BLOQUE 2
Martín preparó una relación comparativa destinada a acompañar el informe de identificación.
No utilizó puntuaciones ni intentó expresar la procedencia mediante un porcentaje. Prefirió ordenar las fuentes según la cuestión que permitía resolver cada una.
Las cartas documentaban la preparación y el envío de una copia de comprobación a Santillana.
Los inventarios familiares describían una cubierta marcada y transmitían la atribución a Hernando.
Las relaciones administrativas explicaban cómo aquella unidad pasó por la fundación y los patronatos hasta llegar al archivo capitular.
Los instrumentos posteriores conservaban las equivalencias de signaturas y los informes técnicos permitían reconocer la cubierta física.
Clara observó que no aparecía, dentro de las fuentes conocidas, otra unidad procedente de Santillana que reuniera la misma combinación de marcas exteriores y materias documentales.
Eso fortalecía la identificación.
Sin embargo, Elena quiso examinar las objeciones antes de aceptar la redacción definitiva.
—¿Y si la atribución a Hernando fuera una tradición incorporada después al inventario familiar?
Adrián reconoció que una anotación aislada de procedencia podía transmitir una información equivocada.
En este caso, no dependían únicamente de ella.
Las cartas describían la preparación y el envío. La respuesta de Santillana registraba la recepción. Los inventarios posteriores conservaban la atribución, mientras las descripciones del contenido coincidían con la finalidad que Hernando había explicado.
La relación estaba sostenida por fuentes de distinta naturaleza.
Martín añadió una precisión.
Conocían la existencia de más de una copia relacionada con el trabajo del escribano. La unidad destinada a Santillana no debía confundirse con el ejemplar que Hernando conservó por su cuenta.
Las dos tenían trayectorias diferentes.
El expediente que estaban identificando correspondía a la copia entregada fuera de la administración ordinaria, seguida después por los inventarios de Santillana y las transferencias hacia Burgos.
Elena preguntó si podían haber existido dos cubiertas semejantes dentro de aquel archivo familiar.
No había constancia de una segunda unidad que reuniera las mismas características. Los inventarios distinguían otras escrituras y copias, pero solo una cubierta aparecía asociada simultáneamente con aquella procedencia, las señales materiales y la estructura descrita.
La posibilidad abstracta de una duplicación no podía eliminarse mediante una afirmación rotunda.
Pero tampoco existía evidencia concreta que obligara a tratarla como una alternativa equivalente.
Clara planteó la cuestión más importante.
—¿Y si la cubierta sobrevivió, pero el contenido fue sustituido en algún momento?
Martín revisó los recuentos.
Las descripciones desde Históricos 9/3 hasta las etapas modernas mantenían ochenta y seis hojas o unidades foliares. También reaparecía una organización en cuatro grupos principales, y los registros de traslado insistían en conservar el orden recibido.
No habían encontrado constancias de extracción ni movimientos parciales.
Todo eso apoyaba una continuidad material muy fuerte.
No demostraba por sí solo que cada hoja actual fuera idéntica a la inventariada siglos antes.
Un recuento estable podía coexistir con modificaciones no registradas.
Tampoco todas las épocas habían utilizado necesariamente el mismo criterio para contar folios y hojas.
Por eso necesitaban examinar el interior.
Adrián añadió que la posición de los documentos también importaba.
Hernando no había preparado una simple colección de copias independientes. Había reunido materiales que podían cotejarse entre sí para reconstruir relaciones alteradas o simplificadas por las transmisiones posteriores.
Si la organización histórica seguía reconocible, tendrían una vía adicional para comprender su trabajo.
Martín encontró una observación en una relación de conservación:
“Se respeta orden antiguo porque corresponde a unidad recibida ya formada.”
Clara la incorporó al informe.
Aquella instrucción reforzaba el criterio que había acompañado al conjunto durante siglos. El archivo no debía crear un orden nuevo antes de documentar el que había recibido.
Elena volvió a la conclusión.
—¿Cómo lo escribimos sin convertir en definitiva la comprobación que todavía falta?
Adrián tomó una hoja y redactó despacio:
“La unidad actualmente conservada en C12/4, anteriormente identificada como HP-47, corresponde documental y materialmente a la cubierta procedente de Santillana que los inventarios atribuyen a Hernando de Burgos. La continuidad de procedencia,
las descripciones físicas y las sucesivas equivalencias archivísticas permiten identificarla como la misma unidad histórica. La integridad y composición exacta de su contenido quedan pendientes de examen mediante apertura controlada.”
Martín leyó el párrafo completo.
No encontró una afirmación que excediera las pruebas reunidas.
Clara también estuvo de acuerdo.
La conclusión reconocía que habían identificado la cubierta sin atribuirle una integridad interior todavía no verificada.
El informe histórico podía acompañar la solicitud de apertura.
Ya no se trataba de pedir acceso a una carpeta elegida únicamente por su semejanza con una descripción antigua. Solicitaban examinar una unidad cuya trayectoria estaba fundamentada y cuyos elementos exteriores habían sido cotejados.
Elena abrió su carpeta policial.
—Nosotros todavía tenemos que averiguar cuándo pudieron reconocerla las otras personas que la buscaban.
Los informes privados mencionaban Santillana y la denominación Razón vieja. También habían seguido la reforma de la oficina y contemplado la existencia de un depósito intermedio. Marta Llorente había llegado hasta la carpeta actual mediante una consulta externa.
Esa acumulación de información demostraba que la investigación privada había avanzado considerablemente.
No permitía afirmar que todos sus participantes hubieran tenido el mismo conocimiento ni que hubieran completado la cadena archivística.
Adrián recordó además la anotación «J. V.» conservada en la copia del informe de Armentia.
El peritaje preliminar encontraba semejanzas con documentos firmados por Julián Velasco, pero la autoría seguía pendiente de una evaluación formal.
El reenvío de aquella copia a Roberto Navas estaba documentado.
Eso acreditaba circulación del informe desde el entorno profesional de Velasco hacia Navas, sin resolver quién había escrito la anotación ni qué había hecho cada destinatario con su contenido.
Elena consideró que la identificación histórica debía mantenerse separada de las conclusiones penales.
La cubierta había sido recibida y conservada mediante procedimientos documentados. Esa realidad no demostraba, por sí sola, qué motivos habían impulsado las búsquedas privadas ni permitía relacionar directamente a sus financiadores con la muerte de Pablo Mena o con el atropello de Martín.
La investigación contemporánea necesitaba sus propias pruebas.
Adrián estuvo de acuerdo.
La identificación de C12/4 podía sostenerse sin utilizar una sospecha policial como refuerzo.
Y la investigación penal tendría que establecer sus responsabilidades sin convertir el valor histórico del Memorial en una demostración automática de culpabilidad.