El rey sifón (Bayou Bishops nº 16) CAPÍTULO TRES
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CAPÍTULO TRES

Después de una mañana pescando con vara junto al pequeño Troy Abner, Hurricane por fin logró escaparse para leer la carta de Claire. Ella andaba inquieta, y él presentía que no era solo por el orgasmo que le había arrancado con artimañas.

Se dejó caer sobre un tronco junto al bayou y la abrió.

Querido Jeramiah,

Aquí tienes los detalles de mi vida que te prometí.

La vida ha sido un camino sinuoso para mí, con más revueltas que estos bayous. Nunca le he contado mi historia a nadie, serás el primero y el último, y jamás he tenido tanto miedo en mi vida. No de lo que voy a contarte, sino de lo que pensarás de mí cuando lo sepas todo.

Cada batalla que he librado dejó cicatrices más profundas que la anterior.

La pérdida de un hijo con el que apenas me había atrevido a soñar me destrozó de formas que no creía posibles.

Luego, en las enredaderas de mi árbol familiar, mi hermana, que una vez fue tan inseparable de mí como el ciprés lo es del pantano, me traicionó con mi marido.

Se le aflojó el brazo con esta noticia y bajó el papel. Jesús. Miró hacia la casa durante unos segundos y luego volvió a la carta, decidido a acabar de una vez.

Pero de aquello nació algo más que tristeza: trajo a este mundo a un niño hermoso que ahora es mi Troy Abner.

Joder. No era hijo de ella.

Mi hermana no sobrevivió esa noche, falleció allí mismo en el suelo de nuestra cocina, dejando atrás a un recién nacido que lloraba pidiendo el calor de una madre.

Cuento la historia de otra manera para protegerlo, porque él es mi rayo de luz en una noche interminable.

Te lo digo, Jeramiah, su primer llanto atravesó el silencio más largo y oscuro y me despertó.

De repente supe que la vida, con todo su dolor y su belleza, se abre paso contra todo pronóstico.

Eso es lo que ese dulce bebé me gritó. Y escuché.

El anhelo de amarla le arañó las entrañas y le robó el aliento.

Decidir ser el refugio de Troy Abner en un mundo que no me había mostrado ninguno no fue solo cuestión de supervivencia: fue mi declaración.

Mi desafío contra la oscuridad, por así decirlo.

Mi tumba en vida no sería el final de mi historia, sino una línea trazada en la arena, un anticipo de la vida de Troy.

Porque ese precioso ángel lo es todo para mí.

Ahí estaba. Todo para cualquiera menos para ella misma. Le aterrorizaba tener esperanza y soñar, y no iba a arriesgarse.

Ahora, nuestro comienzo, lo tuyo y lo mío, definitivamente no estaba en el guion. Enterarme de que fui elegida por casualidad y no por destino fue una píldora difícil de tragar. Resuena con viejas heridas de una vida en la que me entregaron para pagar la deuda de juego de mi padre, ¿puedes creerlo?

De nuevo, se le cayó el brazo sobre la rodilla mientras las náuseas lo invadían. Maldita sea.

Pero aquí estás, mostrándome que quizá los dados del destino pueden caer a favor de quienes solo han conocido la desgracia.

Ahora, sobre lo nuestro. Veo lo que me pides, y me da un miedo atroz.

De verdad no sé qué es ni cómo hacer ni ser nada de eso.

Mi exmarido solo sabía repartir dolor y sufrimiento de todo tipo y color.

Es lo único que conozco. Pero espero y rezo para que entiendas una cosa, Jeramiah.

Esta vida mía, hoy, ahora mismo, no va de mí, va de Troy Abner.

Lo que quiero y necesito, lo saqué de la ecuación el día que él nació para protegerlo.

Quiero ser una buena esposa para ti, eso puedes creerlo al cien por cien.

Quiero darte todo lo que necesitas y deseas.

Pero te estaría mintiendo descaradamente si te dijera que voy a estar arreglada y ser la esposa perfecta que esperabas la semana que viene, o el mes que viene, o el año que viene.

A pesar de toda la maldad y los obstáculos y los miedos, estoy dispuesta a obedecer todo lo que requieras y pidas en lo tocante a nuestro matrimonio y lecho matrimonial.

Moriría tres veces antes de hacer nada que te alejara de mí.

El pequeño Troy Abner te quiere más que al sol, la luna y las estrellas, y estoy dispuesta a dar todo lo que soy para proteger su dulce corazón.

Nunca he suplicado muchas cosas en mi vida, Jeramiah, pero te lo estoy suplicando ahora mismo. Por favor, no te vayas. Quédate. No por mí, sino por Troy.

Tuya de todo corazón,

Claire

Hurricane releyó esa última línea cinco veces más. No por mí, sino por Troy.

Bajó la carta, mirando hacia el pantano mientras la volvía a doblar, con las entrañas en llamas. ¿Pensaba que necesitaba suplicarle que se quedara? ¿Es que no había oído ni una puñetera palabra de lo que le había estado diciendo? Claro que no, no podía oír más allá de su pasado reciente y espantoso.

Con cada paso de vuelta a la casa, iba quedando claro qué era esto, qué estaba haciendo ella.

Todo giraba en torno a Troy Abner, no a ella, no a su esposa.

Eso era lo primero que tenía que cambiar.

Puede que no supiera mucho de matrimonio, pero sabía cómo cubrir la multitud de pecados que habían cargado sobre ella.

Y no dejaría de cubrirlos hasta que ella le perteneciera a él y a este matrimonio. Esta vida. Esta alegría.

Hurricane entró y encontró a Claire en el fregadero.

—¿Dónde está Troy Abner, Mamá?

