Capítulo 21 El Secreto de la Torre
Esa noche, la Catedral permanecía en silencio, apenas rota por los ecos metálicos de los andamios al moverse con el viento.
Teresa llegó con paso firme, llevando su bolso apretado contra el pecho como si guardara un tesoro.
Oliver la esperaba en el altar principal, aún con polvo en la chaqueta tras haber revisado el apuntalamiento del muro.
—Tenía que enseñarte esto —dijo Teresa, sacando su libreta. La abrió con cuidado y le mostró una cita copiada con letra nerviosa: “En la torre del norte se halla un misterio guardado en sombra.”
Oliver frunció el ceño y tomó asiento, como si necesitara procesar cada palabra.
—¿Dónde encontraste eso?
—En un manuscrito del siglo XVII, en la Biblioteca Villaespesa —explicó ella—. No es parte del texto principal, sino una nota al margen, escrita por un cronista desconocido. Puede parecer insignificante, pero…
Oliver se pasó la mano por la frente, pensativo.
—La grieta sigue una línea hacia el norte, justo en dirección a la torre. —Se inclinó sobre el dibujo que llevaba en su cuaderno y trazó una línea recta—. Si lo que dices es cierto, la torre no solo sostiene peso. Guarda algo más.
Teresa lo miró con intensidad.
—¿Y si lo que está cediendo no es solo la piedra, sino un pasadizo oculto? El cronista hablaba de un “misterio”.
Oliver asintió lentamente.
—De ser así, alguien ya lo sabía… y prefirió callar.
En ese momento, un crujido proveniente del pasillo los sobresaltó. Ambos se giraron. Durante unos segundos no vieron nada, hasta que un movimiento sutil los alertó: don Pascual, el jardinero, se alejaba despacio, con las manos en los bolsillos.
Teresa susurró, con la voz tensa:
—Él lo sabe. Estoy segura.
Oliver cerró la libreta de golpe.
—Entonces tenemos que adelantarnos. Mañana mismo revisaremos la torre norte. Si hay algo escondido allí, no podemos esperar a que otros lo decidan por nosotros.
Teresa asintió, aunque en su interior una duda persistía: ¿qué pasaría si ese misterio no estaba destinado a ser descubierto?