Capítulo 19 Entre Estanterías
La tarde se deslizó lenta entre el polvo y el eco metálico de los andamios en la Catedral.
Teresa, consciente de que la parte técnica ya estaba en marcha, decidió que su papel debía ser otro.
Tomó su bolso y se dirigió a la Biblioteca Pública Francisco Villaespesa, un edificio imponente en pleno centro de Almería.
El inmueble, de fachada clara y líneas neoclásicas, había sido remodelado en varias ocasiones, pero aún conservaba la elegancia de sus orígenes.
Amplios ventanales dejaban entrar la luz que se filtraba hasta el vestíbulo.
Al traspasar las puertas, Teresa percibió ese olor característico de papel antiguo y madera encerada.
Se dirigió a la sala de investigación, en la segunda planta, donde los techos altos y las mesas largas de madera invitaban al estudio silencioso. A su alrededor, estudiantes consultaban manuales de derecho y opositores repasaban apuntes, ajenos a lo que ella buscaba.
Se sentó frente a un ordenador de consulta y escribió en el buscador: Catedral de la Encarnación de Almería, grietas, historia, archivos. Los resultados iniciales no arrojaron nada reciente. Cambió de estrategia y pidió ayuda al bibliotecario, un hombre de cabello blanco y gafas de montura fina.
—Estoy investigando sobre la Catedral —explicó—. ¿Tienen documentos históricos, algo más allá de las guías turísticas?
El hombre con paciencia la condujo hasta una sección reservada. Allí, detrás de una vitrina, reposaban varios volúmenes encuadernados en cuero: crónicas del siglo XVII y XVIII sobre las obras de restauración tras terremotos pasados.
—Este, por ejemplo —dijo el bibliotecario, señalando un tomo con letras doradas—, describe reparaciones tras el seísmo de 1522. La Catedral siempre ha tenido que luchar contra la tierra.
Teresa lo abrió con cuidado. Las páginas, amarillentas, relataban grietas y desplomes que obligaron a reforzar muros y levantar contrafuertes. Pero lo que más llamó su atención fue un apunte marginal, escrito a mano por un cronista anónimo:
"En la torre del norte se halla un misterio guardado en sombra."
Teresa alzó la vista. Ese comentario parecía escrito para ella, como si un testigo del pasado confirmara que la torre del homenaje escondía algo más que piedra y geometría.
Anotó la cita en su libreta, con el pulso acelerado. Afuera, la ciudad seguía con su ritmo de tráfico y cafés, pero en aquella sala silenciosa Teresa sentía que se había abierto una puerta al pasado.
Al salir de la biblioteca, guardó sus notas con cuidado. Esa noche, debía compartirlas con Oliver. Quizá, pensó, la grieta no fuese solo una amenaza estructural, sino también un recordatorio de que la Catedral tenía secretos que preferían permanecer ocultos.