EXPANSIÓN DEL PANTANO
A Beth le dio un vuelco el corazón cuando divisó a Bishop entre la multitud desde el porche de la Casa del Jabón, donde se había reunido con las demás esposas.
Era la fiesta del primer mes para celebrar que habían llegado a la mitad de la gran expansión.
Todo el mundo estaba allí, incluso los Reyes Criollos y bastantes miembros del clan de Kaj.
Quizás incluso algunos de los Vickis, como le gustaba llamarlos a Bullets.
—Muy bien, brindemos por nuestro primer mes —dijo Juliette, levantando su vaso de Kool-Aid hacia las damas.
—¡Un mes! —corearon todas, chocando sus vasos mientras Beth las saludaba con su agua vitaminada.
—Y solo queda otro mes —añadió Cherie.
—Amén —fue el siguiente vítore.
—Vale —dijo Beth, haciéndoles señas para que se acercaran—. No miréis ahora, pero creo que esa es la esposa de Spar hablando con Jek.
Todas se giraron.
—¡He dicho que no miréis!
—Sí, es ella —murmuró Juliette—. Wanda.
—Wanda la preguntona —dijo Phelony—. Oí a Theodore riéndose de eso.
—¿Theodore? —preguntó Cherie.
—Bacon —aclaró Phelony, y su sonrisa soñadora se volvió un poco más sobria.
Todo lo relacionado con Bacon venía acompañado de una mirada soñadora en su rostro, algo que Beth encontraba adorable.
Él prácticamente adoraba el suelo que ella pisaba, y ella hacía lo mismo con él.
¿Había algo más hermoso? Definitivamente no.
—¿Y qué significa Wanda la preguntona? —insistió Juliette con delicadeza.
—Pregunta por el dinero. Su dinero, el dinero de él, tu dinero, le da igual —explicó Phelony—. Dijo que sus pupilas son pequeños signos de dólar.
Todas estallaron en risitas mientras Juliette negaba con la cabeza.
—Qué desperdicio.
—No juegues con el Destino —dijo Cherie—. Mi Sammie dijo que la cagaron y pagaron las consecuencias.
—Excepto Bacon —recordó Maggie.
—Y Hurricane —añadió Felix—. Está perdidamente enamorado de nuestra Claire.
—¿Dónde está ella, por cierto? —Beth miró hacia la multitud frente a ellas.
—¿Dónde crees? —dijo Tegan—. En los brazos de su ángel —canturreó con los ojos cerrados, bailando lento con el aire.
—Quizás ya ha dejado de escabullirse de su lujurioso agarre —reflexionó Phelony, y todas la miraron—. Theodore me cuenta muchas cosas —explicó al ver su curiosidad.
—Quien comparte, demuestra que le importa —dijo Tegan, expresando lo que todas pensaban.
—Solo que él ha estado intentando romper el hielo de su pobre corazón y cuerpo, pobrecita. Tiene un pasado terrible.
Levantó la mano.
—Pero no me dio los detalles, lo siento.
—Es tan callada —dijo Tegan.
—Y dulce como un arándano —dijo Cherie.
—Quizás debería indagar un poco —se dio cuenta Beth—. Averiguar qué iceberg impide que su barco navegue.
—¿De qué os reís vosotras dos por ahí? —preguntó Felix mirando a Tully y Mia.
—Solo estábamos compartiendo las cosas que dicen nuestros maridos —dijo Tully con una sonrisa de oreja a oreja, transparente como un libro abierto.
—Como qué —arrastró las palabras Tegan, haciendo que Beth se riera.
—Sí, como qué —dijo Juliette, riéndose cuando Tegan le lanzó su infame mirada fulminante.
—Lesion dice cosas como «Mi Dulce Veneno» cuando él está...
—Para ahí —suplicó Tegan con una mano levantada.
—Bullets dice que hago que su corazón dé un culatazo —confesó Mia con una sonrisa orgullosa.
—Patches me llama su Terapeuta de Embestidas.
