Capítulo 7 #5
Salimos en chancletas, menos Gloria, que salió con el calzado que llevaba: unas sandalias muy monas en tonos verdes, haciendo juego con su indumentaria.
Le presté unas zapatillas mías y dejó las sandalias en la casa.
Luego, en la playa, los tres nos descalzamos y caminamos descalzos por la fina arena; y sí, Gloria tenía razón: ese masaje de la arena en los pies es único.
Estuvimos como una hora; recorrimos la playa por la orilla varias veces, había poca gente, charlamos de todo un poco.
El tema de Enrique ya quedó aparcado y creo que para siempre.
Gloria ya me dejó claro que no sabe nada más de él.
Y si Gloria no sabe, que es la más allegada a la familia, nadie más me va a poder dar noticias suyas.
Podría preguntarle a Antonio; como primo de César, podría saber, pero no lo creo.
Antonio es un poco más joven que César, por tanto, Enrique ya se habría ido de aquí.
Me quedaré con la duda de si Enrique vive, si ya ha fallecido, de dónde puede estar…
, en fin. Pero no dejo de darle vueltas en mi mente; Enrique es el abuelo de mi hijo (y del que está por venir), y me gustaría poder llegar a conocerlo en persona y que conociese a GC.
Ver si César tenía algún parecido físico con él…
porque, obviamente, a Gustavo no se le iba a parecer. Quizás por fotografías.
¡Sí, buena idea! ¿No habrá fotografías en la casa de Gustavo con Enrique? Serían de hace años, de antes de que se fuese para Cuba, pero da igual, me daría una idea de cómo era.
—¿Gloria?
—Dime.
—¿Y no habrá fotografías de Enrique en algún lugar de la casa? —le pregunté.
—Estás pesada con Enrique; no sé qué mosca te habrá picado —me dijo Gloria.
—Es solo curiosidad —le dije.
Por un momento se me pasó por la cabeza contarle la verdad, la verdad de las cartas que encontré en el desván, la verdad de que Enrique era el verdadero padre de César, no Gustavo; pero me mordí la lengua; no lo podía saber nadie. Tenía que guardar muy bien el secreto, por mi bien y por el de GC.
—Pues no sé si habrá fotos. Recuerdo un día, por carnavales, que Gustavo y él se habían disfrazado.
Uno de sheriff y el otro de mujer de cabaret.
No sé, dónde pudiera estar esa foto. Enrique era la mujer de cabaret.
Aunque llegases a ver la foto, estaría muy cambiado, ya que estaba maquillado y vestido de mujer; no lo ibas a ver bien —me decía Gloria.
—Bueno, estaré atenta a ver si veo la foto; no sé dónde podría estar.
—Cornelia tenía una caja con fotos en su despacho —me comentó Gloria—, puedes empezar por ahí.
—Buena idea. Miraré —le dije.
—Elena, la compañía es muy grata, pero ya me voy a ir. Ya son horas. Pasé un tiempo muy agradable contigo y GC, y el paseo por la playa me encantó.
—Puedes volver cuando quieras y repetimos —le dije.
—Gracias, te tomo la palabra.
Gloria se cambió el calzado; después de lavarse los pies en la ducha que tenemos al lado de la piscina, se los secó y se puso sus sandalias.
Nos despedimos y le dije que viniera cuando quisiera. Yo también pasé un rato muy agradable con ella, es una mujer con muy buena conversación.
Poco después, preparé algo de cenar. Dejé la loza sin fregar; Finita me va a aniquilar. Estos dos días he estado haciendo los desayunos, comidas, meriendas y cenas, manchando loza y sin fregar nada. Imagino que pondrá el lavavajillas.
Vimos una película, Atlantis: El imperio perdido es de Disney, a GC le gustó y a mí también.
La típica película para ver en familia. Mañana veremos Jumanji, la primera película, la de Robin Williams; después de esta, veremos las otras dos, Welcome to the Jungle y The Next Level; en estas dos últimas está Dwayne Johnson.
Me gusta ver este tipo de cine con el niño.
Pasamos un rato muy agradable. En nuestra videoteca, también están El planeta del tesoro, La cenicienta, Blancanieves, Mary Poppins… Vaya los clásicos y no tan clásicos.
Después de ver la película me dirigí al despacho.
Revisé cajones y en uno de ellos encontré fotografías.
Pasando de una en una, vi la que me hablaba Gloria.
En ella, efectivamente, estaban Gustavo y Enrique disfrazados.
La foto era bastante antigua y traté de adivinar el rostro de Enrique sin el maquillaje de mujer.
Prácticamente imposible. Se veía un hombre de facciones toscas, alto; estaban los dos de pie y Enrique le sacaba una cabeza a Gustavo, y eso que Gustavo no era pequeñito, por lo que me contaban César y Cornelia.
Por esa foto no era capaz de sacarle parecido con César. Si hubiera más…
Gloria me dijo que Enrique marchó para Cuba hace más de cuarenta años, y que no volvió y que, si llegó a volver, por aquí no estuvo.
Me pregunto cómo sabe a ciencia cierta que no estuvo por aquí.
¿Y si está viviendo en la casa de al lado?
Se supone que no ha asomado la napia en todo este tiempo, pero no podemos estar seguras.
Bien, por hoy ya no me rompo más la cabeza. GC y yo nos vamos a dormir. Mañana es otro día.