El secreto de la Catedral (El secreto de la Catedral de Burgos: Tomo V) CAPÍTULO 28 HISTORIA COMPLETA DE LOS CRÍMENES
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CAPÍTULO 28 HISTORIA COMPLETA DE LOS CRÍMENES

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Elena Salcedo decidió reconstruir los hechos desde la primera contratación.

Habían llegado a conocer las distintas ramas de la investigación mediante expedientes separados.

La muerte de Pablo Mena había abierto una causa que, al principio, parecía concentrada en su despacho y en los documentos desaparecidos.

La vigilancia de Álvaro Requena surgió después al examinar los registros de una búsqueda privada.

El atropello de Martín Arce incorporó una línea de violencia que durante un tiempo no pudieron relacionar con suficiente precisión con las anteriores.

Ahora disponían de comunicaciones y movimientos financieros que permitían reunir aquellas actuaciones en una cronología común.

Elena había preparado una mesa de trabajo en la sala de reuniones.

No llevó allí el Memorial original. Clara Montalvo mantenía su custodia dentro del archivo, donde todavía debían completarse las comprobaciones materiales del grupo funerario.

Para la reconstrucción policial bastaban las reproducciones autorizadas y los documentos ya incorporados a las actuaciones.

Adrián Valcárcel llegó con Martín. Clara se incorporó después de verificar que los materiales de conservación permanecieran en la disposición registrada.

Elena había colocado cada pieza en la fecha que correspondía a su emisión o a la actividad que acreditaba. Una segunda referencia indicaba cuándo había llegado a manos de los investigadores, porque descubrir tarde un documento no significaba que su contenido perteneciera a una etapa posterior.

—¿Dónde empieza todo? —preguntó Adrián.

Elena señaló las primeras contrataciones.

—Mucho antes de que muriera Pablo.

Los documentos más antiguos correspondían a investigaciones privadas sobre la procedencia de fondos relacionados con la casa de Valderrama.

Patrimonio del Norte Histórico y otras sociedades asesoradas por Julián Velasco habían financiado búsquedas sobre archivos familiares, transmisiones documentales y antiguas fundaciones.

Aquellos encargos, considerados en sí mismos, respondían a una actividad profesional legítima.

La reconstrucción de procedencias podía exigir años de consultas.

El despacho de Velasco asesoraba intereses patrimoniales que podían verse afectados por una descripción incompleta de determinados bienes o colecciones.

Los informes iniciales mostraban que sus investigadores habían seguido las referencias de Fernando, Alfonso y Leonor, hasta identificar a Hernando de Burgos y la posible transmisión de una copia de conjunto hacia Santillana.

No habían encontrado el Memorial durante aquella primera etapa.

Sabían qué documentos podían haber existido y trataban de establecer si una unidad completa había sobrevivido.

Martín observó la progresión de fechas.

—La búsqueda empezó antes de que nosotros supiéramos que la inscripción visible había sido modificada.

—Y antes de que Mena llegara a relacionar la sepultura con Santillana —respondió Elena.

La participación de Roberto Navas apareció cuando el proyecto comenzó a utilizar servicios externos para localizar contactos y obtener información. Al principio, las facturas describían tareas de coordinación compatibles con la búsqueda de documentos.

Después comenzaron a registrarse actividades de investigadores ajenos al proyecto.

Pablo Mena apareció porque trabajaba sobre la tumba. Álvaro Requena, porque examinaba fondos familiares y eclesiásticos cuya trayectoria podía conducir hacia Burgos.

Marta Llorente ocupaba otra posición dentro de aquella cronología. Había sido contratada para realizar investigaciones históricas. Sus informes orientaron la búsqueda y, cuando finalmente examinó C12/4, solo pudo consultar el exterior de la cubierta.

Nada de lo reunido la vinculaba con la obtención ilícita de documentos ni con las agresiones investigadas.

Elena dejó esa precisión asentada antes de continuar.

No todas las personas que trabajaban para un mismo proyecto conocían o compartían las decisiones de sus responsables.

