

—Dijo que siempre es Pascual quien decide por dónde camináis.

Oliver tardó unos segundos en responder.

Siempre había sido Pascual quien cambiaba de dirección.

Siempre parecía saber adónde ir.

—No me había dado cuenta.

Teresa lo observó unos segundos.

—Yo tampoco.

Hasta ayer.

El arquitecto apoyó los codos sobre las rodillas.

—¿Y el párroco qué dijo?

—Solo una frase.

Guardó silencio unos instantes.

—Dijo que Pascual nunca había sido un hombre de hablar demasiado.

Oliver dejó escapar una pequeña risa.

—Pues conmigo no para.

Teresa no sonrió.

—Precisamente por eso me preocupa.

El bullicio de la Puerta de Purchena parecía quedar lejos.

Durante unos segundos ninguno habló.

Entonces Oliver recordó otra cosa.

—¿Sabes qué es lo extraño?

—¿Qué?

—Nunca le he dicho dónde voy a estar al día siguiente.

Teresa lo miraba fijamente.

—Y aun así siempre te encuentra.

Oliver levantó lentamente la vista.

Por primera vez empezó a preguntarse si Don Pascual no solo conocía la ciudad.

Quizá llevaba mucho tiempo conociendo el camino antes de que él empezara a recorrerlo.

Y aquella idea resultaba mucho más inquietante que cualquier historia sobre templarios.