Epílogo
Tate
No puedo evitar la sonrisa que se me dibuja en el rostro al ver a la mujer que avanza hacia mí por el pasillo blanco.
La exuberante vegetación de los jardines botánicos forma un brillante telón de fondo detrás de ella.
Su expresión está cargada de amor, y el bulto del vientre apenas se adivina bajo el precioso vestido blanco de cintura alta que lleva puesto.
A mi lado, Cole se ha quedado completamente inmóvil mientras se acerca su futura esposa.
—Respira, tío —murmuro por lo bajo—. Podría dar una mala impresión si te desmayas cuando ella llegue a tu lado.
—Que te jodan. Estoy respirando —dice, aunque se le quiebra la voz. Tiene los ojos brillantes y no los aparta de Delilah.
Se me encoge el pecho ante esa muestra de emoción por su parte. Ver su felicidad, lo completo que Delilah lo ha hecho sentirse, me llena de una gratitud increíble. No solo porque haya encontrado el amor, sino también porque, junto con Roman, estoy a su lado mientras da este paso.
Y estoy más que agradecido de poder identificarme con lo que siente por su futura esposa.
Diviso a Violet sentada en la primera fila; el blanco de las sillas resalta sobre el césped verde.
No me está mirando. Está observando cómo Beth, la madre de Delilah, la acompaña hasta el altar.
La contemplo, desde el elegante recogido que resalta la esbelta curva del cuello hasta el bonito vestido azul con hombros al aire que lleva, a juego con el color de sus ojos.
Está perfecta. Y es mía.
El anillo lleva tres meses de nuevo en su dedo, y las cosas no podrían ir mejor. Violet regresó al ático al día siguiente de mi regreso de California, y al instante volví a sentirme como en casa.
Mis hermanos apenas pestañearon cuando les dije que Violet y yo estábamos oficialmente comprometidos. Cole me dio una fuerte palmada en la espalda y un abrazo masculino, mientras que Roman sacudió la cabeza con una sonrisa irónica en el rostro.
—Cayendo como malditas fichas de dominó… —fue todo lo que dijo.
Lo miré con las cejas arqueadas.
—He oído que la última ficha de dominó es la que cae con más fuerza.
Resopló.
—Ya he pasado por eso antes y no tengo ningún deseo de repetir la experiencia.
Cole y yo intercambiamos una mirada, pero no hicimos más comentarios.
Llámame romántico —y te garantizo que nadie lo ha hecho nunca—, pero me gusta pensar que hay una mujer ahí fuera dispuesta a poner el mundo de mi hermano patas arriba.
Delilah se acerca a nosotros, le da un beso en la mejilla a su madre y le pasa el ramo de flores. Sonríe con dulzura mientras Beth ocupa su lugar junto a la única otra dama de honor, Alex, su mejor amiga. Luego se vuelve hacia Cole, y sus ojos verdes brillan cuando lo mira.
Siento un pinchazo en el pecho al imaginar el momento en que un par de ojos azules me miren de la misma manera.
Tampoco es que Violet y yo tengamos prisa por casarnos.
Estoy más que encantado de esperar a que esté lista porque sé que no es porque no me quiera o no confíe en mí.
El comienzo de nuestra relación fue un torbellino, y después de lo que pasó con Eric, no la culpo por querer asentarse en una vida más tranquila conmigo antes de fijar una fecha y verse envuelta en la locura de planificar una boda.
Pero cuando Delilah y Cole decidieron no esperar hasta después del nacimiento de su hija para casarse, lo organizaron todo en muy poco tiempo.
Aunque King Group cuenta con numerosos hoteles que podrían haber acogido una gran boda de alta sociedad, Delilah quería algo al aire libre y mucho más íntimo.
Y aquí, con un arco de madera adornado con hiedra, rosas blancas y peonías y la sutil fragancia de las flores llenando el aire, es mucho más ella misma que en cualquier salón de baile resplandeciente.
Todos hemos visto el interior de suficientes salones de baile como para toda una vida.
Cole y Delilah se dan la mano mientras el oficiante los guía a través de los votos, breves, sencillos, pero cargados de emoción.
Se oyen susurros entre los invitados, y las lágrimas brillan en las mejillas de Beth, que está detrás de su hija.
Pero es la emoción en el rostro de mi prometida lo que acapara mi atención.
Cuando se da cuenta de que la estoy mirando, me dedica una sonrisa vacilante.
Tengo la sensación de que a ella también se le van a escapar las lágrimas en cualquier momento.
Me doy cuenta de que me he distraído de la ceremonia cuando oigo las palabras «Ya puede besar a la novia».
Quizá perderme el final de los votos me convierta en un mal padrino, pero creo que Cole me perdonará.
Tampoco parece que le importe, de todos modos.
Mientras los invitados estallan en vítores, él acaricia las mejillas de Delilah y la besa como si no hubiera nadie mirando.
Cuando se separan, creo que nunca había visto a mi hermano sonreír tan ampliamente. Roman, de pie a mi lado, carraspea.