El cambio importante se produjo cuando el despacho dejó de limitarse a encargar estudios y comenzó a solicitar información sobre lo que otros investigadores estaban descubriendo.

Pablo Mena había advertido que la inscripción visible podía corresponder a una memoria posterior. Sus notas recuperadas mostraban que buscaba una versión antigua y que había identificado Santillana como posible vía de transmisión.

También mantenía contacto con Requena.

La matriz privada registró su avance. Después, Velasco pidió conocer qué documentación tenía.

Elena colocó el intercambio correspondiente:

“Averiguar qué tiene.”

Navas respondió que había material en el despacho de Mena y propuso recuperarlo sin involucrar al proyecto.

La contestación de Velasco decía:

“Hacelo y no dejes vínculo con nosotros.”

Adrián volvió a leer los mensajes.

—Ahí deja de tratarse de una búsqueda propia.

—Ahí tenemos una autorización para obtener material que estaba en poder de otro investigador, con una instrucción expresa de evitar que se relacionara la gestión con el proyecto —precisó Elena—. El modo en que se ejecutó aparece en los registros siguientes.

La reconstrucción situaba a dos contratistas externos en la operación sobre el despacho. Sus vínculos con la estructura de Navas se apoyaban en pagos y comunicaciones, junto con los datos de movimiento incorporados a la causa.

La entrada se había producido sin un forzamiento evidente de la cerradura. Existía además una llave de servicio declarada perdida semanas antes, aunque todavía debían distinguir lo que esa incidencia permitía sospechar de aquello que podía atribuirse materialmente a los participantes.

Los documentos indicaban que la finalidad inmediata era obtener información relacionada con la investigación de Mena.

Elena mostró la nota posterior de Navas:

“La entrada se complicó. Mena intervino. Resultado irreversible. Material parcial recuperado.”

Clara miró a Adrián.

La anotación era compatible con una confrontación ocurrida durante la operación de sustracción. La investigación debía contrastarla con las pruebas materiales y con la participación atribuida a los hombres que habían entrado en el despacho.

Esteban Llorca permanecía detenido por el homicidio de Mena.

Los nuevos registros permitían estudiar su intervención dentro de una operación documental coordinada desde la estructura de Navas, pero no reemplazaban las pruebas propias de la causa ni convertían automáticamente en ejecutores a todos los que habían participado en la planificación.

—¿La orden inicial era matar a Pablo? —preguntó Martín.

—No tenemos un documento que lo establezca —respondió Elena—. Lo acreditado es que la operación buscaba recuperar material y terminó con su muerte. La responsabilidad por la agresión debe atribuirse conforme a lo que hizo cada participante.

Aquella distinción no disminuía la gravedad de lo ocurrido.

Permitía reconstruirlo sin inventar una premeditación que los registros no demostraban.

El siguiente momento estaba documentado con mayor claridad.

Navas informó del resultado y Velasco respondió:

“Que esto termine aquí. Material conmigo mañana. Ninguna comunicación más por estas vías.”

El mensaje demostraba que el despacho había recibido noticia de un resultado grave y había solicitado la entrega de la documentación recuperada.

Elena recordó que la recepción física de cada pieza todavía debía identificarse mediante sus propios registros. El correo acreditaba la solicitud, mientras otras actuaciones debían determinar qué material llegó finalmente al entorno de Velasco.

Pero el conocimiento posterior del hecho ya no dependía de una inferencia.

Durante la confrontación, Julián había reconocido que Navas le comunicó que la gestión había salido mal y que después supo de la muerte de Mena.

—¿Y continuó trabajando con él? —preguntó Clara.

—Sí.

Elena pasó a la fecha siguiente.

La red no se detuvo tras el homicidio.

Esa continuidad daba un contexto diferente a las órdenes posteriores.

Velasco había conocido el resultado mortal de una intervención destinada a obtener documentos y, aun así, mantuvo a Navas dentro del proyecto.

El seguimiento de Requena debía examinarse teniendo presente aquel antecedente, sin convertirlo por ello en una orden de violencia.