29 #3
Todo sonaba verdaderamente romántico e impulsivo, atributos que jamás habría asociado con él.
Pensó en su padre joven y enamorado, capaz de reaccionar ante un agravio a su esposa comprando y renovando una casa.
Era fácil olvidar que sus padres habían vivido vidas plenas y separadas antes de que ella existiera.
Se lo imaginó, apenas salido de la adolescencia, orgulloso frente a la ruina que sería su hogar.
Sus ojos brillantes e ignorantes del futuro cruel que se aproximaba.
—No entiendo por qué discutisteis por eso —dijo Soojin.
—En su momento, yo tampoco. Pero en retrospectiva, sí.
Estaba sacando a tu madre de todo lo que conocía.
Eran los proyectos de los que ya habíamos hablado.
La fantasía de llevar una pensión en un lugar donde nuestros hijos jugaran en una hermosa costa.
Parecía emocionada hasta que le mostré la propiedad y le dije que estaba en Jade Acre.
»Pensé que estaría encantada. Solía ser su lugar favorito de vacaciones cuando era pequeña, ¿sabes?
Me había hablado de los bosques brumosos.
De cómo su padre buceaba en busca de abulones, que luego comían crudos mientras se ponía el sol.
Pero no estaba feliz. Se enfadó y yo respondí igual —suspiró—.
Fui egoísta. Dije que había hecho todo aquello por ella, pero quizá había sido más por mí.
—Pero cambió de opinión. Le encantó esto —dijo Soojin.
Sabía que su madre había adorado la casa y el pueblo.
Tenía infinitos recuerdos de picnics familiares en la cala, viendo a los turistas girar bengalas contra un cielo nocturno lleno de estrellas.
Su madre riendo con la madre de Mark en el porche mientras los niños jugaban en el bosque a la vista...
Sí, Soojin estaba segura de que su madre había sido feliz allí.
Su padre asintió, pero con rostro pensativo.
—Tengo que creer que sí. Pero hacia el final, un año antes del accidente de coche, empezó a sugerir vender la casa y marcharnos.
Siempre la convencía de no hacerlo. —Se pasó una mano agitada por el pelo—.
La pérdida tiene esta forma de desencadenar un alud de «y sis».
Siempre pienso… ¿y si nunca hubiera ido a la tienda esa noche?
¿Y si hace años no hubiera insistido en mudarnos aquí y vosotras hubierais nacido en ese piso de San Francisco?
O ¿qué habría pasado si hubiéramos dejado Jade Acre cuando mamá lo sugirió? ¿Seguirían ellas con nosotros?
—¿De qué sirve pensar así? —preguntó Soojin. Ella conocía la inutilidad de esa línea de pensamiento, porque también caía en ella. Solo conducía al dolor—. Las cosas pueden pasar en cualquier momento y lugar. No hay manera de tener en cuenta cada posibilidad…
Pero él no estaba convencido. Le dedicó una sonrisa rígida e infeliz y se inclinó para pasarle un pulgar por el pómulo.
—También pienso esto, ¿y si hubiera sido un padre mejor, más cercano? ¿Te habrías seguido sintiendo tan sola como para traer a tu hermana de vuelta?
Se apartó mientras las luces pasaban de su dorado constante a un verde cascada que jugaba extrañamente en las facciones de su rostro.
—No te apartaba porque estuviera enfadado contigo, Soojin. He estado tan enfadado conmigo que apenas puedo mirarte. Fallé al dejar que tomaras esa decisión y luego al ocultar lo que pasó. Te hice mentir y lo siento.
Ella abrió la boca para interrumpir, pero él la detuvo.
—No. Déjame hablar —dijo acercándose las rodillas al pecho.
El árbol de Navidad se iluminó de granate antes de drenarse a plateado—.
Siempre me he sentido avergonzado por haberme desconectado de ti y de Mirae tras la muerte de mamá.
Erais muy jóvenes y me necesitabais, pero no estuve.
Tu hermana tuvo que crecer demasiado rápido y nunca le pedí perdón.
No sé por qué las palabras «lo siento» fueron tan difíciles de decir entonces.
—La lluvia empezaba a calmarse. Miró hacia arriba, escuchando su suave murmullo en el techo—.
Después de esos meses, ya no me veía igual.
Como si hubiera traicionado su confianza como padre.
Dejó de depender de mí. Siempre pensé que tendríamos tiempo para arreglar las cosas, pero ella no vivió lo suficiente.
Soojin quiso decirle que estaba equivocado, que ser padre no significa ser un autómata impermeable a la debilidad, pero no encontró las palabras.
—Le fallé entonces. Pero no voy a fallarle ahora.
—La encontraremos. De verdad —aseguró Soojin apoyando una mano en la de su padre.
—Y luego haré lo que ella necesite que haga.
—¿Y qué es, papá?
Su largo silencio le dijo todo lo que él se negaba a articular.
Se quedaron sentados bajo el árbol hasta que la lluvia cesó.
Luego, tras ponerle una mano decidida sobre el hombro, se fue.
Esta vez no lo siguió. Necesitaba pensar.
Se quedó ante el árbol de Navidad que habían decorado como una oración salvaje para llamar a Mirae de vuelta a casa.
Su padre conducía hacia la oscuridad para destruir a su hermana y era culpa suya.
El egoísmo de ella lo había cargado con esta horrible elección que no era elección en absoluto.
Soojin observó los colores estridentes de las luces moverse por la pared. Para cuando volvieron al dorado firme, había tomado una decisión.