—Contrólate —le digo, tratando de contener la sonrisa burlona—. Sé que es emotivo, pero ¿qué pensará la gente si el gran y malvado director ejecutivo de King Group rompe a llorar en la boda de su hermano?
Entrecierra los ojos y, entonces, sorprendentemente, esboza una leve sonrisa.
—Más o menos lo mismo que pensarán cuando el playboy director de marketing caiga de rodillas ante el altar al ver a su novia por primera vez.
Me río entre dientes, observando cómo Delilah coge el ramo de las manos de su madre y luego toma de la mano a Cole.
—Quizá algún día podamos ver cómo reaccionas al casarte con el amor de tu vida.
Como era de esperar, la respuesta es solo un resoplido burlón, y sonrío para mis adentros mientras cojo a Alex del brazo para seguir a Cole y Delilah de vuelta por el pasillo.
Al pasar por la primera fila, le guiño un ojo a mi prometida, y ella me dedica esa sonrisa hermosa, amplia y espontánea que tanto me gusta.
Hace dos años, no habría podido ni imaginar un día como hoy: Cole casándose con la mujer que ama y el anillo en el dedo de una mujer que siento que siempre estuvo destinada a ser mía.
Y dentro de unos meses, habrá un nuevo miembro de la familia King.
Esta vez, la criaremos con todo el amor y el cariño que la familia pueda darle.
Poco después, me abro paso entre las mesas del jardín hasta que encuentro a Violet hablando con la madre de Delilah.
La estrecho entre mis brazos y la beso y, como siempre, al sentir su sabor en mi lengua, tengo que luchar contra el impulso de que el beso se vuelva más apasionado.
Nada me gustaría más que deslizar las manos bajo su falda y agarrarla del trasero, pero me contendré hasta que lleguemos a casa.
Cuando dejamos de besarnos, Beth se está riendo.
—Creo que os voy a dejar solos, tortolitos. —Violet intenta protestar, pero Beth le hace un gesto con la mano para que lo olvide y le dedica una cálida sonrisa—. De todos modos, creo que ya es hora de que vuelva a abrazar a mi hija y a mi nuevo yerno.
Cuando se aleja, Violet se vuelve hacia mí.
—Estabas tan guapo ahí, con tu esmoquin…
—No podía quitarte los ojos de encima —le digo. La beso de nuevo y no quiero parar. Pero me veo obligado a hacerlo cuando sirven la comida.
En lugar de una cena formal sentados a la mesa, hay varios puestos gourmet repartidos por la zona que sirven una gran variedad de platos.
También hay un bar surtido con vinos selectos, cervezas artesanales, licores de primera calidad y cócteles especiales.
Las mesitas repartidas por todo el espacio permiten a los invitados moverse y charlar durante la comida, lo que contribuye a mantener el ambiente relajado de la boda.
Una hora más tarde, después de haber comido y de habernos hecho fotos con la feliz pareja —aunque quizá «feliz» sea exagerar el estado de ánimo de Cole al tener que compartir a su novia con tanta gente—, me encuentro junto a Roman en el bar mientras Violet habla con Alex y su marido, la estrella de rock Jaxson.
—¿Te lo estás pasando bien? —le pregunto, después de que el camarero me sirva el whisky.
—Es mejor que ir a otra gala.
Suelto una risa de sorpresa.
—Es verdad. Quizá podríamos bajar un poco el tono. Ya le hemos demostrado al mundo que no somos como papá. No deberíamos seguir haciendo alardes ni intentar demostrar nada más.
Asiente con lentitud.
—Creo que tienes razón. —Es un alivio. Aunque tener a Violet a mi lado ha hecho que asistir a eventos formales sea más agradable, prefiero estar en casa con ella, haciéndola gritar el nombre—. He oído que han condenado a Eric.
Lo miro de soslayo: desde el arresto de Eric y la retirada de las fotos, rara vez hablamos de lo que hicimos.
—Sí, seis años de cárcel en una prisión federal. Quizá acabe en la misma que papá. Eso sería muy poético.
Una sonrisa suaviza la expresión severa habitual de Roman.
—Sí que lo sería… —Una sensación de calidez me invade el pecho. Una sensación que se ha vuelto familiar desde que Violet entró en mi vida: la sensación de pertenecer a algo. Me vuelvo hacia mi hermano. ¿Él también la siente? Él me mira a los ojos y enarca una ceja oscura—. ¿Qué?
Niego con la cabeza.
—Nada.
Me mira fijamente un momento más, carraspea, como si hubiera decidido no insistir en el tema.
—¿Has hablado con Violet sobre tu idea?
Le doy un sorbo a mi copa antes de responder.
—Todavía no. Ya veré esta noche qué opina.
—Avísame de cuál ha sido su decisión.
—Lo haré. —Espero que a Violet le interese ampliar True Brew.
Necesitamos una cafetería para el vestíbulo de Genesis-1, y no quiero que sea True Brew solo porque es de Violet.
Creo sinceramente que el carácter sostenible y el espíritu comunitario encajan en el ámbito de Genesis-1, mientras que la calidad del café mantendrá contentos a los residentes adinerados.