El secreto de la Catedral (El secreto de la Catedral de Burgos: Tomo V) BLOQUE 3
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Elena colocó sobre la mesa una fotografía de la cubierta de C12/4.

Velasco dejó de mirar las carpetas y se inclinó ligeramente.

La imagen mostraba el pliegue antiguo y las señales que habían permitido relacionar la unidad con las descripciones de Santillana.

—¿La encontraron? —preguntó.

Elena no respondió de inmediato.

—¿Reconoce la cubierta?

—He visto reproducciones en informes.

—¿Cuáles?

—Los de la investigación archivística. No podría decirle cuál sin revisarlos.

Elena sacó la nota que había acompañado uno de aquellos documentos:

“No descartar sin revisar Santillana. J. V.”

—¿Es su letra?

Julián observó la anotación.

—Podría ser.

—El cotejo pericial señala compatibilidad con muestras atribuidas a usted.

—Compatible no significa que sea mía.

—Correcto.

Elena no pretendió llevar el resultado más allá de sus límites.

La nota seguía sin una atribución definitiva. Pero la cadena de reenvíos y las autorizaciones del despacho demostraban que la cubierta había circulado dentro del proyecto mucho antes del asesinato de Pablo Mena.

Mostró después el informe de Marta Llorente.

—Marta pudo examinar el exterior de la unidad. Su consulta no incluía el contenido de la cubierta. ¿Usted conocía esa limitación?

—Sí. Lo indicaba su informe.

—¿Y por qué siguió financiando la búsqueda?

—Porque necesitábamos saber si contenía la documentación que buscábamos.

Elena colocó otra fotografía.

Esta vez aparecía el interior del Memorial y la escritura atribuida a Hernando de Burgos.

Velasco observó la imagen durante más tiempo.

—¿Confirma la descendencia de Fernando? —preguntó.

Elena no contestó todavía.

—¿Y a Leonor?

El abogado le tocó el brazo.

Julián se recostó en su silla.

La inspectora señaló que aquellas preguntas coincidían con los objetivos históricos expresados en los correos del despacho.

Velasco reconoció que el proyecto había buscado comprobar si la línea de Fernando continuaba y si las relaciones abreviadas habían omitido referencias relevantes para determinadas procedencias.

—¿Sabía que una copia completa podía obligar a revisar informes utilizados por sus clientes? —preguntó Elena.

—Sabía que existía esa posibilidad.

—¿Y quería localizarla antes que otros investigadores?

—Quería cumplir los encargos que había aceptado.

Elena no discutió la legitimidad de ese interés.

La investigación histórica privada podía desarrollarse mediante contratos y consultas autorizadas. Lo que estaban examinando eran las actuaciones ordenadas alrededor de esa búsqueda y su relación con los hechos violentos.

—Buscar el Memorial no era un delito —dijo.

—Exactamente.

—Pero usted autorizó obtener material del despacho de Mena procurando que no quedara vínculo con el proyecto.

—No ordené que lo mataran.

—Su negativa queda registrada. Le estoy preguntando por la obtención de documentos.

Julián miró el correo colocado sobre la mesa.

No añadió una explicación nueva.

Elena regresó a los mensajes de Martín.

La autorización “Adelante” aparecía después de que Navas comunicara que Roldán disponía de su vehículo y sus recorridos. La orden de apartarlo del proyecto había sido emitida por el propio Velasco.

Después del atropello, Julián había ordenado retirar al colaborador y abandonar las líneas utilizadas.

—¿Considera que Navas excedió sus instrucciones? —preguntó Elena.

—Sí.

—¿En qué momento?

—Cuando llevó las cosas a la violencia.

—¿Se lo había prohibido antes?

El abogado intervino para señalar que una persona no tenía que enumerar los delitos que sus colaboradores no podían cometer.

—De acuerdo —respondió Elena—. Entonces le pregunto por el alcance concreto de lo que autorizó después de conocer la preparación.

Julián sostuvo que había buscado apartar a Martín de la investigación y que no había definido el procedimiento.

Elena señaló la respuesta de Navas sobre el vehículo y el recorrido.