Su tono seco hizo que estallaran en carcajadas durante un minuto entero mientras ella bebía detrás de su sonrisa.
—¿Y tú qué, Cherie? —preguntó Phelony—. Tú tienes uno muy especial.
Cherie alzó las cejas.
—Especial se queda corto. Creo que lo que más me gusta que me diga es «Te veo». O quizás es cómo lo dice y cuándo lo dice.
Se abanicó la cara y todas soltaron exclamaciones pícaras seguidas de «¡Te veo! ¡Te veo! ¡Te veo!» hasta que se reía muerta de vergüenza.
Maggie fue la siguiente.
—Es cuando Spook me desea y dice... «Ven aquí».
Se derritió y se dejó caer en la silla mientras las demás estallaban en risas.
—Lesion llama a mi regla «la muda».
Santo cielo, ahora sí que se estaban riendo.
—Bullets llama a la mía «semana de recarga».
Maggie le agarró el brazo riéndose.
—Spook dice «Código Rojo en Espera».
—Sammie dice: «Todavía no hay bebé».
Todas jadearon y la miraron.
—¿Estáis intentándolo? —exigió Beth, y Cherie asintió con una sonrisa.
—Él quiere un bebé con todas sus ganas, y yo quiero darle uno. Aunque me encanta lo de intentarlo.
—¡Tengo posturas que pueden ayudar! —recordó Beth.
Estalló el parloteo y ella se rio, haciéndolas callar.
—Vale, ¿todas queréis bebés? —preguntó asombrada. Todas asintieron excepto Juliette.
—Me gustaría follar con mi marido libremente un poco más, muchas gracias. Ya os pediré prestado algún crío si me entra el gusanillo de ser madre.
—Vale, volvamos a las cosas divertidas que dicen nuestros maridos —dijo Tegan, señalando a Felix con un gesto circular del dedo—. Tengo que oír el tuyo.
Todas estuvieron de acuerdo y esperaron expectantes mientras ella entornaba los ojos, pensativa.
—Tendría que ser cuando él... gruñe porque puede oler mi excitación y piensa que lo estoy provocando a propósito.
Se habían quedado boquiabiertas, lo que a ella le pareció divertido.
—Tengo que saber —susurró Tegan—. ¿Cómo se siente cuando él...?
Hizo un gesto de morder el aire.
Felix miró por encima del hombro y luego las observó antes de susurrar:
—Tiene un oído excepcional.
Eso hizo que echaran vistazos furtivos hacia la multitud.
—Cuando me muerde —comenzó tan bajo que todas tuvieron que acercarse—, se siente... como si me atacara una víbora. Solo que sus colmillos tienen... rayos ardientes, una agonía que es puro éxtasis. Y cuando su saliva se mezcla...
Le aletearon los párpados y puso los ojos en blanco.
—Es simplemente... una especie de milagro extraño que me convierte en un... recipiente indestructible en el que él desata su hambre furiosa sin...
—Matarte —dijo Tegan con asombro—. Madre mía.
Miró a Tully.
—Tienes que conseguir que tu marido nos prepare algo de ese brebaje raro. ¡Yo también quiero probar!
—Yo me quedo con mi galletita de vainilla —dijo Cherie con los ojos como platos, y Beth estuvo totalmente de acuerdo.
—Mirad a nuestra Belle Eveque —rio Maggie—. ¿Nada de brebaje raro para ti?
—Oh, ni de coña —siseó—. Mi marido no necesita nada raro extra. Es El Bishop. Creo que eso es cajún para criatura pantanosa psicópata del sexo.
Tuvo que reírse de las carcajadas que eso provocó.
—Ohhh, mirad, Spar está cabreado —dijo Juliette, señalando discretamente.
Todas miraron y lo vieron fulminando con la mirada a Jek, que seguía hablando con su curiosa Wanda.
—Tenemos que hacer algo al respecto —murmuró Juliette.
—Uh-oh, alguien huele a Bat-tie —murmuró Cherie.
