El secreto de la Catedral Fortaleza Capítulo 11 La Intriga
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Capítulo 11 La Intriga

A la mañana siguiente, las palabras de Don Pascual seguían resonando en la cabeza de Oliver Roth con la insistencia de un plano mal dibujado.

“Aquí solo está enterrado el amor… y el amor no necesita que lo excaven.” Para un hombre de ciencia, la frase era una burla mística; pero para el cazador de patrones, era una contradicción insoportable con la Cruz de San Jorge y la flor de lis que había visto.

Oliver encontró a Pascual en el Claustro, regando las macetas de geranios. El jardinero se movía con la calma de quien domina su territorio.

Oliver se acercó, sin rodeos.

—Don Pascual —saludó Oliver—. No he podido quitarme de la cabeza sus palabras. ¿Qué quiso decir con que no destrozara la paz? Y, más importante, ¿qué significa que solo está enterrado el amor?

Pascual, sin dejar de regar, levantó sus ojos grises y penetrantes.

—Usted es arquitecto, señor Roth. Usted ve la piedra como estructura. Yo la veo como memoria. La piedra de esa Catedral ha sido testigo de siglos de fuego y sangre. ¿Cree que el mayor secreto que podía guardar la fortaleza iba a ser una simple estrategia militar?

—Vi el sello —replicó Oliver, bajando la voz—. Vi la firma de una orden que protegía algo. ¿Es el amor el código que usaron para esconder esa verdad?

Pascual dejó la regadera en el suelo, el sonido metálico resonó en el patio vacío. Se volvió hacia Oliver con una expresión de profunda tristeza.

—La fortaleza no fue construida solo para resistir. Fue construida para resistir la verdad. El hombre es débil, y cuando no entiende algo, lo destruye. Lo que hay ahí abajo fue sellado con una mentira dulce para que nadie sintiera la tentación de abrirlo. ¿Le parece poca defensa un corazón roto?

Oliver sintió la frustración de la ambigüedad. El jardinero era un guardián de la fe, pero de una fe diferente a la del Párroco.

—¿qué es? —insistió Oliver—. Diga solo la verdad que usted conoce.

Pascual miró a Oliver con intensidad y murmuró:

—Lo que la piedra quiere callar, es mejor que el hombre no lo pregunte. Su trabajo es cerrar la herida, no abrirla. Si la repara sin preguntar, la paz regresa. Si excava el origen, usted se encontrará con algo que no puede comprender, y no tendrá vuelta atrás.

El jardinero cambió bruscamente de tema, volviendo a la preocupación que lo unía a Don Fernando, aunque con un trasfondo mucho más profundo.

—Hablando de reparaciones, señor Roth. ¿Cuándo empezarán las obras? El Padre Don Fernando parece muy inquieto. Y dígame, con su experiencia, ¿cree que ese daño en el muro es un suceso aislado o es algo que podría repetirse en el futuro?

Oliver, aún absorto en la advertencia, se obligó a responder con profesionalidad.

—El Párroco me ha informado que mañana mismo vendrá un equipo para la evaluación final.

Las reparaciones serán inmediatas. Y respondiendo a su pregunta: un impacto de rayo como este es raro, pero la humedad recurrente en la base es un riesgo.

Si el relleno de ese muro no se estabiliza, el daño estructural podría repetirse. Es un punto débil.

Pascual asintió. No por la respuesta técnica, sino por la confirmación de la vulnerabilidad.

—Un punto débil... —repitió con una mezcla de fatalidad y determinación—. Pues tendrá que sellarlo bien, arquitecto. Muy bien.

El jardinero tomó su azada y se alejó, dejando a Oliver con la certeza de que Pascual era el único que sabía exactamente qué estaba en juego.