El secreto de la Catedral (El secreto de la Catedral de Burgos: Tomo V) BLOQUE 3
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El último apartado de la ficha estaba dedicado a la procedencia.

Martín había reservado esa parte hasta terminar de estudiar la descripción interna, porque quería comprobar si el redactor había identificado la cubierta mediante documentación anterior o si se había limitado a repetir una atribución sin fuente reconocible.

La primera línea decía:

“Se tiene por venida de Santillana con papeles de antigua memoria.”

Aquella información coincidía con los asientos que ya conocían.

La siguiente frase, sin embargo, era más precisa:

“En inventario anterior se dice haber sido dejada por Hernando, escribano de Burgos, y conservarse por contener razón antigua de sucesión y sepultura.”

Adrián pidió ver el margen.

La anotación llevaba una abreviatura que remitía al inventario de procedencia de Santillana.

Martín abrió la transcripción correspondiente.

Allí figuraba la descripción exterior conocida:

“Una cubierta vieja, sin título, señalada con dos trazos cruzados y una H pequeña.”

Y después:

“Dícese que la dejó Hernando, escribano de Burgos, a Hernando de Santillana.”

Clara colocó ambas reproducciones una junto a la otra.

La ficha auxiliar no había inventado la atribución a Hernando. Había transmitido una noticia recogida en un inventario anterior, cuya relación con la cubierta podía seguirse mediante las descripciones y la cadena de custodia.

Eso no convertía la anotación en una firma autógrafa del escribano ni demostraba por sí sola que todas las piezas actuales hubieran salido de su mano.

Pero enlazaba de forma explícita la unidad descrita por contenido con la procedencia familiar que ya habían reconstruido.

Adrián observó que la atribución estaba respaldada además por las cartas y los registros relacionados con la entrega realizada a Santillana.

El conjunto de fuentes permitía establecer una identificación histórica mucho más firme que la ofrecida por cualquiera de ellas de manera aislada.

Elena preguntó cómo debían formular la conclusión.

Adrián respondió después de revisar las dos reproducciones.

—La cubierta actualmente conservada en C12/4, antes HP-47, corresponde a la unidad transmitida desde Santillana y atribuida documentalmente a Hernando de Burgos. Su descripción histórica es compatible con la estructura de la copia de comprobación que hemos reconstruido.

Clara añadió el límite necesario.

Todavía faltaba examinar las piezas conservadas dentro.

La continuidad archivística y la identificación exterior estaban documentadas. La ficha aportaba además una descripción interna de cuatro grupos, pero ninguna de esas pruebas sustituía el cotejo material de cada documento actual.

Martín encontró una última observación:

“No consta que la cubierta haya perdido papeles desde su ingreso.”

Era una noticia favorable para la continuidad.

No una garantía absoluta.

Los recuentos posteriores mantenían ochenta y seis unidades foliares, y las distintas instrucciones de conservación insistían en respetar el orden.

Aun así, solo el examen interior permitiría determinar qué correspondía a cada grupo y si existían faltantes o incorporaciones no advertidas por los instrumentos antiguos.

Clara preguntó por el estado de la autorización.

El informe técnico ya había sido presentado. Incluía las fotografías exteriores y las medidas obtenidas durante la última revisión, junto con las precauciones necesarias para manipular una cubierta debilitada por sus pliegues.

La comisión de conservación debía resolver todavía las condiciones de apertura.

No había motivo para anticiparse.

Adrián prefería completar primero una relación de las piezas esperadas, de modo que la futura inspección no dependiera de reconocer sobre la marcha aquello que apareciera bajo la primera hoja.

Elena abrió entonces su carpeta.

Había novedades sobre la anotación «J. V.» encontrada en la copia del informe de Armentia.

La comparación preliminar mostraba semejanzas con documentos firmados por Julián Velasco. Eran suficientes para solicitar un peritaje formal, pero no para establecer todavía la autoría.

La segunda noticia era diferente.

