El secreto de la Catedral Fortaleza Capítulo 17 La Reunión
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Capítulo 17 La Reunión

A las ocho y diez de la mañana, Oliver llegó al despacho parroquial. Allí ya esperaban dos ingenieros con planos desplegados sobre una mesa. La atmósfera era tensa: el párroco, de pie junto a la ventana, miraba el reloj cada pocos segundos.

—Debería haber estado aquí hace diez minutos —murmuró el párroco, sin apartar la vista del exterior.

Oliver notó la incomodidad. Los ingenieros se cruzaron miradas discretas, como si tampoco quisieran ser los primeros en hablar.

—Lamento la tardanza, padre —dijo mientras dejaba caer una carpeta sobre la mesa—. La situación de ayer fue más complicada de lo previsto.

—No me interesa su excusa —cortó el párroco con voz seca—. Aquí estamos para hablar de soluciones, no de problemas.

El silencio fue pesado durante unos segundos. Oliver lo rompió suavemente.

—Quizá podríamos escuchar primero a los ingenieros.

Uno de ellos, de traje oscuro y mirada calculadora, señaló los planos.

—La primera opción es apuntalar la zona afectada y con acero. Es rápido, pero costoso, y habría que cerrar el acceso durante semanas.

El segundo ingeniero, de tono más pausado, negó con la cabeza.

—Esa solución es temporal. Si queremos algo duradero, deberíamos excavar alrededor y redistribuir el peso de los muros. Será más lento, pero garantiza estabilidad.

El arquitecto, ya más sereno, intervino:

—Ambas propuestas son válidas, pero debemos ser realistas: el estado del subsuelo no es el que pensábamos.

El párroco entrelazó las manos, visiblemente molesto.

—Entonces, ¿qué me están diciendo? ¿Que nada de lo que hablamos hasta ahora sirve?

—Que necesitamos más tiempo y una revisión profunda —respondió el arquitecto—. Si no lo hacemos bien, todo lo demás será en vano.

El párroco suspiró con frustración, golpeando suavemente la mesa con los nudillos.

—Tiempo es lo que no tenemos. Pero hágase como ustedes dicen.

El ambiente quedó cargado. Oliver percibió que, aunque habían tomado una decisión, bajo la superficie todos sabían que aún había demasiados interrogantes sin respuesta.