El secreto de la Catedral Fortaleza Capítulo 14 El Santuario
19%

Capítulo 14 El Santuario

El camino desde el puerto hasta el centro histórico fue rápido. El murmullo de la ciudad se fue transformando en un rumor más recogido, hasta que se detuvieron frente a la fachada barroca del Santuario de la Virgen del Mar, con sus columnas salomónicas y su frontón partido.

—Aquí está —dijo Teresa con cierto orgullo—. El antiguo convento de Santo Domingo, hoy Santuario de la Patrona.

Oliver se detuvo unos segundos observando la portada.

—Interesante… la ornamentación barroca, pero integrada en un edificio con un aire todavía conventual. No busca impresionar con altura, sino con cercanía.

Entraron. El silencio del templo se impuso sobre el bullicio de la calle. El aroma a cera y a incienso flotaba en el aire. El interior, de nave única con capillas laterales, estaba iluminado por la luz que se filtraba suavemente por las ventanas altas.

Al fondo, sobre el retablo mayor, destacaba la imagen de la Virgen del Mar en su camarín, vestida con ricos mantos y rodeada de flores.

Oliver se detuvo, casi sin querer, frente al altar.

—Así que esta es la talla que encontraron en la playa… —murmuró, como si hablara para sí.

Teresa asintió, bajando la voz.

—La tradición dice que fue en 1502, en la playa de Torregarcía. Un vigía vio que el mar arrojaba un objeto. Era esta Virgen. Desde entonces, su historia se unió a la de la ciudad. Primero se trajo aquí, al convento dominico, y poco después fue proclamada Patrona de Almería.

—Curioso… —Oliver recorrió con la vista las líneas del camarín, deteniéndose en los detalles de la talla—. Arquitectónicamente el espacio se ha diseñado para concentrar toda la mirada en la imagen. Es casi un mecanismo de atracción visual.

—Y también de devoción —añadió Teresa—. Piense que cada año, el último domingo de agosto, se celebra la feria de Almería en honor de la Virgen del Mar y su romería al comenzar el año, es el corazón de la ciudad.

Oliver permaneció callado un instante, como si las palabras de Teresa y la presencia de la talla se mezclaran en un mismo pensamiento.

—Una figura arrojada por el mar… un culto que nace de lo inesperado… y un santuario que lo perpetúa. Podría leerse como símbolo de continuidad: lo que trae el agua se convierte en raíz.

Teresa sonrió, complacida por la forma en que él lo interpretaba.

—Exacto. Y fíjese en la paradoja: mientras el mar arranca cosas, también entrega. A veces lo que parece pérdida, es hallazgo.

Oliver volvió a mirar a la Virgen.

—Y si uno lo conecta con lo que hablábamos en el Cable Inglés, sobre María Magdalena… —hizo una pausa—, la idea de que estas costas pudieran haber recibido también a figuras del cristianismo primitivo… adquiere otra dimensión.

Teresa lo miró con complicidad.

—La historia oficial dice una cosa. Las leyendas y los símbolos, otra. Pero ambos están aquí, entre las piedras y la fe.

El silencio volvió a envolverlos, roto solo por el chisporroteo de unas velas encendidas en la capilla lateral.