Capítulo 15 Preocupaciones Cruzadas
El Informe del Guardián
La fachada de calma del jardinero había desaparecido. Don Pascual se dirigió al despacho del Párroco Mayor con movimientos tensos y rápidos. Don Fernando estaba repasando documentos sobre el coste de las reparaciones, su rostro pálido por la falta de sueño.
—Pascual, justo iba a llamarte —dijo Don Fernando, ansioso—. ¿Has visto al arquitecto?
Pascual se detuvo en el umbral, sin entrar del todo, manteniendo la distancia formal que separaba sus dos mundos.
—El señor Roth y la señorita Sanz estuvieron en el Santuario de la Virgen del Mar hasta hace poco, Padre.
—¡Es insensato! Me preocupa que no se concentre en lo importante. Mañana vienen los ingenieros. Necesitamos tener un informe claro para dar garantías a la Diócesis. Él está aquí para solucionar un problema, no para buscar historias.
Un Propósito Común
Pascual asintió, aunque por razones muy distintas, su urgencia coincidía con la del Párroco.
—Comparto su intranquilidad, Padre. El arquitecto debe dedicarse a sellar la herida lo antes posible. Si el agua sigue entrando, las fisuras se harán más grandes.
—Exacto —continuó Don Fernando, moviéndose con nerviosismo—. Necesitamos que ese hombre se concentre. Que haga su trabajo y se marche. Cuanto más tarden en reparar el daño, más riesgo corremos de que se repita o que se haga público.
Pascual le lanzó una última advertencia, sutil pero cargada de peso.
—Usted y yo queremos lo mismo, Padre: que la paz regrese a nuestra catedral. Y la única manera es que se solucione el problema.
El jardinero se retiró en silencio, dejando a Don Fernando con una sensación de alianza inesperada y de urgencia extrema. El Párroco marcó el número de teléfono de Oliver Roth.
El móvil de Oliver sonó justo cuando se dirigía al Gran Hotel Almería.
—Arquitecto Roth —la voz de Don Fernando era fría y autoritaria—. Solo llamo para notificarle que debe tener listo su informe de estabilidad a primera hora de mañana. No quiero excusas. Los ingenieros llegan a las ocho.
Don Fernando colgó sin esperar respuesta. Oliver miró el teléfono. El ultimátum era claro: tenía hasta el amanecer.