CAPÍTULO 12 IDENTIFICACIÓN DE LA CARPETA DE HERNANDO
BLOQUE 1
La identificación definitiva no dependía de una sola prueba.
Martín Arce había dedicado la mañana a reunir los documentos que permitían seguir la cubierta desde su preparación en Burgos hasta la carpeta de conservación donde permanecía actualmente.
No quería presentar una conclusión sostenida por semejanzas llamativas, sino una reconstrucción que pudiera examinarse paso a paso, incluso por alguien que no compartiera las hipótesis con las que ellos habían iniciado la investigación.
Sobre la mesa había dispuesto las reproducciones de las cartas de Hernando y los inventarios familiares.
Junto a ellas estaban los registros de la fundación extinguida, las transferencias capitulares y los instrumentos que explicaban los cambios de signatura.
Las fotografías de conservación completaban el expediente.
Adrián Valcárcel examinó la disposición.
—Si existe una contradicción, tenemos que encontrarla antes de redactar la conclusión.
—Para eso estamos haciendo esta revisión —respondió Martín.
Clara Montalvo ocupó una silla frente a ellos.
Elena Salcedo se sentó cerca de la ventana, con la documentación contemporánea a un lado.
Su presencia no convertía aquel trabajo en una diligencia policial, pero le permitía comprobar qué podía afirmarse históricamente y qué continuaba siendo una interpretación pendiente.
Martín comenzó por las cartas del escribano.
Hernando había dejado constancia de la preparación de una relación amplia destinada a conservar reunidos los testimonios de una sucesión cuya documentación original había seguido caminos diferentes.
Sus referencias incluían los bienes vinculados con la familia y la memoria funeraria, así como la correspondencia necesaria para comprender las decisiones adoptadas.
Una de las cartas indicaba que aquella copia de comprobación no permanecería dentro de la administración ordinaria.
Otra explicaba su envío a Hernando de Santillana.
La respuesta conservada registraba la recepción:
“Recibida la relación con los papeles que la acompañan.”
Adrián señaló la frase.
El intercambio permitía establecer la existencia del envío y su aceptación por el destinatario. No dependían únicamente de una tradición posterior según la cual Santillana habría recibido determinados papeles del escribano.
Martín pasó al inventario familiar.
“Una cubierta vieja, sin título, señalada con dos trazos cruzados y una H pequeña.”
Debajo figuraba:
“Dícese que la dejó Hernando, escribano de Burgos, a Hernando de Santillana.”
Clara colocó junto a la transcripción una fotografía reciente de la cubierta conservada en C12/4.
Las dos incisiones cruzadas seguían siendo reconocibles. En el margen superior permanecían los restos de una anotación manuscrita deteriorada, aunque el examen exterior no había permitido confirmar que correspondiera a la letra mencionada en el inventario.
Esa reserva no debilitaba artificialmente la identificación. Formaba parte de ella.
La procedencia no dependía de interpretar unos restos de tinta como una firma del escribano.
Martín abrió la descripción antigua del contenido.
La relación familiar mencionaba los asuntos sucesorios y los bienes, junto con cartas y documentación funeraria. Era la misma arquitectura general que había reaparecido en la ficha auxiliar localizada antes de solicitar la apertura.
Clara señaló que aquella concordancia debía entenderse correctamente. La ficha describía una estructura observada en una revisión histórica, no el resultado de un examen que ellos hubieran realizado sobre el contenido actual.
Todavía tenían que comprobarlo.
Adrián estuvo de acuerdo.
La identificación exterior estaba fundada.
La integridad interna permanecía pendiente.
Martín continuó con los inventarios de Santillana.
La cubierta había recibido diferentes denominaciones durante su permanencia dentro del archivo familiar. Algunas se referían al escribano, otras a la memoria sucesoria o a la función que cumplían los papeles.
Entre ellas había aparecido la Razón de Santillana, cuya equivalencia con el memorial sucesorio estaba expresamente documentada.
Los nombres cambiaban según el custodio y el propósito de la descripción.
La identidad podía seguirse mediante la continuidad de procedencia y las referencias materiales.
—Eso es lo que tenemos que dejar claro —dijo Adrián—. No estamos buscando una palabra que haya sobrevivido en todos los inventarios.
Elena observó que la desaparición de una denominación tampoco significaba necesariamente que la unidad hubiera dejado de estar registrada.
La experiencia de los últimos días lo demostraba. La cubierta había aparecido bajo descripciones genéricas, pero cada transferencia conservaba datos suficientes para enlazarla con la etapa anterior.
Martín llegó al recorrido de la fundación.
Los documentos habían viajado con determinados bienes porque explicaban su procedencia. La cubierta no constituía un título ejecutorio ni una cuenta corriente, circunstancia que los registros habían dejado escrita de forma reiterada.
Una nota decía:
“No sirve a cuenta, mas consérvese por razón de bienes y memoria.”
Otra mantenía la denominación intermedia:
“La razón vieja de Santillana permanezca con antiguos.”
La cubierta había acompañado una estructura administrativa sin pertenecer originalmente a ella.
Cuando aquella administración dejó de funcionar de manera separada, sus papeles siguieron hacia la oficina común de patronatos y después hacia el archivo institucional.
Clara incorporó los documentos de la reforma.
La antigua oficina fue vaciada y sus materiales inventariados se remitieron a clasificación. La memoria de salida mencionaba individualmente la Razón de Santillana, mientras el recibo posterior identificaba la cubierta por su contenido sucesorio y funerario.
La documentación permitía seguir el movimiento sin introducir una pérdida imaginaria entre ambos espacios.
Martín añadió el registro de la sala intermedia, donde la cubierta recibió la denominación temporal Unidad C. La decisión de mantenerla cerrada por haber llegado ordenada de antiguo explicaba su paso a históricos sin desmembramiento.
Después vinieron las sucesivas reclasificaciones.
La recepción capitular figuraba en un asiento formal y estaba respaldada por un acuerdo administrativo. Una descripción identificaba expresamente:
“Una cubierta con relación de sucesión y memoria funeraria, procedente de Santillana.”
Más tarde, la procedencia dejó de aparecer en algunas denominaciones principales, aunque sobrevivió durante un tiempo en anotaciones secundarias.
Martín abrió las tablas de equivalencias.
La unidad pasó por los sistemas históricos que ya habían reconstruido hasta recibir la referencia DHI-32.
Después, por razones de conservación, fue trasladada a HP-47.
La última transferencia la situó en C12/4.
La cubierta no había cambiado de identidad por haber recibido otra signatura. Tampoco había sido reemplazada por una reproducción moderna.
El expediente de conservación indicaba que la protección actual contenía la cubierta antigua, mantenida con sus documentos interiores.
Adrián examinó las fotografías.
La concordancia material estaba documentada.
Lo que quedaba por establecer no era dónde estaba la unidad.
Era cuánto de la compilación original continuaba conservándose dentro de ella.