El secreto de la Catedral Fortaleza Capítulo 48 La Ciudad Desde Arriba
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Capítulo 48 La Ciudad Desde Arriba

Teresa decidió romper el silencio.

—Ya que no podemos entrar en la Catedral... voy a enseñarte un lugar.

Oliver la miró sin entender.

—Acuérdate que la policía me vigila.

Ella sonrió.

Subieron por las calles hasta la entrada de la Alcazaba. El sol ya calentaba la piedra y el viento arrastraba el olor del mar hasta las murallas.

Oliver levantó la vista.

—Impresiona más de cerca.

—Y eso que todavía no has visto lo importante.

Atravesaron el primer recinto entre jardines. Teresa caminaba despacio, como si no quisiera enseñar un monumento, sino una parte de su propia memoria.

—La Alcazaba nació en el año 955, cuando Abderramán III decidió fundar Almería como ciudad fortificada. La ciudad y esta fortaleza crecieron juntas

Oliver pasó la mano por un muro de tapial.

—Curioso.

—¿Qué?

—La alcazaba intenta parecer eterna.

Golpeó suavemente la tierra compactada de la muralla.

—Esto no intenta parecerlo.

Teresa sonrió.

—Porque fue construido para sobrevivir, no para impresionar.

Continuaron ascendiendo hasta el tercer recinto.

Allí el paisaje cambiaba.

Las torres redondas, los gruesos muros de sillería y el patio de armas anunciaban otra época.

—Esto ya no es musulmán —dijo Oliver.

—No.

—Es cristiano.

—Los Reyes Católicos levantaron este castillo después de conquistar la ciudad en 1489. No destruyeron la Alcazaba. Construyeron otra fortaleza dentro de ella.

Oliver permaneció unos segundos observando las uniones entre ambos mundos.

—Otra vez.

Teresa lo miró.

—¿Otra vez qué?

—Otra civilización construyendo sobre la anterior.

Ella no respondió.

Sabía que aquella idea empezaba a repetirse demasiado para ser casualidad.

Llegaron hasta la Torre de la Pólvora.

Dos antiguos cañones defendían la alcazaba.

El Mediterráneo brillaba bajo el sol.

A lo lejos, una silueta blanca avanzaba lentamente.

Teresa señaló el horizonte.

—Mira.

Oliver siguió la dirección de su dedo.

—El barco de Melilla.

—Lleva haciendo ese recorrido toda la vida. Cuando era pequeña me fascinaba pensar que desde aquí alguien podía verlo llegar horas antes que el resto de la ciudad.

Oliver observó los cañones.

—¿Llegaron a disparar?

—Sí. Pero lo más curioso no está aquí.

Continuaron unos metros hasta un mirador desde donde la ciudad se abría por completo.

La Alcazaba dominaba el casco histórico.

La Catedral sobresalía entre los tejados.

Más allá aparecía el puerto.

Y el ferry seguía acercándose lentamente.

Oliver permaneció mirando el mar.

—Entonces la ciudad hablaba con el horizonte.

—Exactamente.

Hubo un silencio largo.

El viento recorrió las murallas.

Entonces Oliver empezó a observar otra cosa.

No miraba el paisaje.

Miraba las distancias.

—¿Qué haces?

—Midiendo.

Teresa soltó una pequeña risa.

—¿Sin plano?

—En mi cabeza.

Señaló primero la Alcazaba.

Luego la Catedral.

Después el puerto.

—No están colocados al azar.

—Claro que no.

—Desde aquí se controla la ciudad entera.

Teresa asintió.

—Por eso la Alcazaba nunca fue solo un castillo.

Oliver siguió hablando para sí mismo.

—Es una ciudad observando otra ciudad.

Entonces recordó algo.

Las palabras de Pascual.

"Las ciudades esconden cosas."