—Sin embargo, después de recibir este mensaje no suspendió la actuación. Contestó que siguieran adelante.

—No sabía que lo iban a atropellar.

—Queda registrada su respuesta.

La inspectora no intentó que dijera algo distinto mediante una repetición interminable de la misma pregunta.

La cadena ya estaba incorporada a las actuaciones. La entrevista debía mostrar qué hechos reconocía y dónde situaba él los límites de su participación.

Velasco miró otra vez la fotografía del Memorial.

—¿Van a hacer pública la documentación?

—Su conservación y difusión corresponden a quienes tienen competencia sobre el fondo —respondió Elena—. Mi trabajo es investigar lo que ocurrió alrededor de su búsqueda.

—Puede afectar a mucha gente.

—Eso dependerá del contenido de los documentos y de los usos que se hayan hecho de ellos.

Julián guardó silencio.

Elena volvió a la autorización “Arce / intervención”.

—Después de la muerte de Pablo Mena pudo terminar la relación con Navas.

—El proyecto seguía abierto.

—Y usted decidió mantenerlo.

—Sí.

—Después autorizó el seguimiento de Requena.

—Sí.

—Cuando Martín apareció como contacto, pidió identificarlo.

—Sí.

—Y cuando Navas le informó que Roldán disponía de sus movimientos, autorizó continuar.

Velasco miró a su abogado.

—Ya respondí sobre eso.

Elena asintió.

La declaración había quedado fijada.

No había obtenido una confesión de haber ordenado el homicidio de Mena ni el atropello de Martín. Tampoco podía atribuirle mediante aquella entrevista todos los actos ejecutados por terceros.

Pero había documentado sus propias respuestas respecto de la búsqueda, las autorizaciones y el conocimiento posterior de los resultados.

Velasco reconocía haber orientado las investigaciones históricas.

Aceptaba que había solicitado seguir a Requena y autorizado los gastos asociados.

Admitía la continuidad de su relación con Navas después de conocer la muerte de Mena, así como la orden de apartar a Martín de la colaboración documental.

Negaba haber autorizado expresamente la violencia.

La correspondencia permitía confrontar esa negativa con las instrucciones que había dado después de conocer la preparación física de la operación.

El abogado indicó que no realizarían más manifestaciones.

Elena dio por terminada la entrevista conforme al procedimiento y dejó constancia de su cierre.

Julián se levantó junto a su defensor.

Antes de salir miró una última vez la fotografía de la cubierta.

—Durante años intentamos saber qué había ahí dentro —dijo.

—Ahora está bajo custodia —respondió Elena.

Velasco dejó la sala sin añadir nada.

La inspectora permaneció frente a la mesa mientras se completaba el registro de la diligencia.

No tenía sentido describir el encuentro como una confesión. Las palabras de Julián habían sido cuidadosamente delimitadas y algunas respuestas exigían nuevas comprobaciones.

Lo importante era que su versión podía compararse con documentos cuya secuencia ya estaba reconstruida.

La relación profesional con el proyecto tenía autorizaciones concretas. La vigilancia de Requena conservaba sus órdenes y sus pagos. La intervención sobre Martín contaba con comunicaciones anteriores y posteriores al atropello.

La obtención de los papeles de Mena seguía exigiendo establecer quién entró en su despacho, qué material fue sustraído y cómo llegó después al circuito privado.

Cada hecho necesitaba su propia atribución.

Elena cerró la carpeta de la entrevista y la colocó junto a la cronología.

Durante meses, el proyecto Valderrama había aparecido dividido entre despachos, sociedades y operadores externos. Aquella distribución había dificultado reconstruir las decisiones, porque no siempre coincidían quien pagaba, quien transmitía la instrucción y quien realizaba el trabajo.

La confrontación no había eliminado esas diferencias.

Las había vuelto explícitas.

Ahora podían reconstruir la historia criminal desde su comienzo sin confundir los actos de cada participante ni utilizar la existencia del Memorial como explicación automática de todos los delitos.

La última pieza de la investigación no sería una frase arrancada a Velasco.

Sería la secuencia completa de lo que cada persona había hecho, sabía y había permitido que continuara.