—Arriba echando la siesta —dijo ella en voz baja, sin mirarlo.

—Leí tu carta. ¿Podemos hablar?

—Por supuesto —dijo ella.

Hurricane observó cómo seguía limpiando.

—¿Podemos hacerlo junto al bayou?

—Por supuesto —dijo ella de nuevo, dedicándole una sonrisa amable mientras se desataba el delantal.

Hurricane abrió la marcha, caminando lo bastante despacio para que ella le siguiera el paso.

—¿Estás bien, Mamá? —preguntó, recordándole que eso le importaba más que nada.

—¿Quieres estar de pie o sentarte? —preguntó ella cuando llegaron al tronco.

—De pie, si no te importa.

—Yo también —dijo ella, cruzando los brazos a la altura de la cintura y mirando hacia el bayou.

Él hizo lo mismo mientras buscaba la mejor manera de destapar ese tarro de pesadillas de su pasado.

—Primero, quiero decirte que te quiero a ti y a Troy Abner más que...

Se le cerró la garganta de repente y carraspeó.

—Más de lo que jamás soñé posible.

Dio una patada al borde del tronco, observándola con la cabeza gacha.

—Pero tú y yo no vemos las cosas de la misma manera.

—Bueno, dime cómo quieres que las vea, y lo haré —dijo ella con sencillez.

Él asintió.

—Mamá Osa, dispuesta a ponerse delante de una bala por Osito.

La miró.

—Espero que sepas cuánto me encanta eso.

—¿Pero? —lo instó ella, claramente esperando eso a cada paso de su vida.

—Verás, para ti, todo gira en torno a Troy Abner. Él es lo primero, tú vienes... demonios, ni siquiera apareces en esa lista. Y para mí, todo gira en torno a Mamá Osa. Ella es lo primero. Luego Osito.

—No me importa si me pones primero, Jeramiah —dijo ella con voz melosa.

Él negó con la cabeza. Ella iba a complicarlo todo.

—Claire, voy a decirte algo que no te va a gustar oír, pero lo diré de todos modos. Tú importas. Tú importas. Le importas a Troy, y me importas a mí.

—Jeramiah, lo sé —farfulló ella—. Sé que les importo a ambos.

—Mentira —dijo él ante ese tono falso—. No lo sabes. Pero lo sabrás.

—¿Quieres que firme algo? ¿Qué quieres de mí para demostrarte lo que sea que necesites?

Él la miró, con el corazón latiéndole con fuerza.

—Sí, claro que quiero que firmes algo, Claire. Quiero que firmes con tu corazón en la línea de puntos. ¿Puedes hacer eso?

—Por supuesto que puedo —dijo ella con esa misma facilidad ensayada.

—Bien —dijo él—. Si no te importa, me gustaría que lo firmaras aquí y ahora mismo.

—De acuerdo. Dime qué hacer.

—Puedes dejar que Troy Abner vaya a quedarse a dormir a casa de su otro líder favorito: 8-Bit y Tía Cats. Y tú y yo vamos a tener nuestra luna de miel.

Ella volvió el rostro hacia el pantano mientras él tensaba la mandíbula, listo y a la espera de la única respuesta que ella podía dar.

—Si eso es lo que quieres de tu esposa, encantada de obedecer —dijo ella finalmente, con toda tranquilidad—. Pero nuestra luna de miel tendrá que esperar hasta que se me pase la regla.

En serio.

—No me importa esperar. Hay muchas otras cosas que podemos hacer.

Si es que eso era verdad.

Ella se encogió de hombros con esa sonrisa falsa.

—Lo que tú quieras.

Así que realmente iban a hacer las cosas de esta manera.

Pero él necesitaba descubrirle el farol.

Ella tenía que sentir cada pizca de lo que él sentía por ella, y se tomaría todos los días que fueran necesarios para demostrárselo.

Ella conocía la pérdida y el dolor. El sufrimiento y la traición.

Él le daría lo contrario hasta que fuera todo lo que conociera, todo lo que recordara.

El fuego que encendería en ella reduciría a cenizas ese infierno en el que estaba atrapada.

ZENITH NO SABÍA dónde poner ni ocultar toda su alegría.

No quería ser un problema para su Rey, y parecía que todo lo que decía y hacía estaba mal.

No hay alegría como esta en mí para dar.

Nunca podría haber palabras más tristes.

Quería consolarlo con todas sus fuerzas.

Recordó su reproche cuando mencionó que le gustaba que la tocara. ¿Cómo podía eso tener poder sobre él?

Le temblaban las piernas mientras se sentaba en el sofá a esperarlo, mirando de nuevo alrededor de la sala.

¿Dónde estaba Jinxxy? ¿Habría una gatera?

Recordó que dormiría en su cama. Lástima que él no estaría en la misma habitación, al menos.

Se había mudado a aquella oficina, entre todos los lugares posibles.

No era demasiado pequeña, pero no era la habitación de él, que tanto le gustaba.

No recordaba haber dormido nunca en algo así.

Por fin entró él en la sala, y a ella se le desencajó la mandíbula al ver lo que llevaba puesto.

Vaqueros negros desgastados y una camiseta negra, con cadenas colgando por todas partes como siempre.

Se quedó allí sentada, luchando por parecer tranquila mientras le echaba vistazos furtivos.

¡Increíblemente guapo! Esas gafas oscuras sobre sus ojos le provocaron un escalofrío que le recorrió la piel acalorada.

Él se sentó en el sofá que estaba junto al de ella.

—¿Estás bien?

Su voz profunda añadió un orgasmo auditivo al orgasmo visual secreto que aún continuaba.

Cerró la boca, presa del pánico ante la pregunta. Ante cualquier pregunta. Siempre las respondía mal.