Habían localizado un reenvío posterior del informe de Armentia desde una cuenta del despacho de Velasco hacia Roberto Navas.

Martín pidió comprobar si se trataba de la copia que llevaba la anotación marginal.

Elena respondió que sí.

Aquello documentaba un movimiento concreto del informe dentro de la investigación privada. La copia había circulado desde el entorno profesional de Velasco hacia Navas, con la indicación de revisar Santillana visible en su margen.

Seguía sin estar acreditado quién había escrito aquellas iniciales ni qué conocimiento efectivo había adquirido cada destinatario.

Tampoco podía inferirse responsabilidad por el atropello de Martín a partir de esa circulación documental.

Pero la línea contemporánea contaba ahora con un eslabón comprobable.

Elena explicó que incorporaría el reenvío a la cronología y solicitaría las verificaciones necesarias sobre la copia.

Adrián volvió a la ficha histórica.

Era importante que las dos investigaciones conservaran sus límites.

La documentación del Memorial permitía establecer cómo había sobrevivido una compilación antigua y por qué sus nombres cambiaron durante siglos.

Los informes privados podían demostrar quién había buscado esa documentación y qué información circuló entre determinadas personas.

Una investigación no debía sustituir las pruebas que faltaban en la otra.

Clara leyó nuevamente el encabezado:

“Memoria de sucesión y sepultura.”

La denominación era descriptiva, pero expresaba con precisión el núcleo del conjunto.

Por una parte, los documentos relacionados con la descendencia de Fernando de Valderrama y su continuidad familiar.

Por otra, las memorias funerarias que habían representado esa historia de maneras diferentes.

Entre ambas materias aparecían los bienes y las cartas necesarias para comprender las relaciones que Hernando había procurado preservar.

La ficha no permitía saber todavía qué texto exacto se había trasladado a la piedra ni qué nombres encontrarían en cada versión.

Sí demostraba que una revisión histórica anterior había reconocido dentro de la cubierta una organización coherente y una diferencia entre memorias funerarias sucesivas.

Adrián recordó la inscripción que había iniciado la investigación.

También a Pablo Mena, asesinado antes de que comprendieran el alcance de lo que había descubierto. Su muerte pertenecía a una causa en la que Esteban Llorca ya había sido detenido, mientras el atropello de Martín continuaba sin resolución.

La recuperación del Memorial no borraba aquellas investigaciones contemporáneas.

Pero les permitía separar cada vez mejor los hechos históricos de los intereses que habían surgido alrededor de ellos.

Martín incorporó la nueva ficha al expediente de procedencia.

La descripción reunía la estructura interna y la referencia a Hernando en un documento anterior a las búsquedas privadas. Su relación con el inventario de Santillana podía verificarse y sus observaciones coincidían con las categorías registradas durante las etapas posteriores.

Ya no necesitaban adivinar qué clase de conjunto había sido recibido por el archivo.

Tenían una descripción histórica suficientemente detallada para preparar el cotejo.

Clara contempló la caja cerrada.

Dentro permanecían las ochenta y seis unidades foliares registradas por conservación, distribuidas en un conjunto cuya integridad había sido respetada durante generaciones.

La apertura todavía no estaba autorizada.

Y aunque lo estuviera, el primer movimiento no resolvería por sí solo las cuestiones pendientes.

Tendrían que reconocer los documentos y comprobar cómo se relacionaban, respetando el orden recibido y distinguiendo cada observación material de las atribuciones que los inventarios habían transmitido.

Adrián volvió al nombre de Hernando de Burgos.

Durante siglos, la cubierta había cambiado de denominación sin perder del todo la noticia de quien la había preparado.

Ahora esa atribución volvía a estar unida a una descripción concreta de su contenido.

Lo que faltaba era comprobar cuánto de aquella estructura seguía presente.

La respuesta estaba dentro de la carpeta cuatro.

Y, por primera vez, sabían con suficiente precisión qué debían buscar cuando llegara el momento de abrirla.