El secreto de la Catedral Fortaleza Capítulo 25 La Cruz en la Torre
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Capítulo 25 La Cruz en la Torre

El coche quedó estacionado sobre la arena, la Torre del Vigía de Torregarcía se recortaba contra el cielo estrellado, solitaria, vigilante como un centinela antiguo. La brisa traía un aroma salino y húmedo, mezclado con la fragancia de las plantas bajas del Cabo de Gata.

Teresa descendió primero, con los pasos firmes sobre la arena fría.

Oliver se acercó, examinando el zócalo de piedra. Efectivamente, una placa cerámica azul y blanca mostraba la imagen de la Virgen con la inscripción que relataba cómo Andrés de Jaén había hallado la imagen en el mar, cinco siglos atrás.

—Todo esto… —susurró Oliver—, y seguimos buscando en la torre.

Teresa asintió, señalando la escalera de acceso.

—La escalera metálica que ves es permanente, y aunque el cartel indique “prohibido el paso”, podemos usarla con cuidado. Es la única manera de llegar arriba.

Subieron por la escalera, el aire se volvió más frío y húmedo conforme ganaban altura.

Los muros de piedra, reforzados y repellados, contaban la historia de siglos de defensas costeras, reconstrucciones y vigilancia sobre el mar.

Oliver notaba cada grieta, cada huella de los antiguos torreros que custodiaban la costa.

Al llegar al nivel superior, entraron dentro de la torre a través de una pequeña puerta, la luz de la linterna del móvil de Teresa reveló el interior de la torre, se imaginaron al vigía y en sus manos la imagen de la virgen, iluminaron los muros del interior de la torre y apareció algo que les hizo detenerse.

Una cruz de San Jorge tallada en piedra, con una flor de lis en el centro, exactamente igual a la que habían visto en la grieta de la Catedral.

Oliver se acercó, apoyando la palma de su mano sobre la piedra.

—Es la misma simbología —murmuró—. Esto no puede ser coincidencia. La Catedral y la torre… están conectadas.

Teresa examinó con cuidado el grabado, tomando nota en su cuaderno.

—La cruz indica que alguien quiso dejar un mensaje. Tal vez los antiguos constructores, o quienes custodiaron la torre, sabían que la Catedral sería un punto clave de vigilancia y protección.

El viento azotaba la torre, haciendo que el sonido del mar llegara en ráfagas. Abajo, la arena brillaba levemente con la luz de la luna. Oliver y Teresa intercambiaron una mirada: cada descubrimiento parecía acercarlos más a un secreto que trascendía la historia conocida.

—Tenemos que explorar más —dijo Teresa, con un hilo de emoción en la voz—. Si las campanas tenían razón, algo más nos espera aquí.

Oliver asintió, consciente de que aquel hallazgo no solo reforzaba la conexión entre la Catedral y la torre, sino que también abría una nueva puerta a los misterios que la tierra de Almería había guardado durante siglos.

Mientras permanecían junto a la cruz, el murmullo del mar y el silbido del viento parecían susurrarles que no estaban solos, y que cada símbolo, cada inscripción, era una pieza de un rompecabezas que apenas comenzaban a comprender.