—Es que me cabrea que todas nos estemos matando con esta expansión y esta zorra del pantano esté tratando a uno de nuestros mejores hombres como tripas de caimán.
—¿Estás intentando poner celoso a Kaj o qué? —exclamó Tegan.
—Dios mío —dijo Beth al ver cómo a Juliette se le iluminaba la cara de repente—. ¿Qué estás tramando?
—Estoy pensando que me encanta tener un marido celoso. Y también que nuestro querido Spar necesita nuestra ayuda.
—¿Nuestra?
—No puedo ayudarlo yo sola —farfulló Juliette con una sonrisa traviesa—. Mi Kaj cagaría un vikingo entero si lo intentara.
—Oh, ahí está la chica de Trap —dijo Tegan—. ¿Cómo se llamaba?
—Gretchen —dijo Phelony—. Es un petardo. No le da a ese hombre ni descanso ni paz ni ningún tipo de cooperación.
Beth suspiró.
—Necesitan mis clases.
—Necesitan mucho más que tus clases —murmuró Phelony.
—¿Todavía sigue tirando sus dados de Farkle? —dijo Juliette con una risita—. Esa movida es tan graciosaaa.
Beth estuvo totalmente de acuerdo.
—Entiendo lo que quiere decir, pero lo está llevando demasiado lejos.
—Es que arrastra mucho.
Todas miraron a Phelony de nuevo.
—Bueno, no es asunto mío ir contándolo, pero...
—Cariño, solo queremos ayudar —aseguró Tegan con suavidad.
Era cierto, aunque también había una buena dosis de cotilleo.
—Bueno, ella es la que tiene esas cicatrices de quemaduras que le cubren la mitad del cuerpo bajo la ropa —susurró—. Del incendio de la casa. Yo tenía unos seis años cuando pasó. Descubrieron que fue culpa suya. Perdió a un hermano pequeño.
—Joder —murmuró Juliette, con un tono que reflejaba la expresión de todas.
—Qué horror —dijo Tegan con tristeza.
—¿Crees que él lo sabe? —preguntó Tully.
—No estoy segura. Se lo mencioné a Theodore, pero no sé si se lo habrá contado.
—¿Es por eso que se viste como una de esas maestras de La casa de la pradera? —preguntó Maggie.
—Quién sabe —dijo Beth, observando a la chica guapa—. Oh, mierda, viene hacia aquí.
—Vaya, eso sí que sería una novedad —apenas alcanzó a decir Tegan.
Y lo sería. Nunca se juntaba con ellas por mucho que intentaran incluirla. Beth pensaba que simplemente era tímida. Pero quizá tenía más que ver con las quemaduras. ¿Creería que todo el mundo lo sabía y la juzgaba? ¿Se mantenía alejada para no ver sus miradas de reproche?
—Y ahí se va —se maravilló Maggie cuando la chica giró bruscamente hacia la derecha.
El móvil de Beth vibró y lo sacó del bolsillo de atrás.
—Mah-Mah está llamando.
—Por fin —dijo Juliette—. Estoy lista para cerrar este mes y ver qué nos espera el próximo. Lista para pasar más tiempo con Kaj.
—Deberías tenerlo —dijo Beth—. Solo queda ejecutar todo lo que hemos preparado.
—¿Pero nuestros maridos tendrán el mismo descanso? —preguntó Felix, dudosa.
—Puede que tengamos que usar nuestro pase libre para verlos más —dijo Beth, deseando un marido lúcido que no cayera fulminado en cuanto su cabeza tocara la almohada.
Su «hacer el amor» se había convertido en una rutina matutina que le encantaba, pero echaba de menos sus noches tórridas y poder dormir entre sus brazos después.
—Todavía no me puedo creer que todo esto esté pasando.
Todas miraron a Cherie. —¿Qué? —preguntó Beth.
—Todo. —Sus ojos dejaban ver todos los miedos que no se atrevían a expresar—. Mi Sammie siempre anda preocupado. Intento no hacer preguntas, pero lo noto.