50
Violet
Con un suspiro, acurruco las piernas bajo el cuerpo en el pequeño pero cómodo sofá.
La cafetería ha vuelto a estar a tope, y aunque eso me hace increíblemente feliz, volver a casa, a mi apartamento tranquilo y vacío, algo que antes nunca me molestaba, ahora me clava el cuchillo en el corazón un poco más fuerte.
Estoy en pijama, cambiando de canal una y otra vez para buscar algo que me distraiga del hueco que tengo permanentemente en el pecho, cuando llaman a la puerta.
Me incorporo, con un cosquilleo de nervios recorriéndome la columna. ¿Quién viene a visitarme a estas horas de la noche? Anna me habría mandado un mensaje si fuera a venir.
Después de dejar el mando a distancia sobre el cojín, me dirijo a la puerta.
Cuando echo un vistazo por la mirilla, se me encoge el corazón y me quedo sin aliento.
Ese amplio pecho y esos anchos hombros me resultan tan familiares como mi propio reflejo.
La mandíbula cincelada que conozco tan bien está ahora muy tensa y un músculo palpita en ella.
En lugar de abrir la puerta, doy un paso atrás.
No estoy segura de estar preparada para escuchar lo que Tate tenga que decirme; ya sea que haya venido a reafirmar el estado actual de nuestra relación, o para confesarme que me echa tanto de menos como yo a él, no puedo permitirme el lujo de volver a mostrarme vulnerable.
Me dejó marchar con demasiada facilidad.
¿Quién me dice que no lo volvería a hacer?
—Sé que estás ahí dentro, Violet. —Su voz grave traspasa la puerta—. No te culpo por no querer hablar conmigo, pero tienes que escuchar lo que tengo que decirte. Si después de eso aún quieres echarme, me iré. Aunque no puedo prometer que no vaya a volver.
Con las manos contra el pecho, inspiro hondo una vez, y luego otra, intentando que el pulso se me estabilice. Entonces me doy cuenta de que estoy tocando la piel desnuda del dedo anular izquierdo y bajo las manos apresuradamente.
—Violet. —La voz es ahora más grave, más áspera—. Por favor.
La tensión en su tono me empuja a actuar. Con las manos temblorosas, abro la cerradura y la puerta de par en par. Por un momento, nos quedamos así, uno a cada lado del umbral, mirándonos fijamente. Tate traga saliva.
—¿Puedo pasar?
Le hago un gesto de asentimiento, aunque un poco a trompicones, y doy un paso atrás para dejarlo entrar.
Intento no inhalar su aroma cuando lo hace, pero ese olor familiar, fresco y masculino, me llega de todos modos.
Aprieto con fuerza los dedos alrededor del pomo y cierro la puerta con un poco más de fuerza de la que pretendía.
Me quedo ahí plantada, sin saber muy bien dónde ponerme en este pequeño espacio para que no estemos demasiado cerca. Cuando cruzamos la mirada, veo que sus ojos dorados se le han oscurecido hasta volverse de color bronce.
—Te dejé un mensaje. —En cuanto pronuncio las palabras, me arrepiento. ¿Para qué vamos a incomodarnos al recordar que él no se molestó en responder ni en llamarme?
—Lo sé. —Se le tensan los músculos como si quisiera moverse, acercarse, pero mantiene los pies clavados donde están—. Quería tomar una decisión antes de permitirme hablar contigo.
—¿Permitirte?
Asiente con lentitud.
—Te hice daño, Violet, y me mató hacerlo. Quería asegurarme de que no iba a volver a ocurrir sin darme cuenta.
Tengo el pecho tan oprimido que me cuesta hablar.
—¿Así que necesitabas volver a tus viejos hábitos para asegurarte de que de verdad estabas dispuesto a renunciar a ellos?
Tensa la mandíbula.
—N he vuelto a mis viejos hábitos. Para mí nunca ha habido vuelta atrás porque ahora te tengo a ti.
Me cruzo de brazos para darme fuerzas y ocultar el temblor de las manos.
—Te vi, Tate. Vi las fotos en las que salías con esas mujeres. Dejaban muy claro que habías seguido adelante sin ninguna dificultad.
Esta vez sí da un paso hacia mí, pero levanto la mano para detenerlo. Permitir que se acercara demasiado fue lo que provocó este desengaño en primer lugar.
Se balancea sobre los talones y se pasa la mano por la nuca.
—Es que necesitaba que creyeras que había seguido adelante sin más. Es lo que quería que todos creyeran. Especialmente Eric.
La conmoción me recorre el cuerpo y bajo los brazos.
—¿Qué tiene que ver Eric con todo esto?
Con un profundo suspiro, Tate se lleva la mano a la boca.
—Sabes que Eric fue arrestado por malversación. Lo que no sabes es que intentó extorsionarme para reemplazar el dinero que robó.
Ahora soy yo quien se echa hacia atrás.
—¿Qué? ¿Cuándo? ¿Cómo?
—El día que fui a Onyx. Eric fue a verme a la oficina esa tarde. Después de conseguir que se marchara, fui a hablar con Reid. Necesitaba su ayuda para gestionar la situación.
Niego con la cabeza.
—Pero ¿qué podría tener él contra ti? Si ni siquiera os conocéis…
—Esta vez, cuando Tate se acerca a mí, estoy demasiado sorprendida como para obligarlo a mantener la distancia entre nosotros.
Me pasa una mano por los hombros para mantenerme con suavidad en mi sitio.
Tiene el ceño fruncido y, por primera vez, me fijo en sus ojeras—. ¿Qué hizo Eric? —susurro.
—Tenía fotos comprometedoras.
Parpadeo.
—¿Y cómo consiguió fotos tuyas? —Se me ocurre un pensamiento, seguido de una lenta oleada de náuseas—. ¿Fueron durante nuestro acuerdo? ¿Te pilló con… con otra mujer?
—¡Joder, no! —exclama, con una expresión agónica en su rostro—. No he tocado a otra mujer de esa manera desde que regresaste a mi vida, Violet. —Suspira—. Eran fotos tuyas.
Lo miro sin comprender.
—¿Mías? Pero yo no hice nada mientras estuvimos juntos.
—Las tomaron cuando estabas con él.
Se me hace un nudo en el estómago.
—¿Qué? —digo sin aliento.
Me acaricia los hombros con suavidad.
—Te hizo fotos sin que lo supieras mientras teníais relaciones íntimas. Lo siento muchísimo, Violet. Es un pedazo de mierda que se merece todo lo que le vaya a pasar.
—No. —Niego con la cabeza—. No. Él no haría una cosa así.
—Busco en su rostro algún indicio de duda.
Cualquier atisbo de que pueda estar equivocado.
Pero la rigidez de su mandíbula y el fuego en sus ojos me dicen la verdad, y me da un vuelco el corazón—.
No puedo creerlo —murmuro—. No puedo creer que hiciera algo así.
—Se me llenan los ojos de lágrimas. Dios, estoy cansada de llorar. Es agotador.
—De ninguna manera iba a dejar que te chantajeara con esas fotos y arriesgarme a que las usara más adelante, cada vez que necesitara algo.
O, Dios no lo quisiera, que te amenazara con algo peor.
La única forma que se me ocurrió para solucionarlo fue decirle la verdad, pero mintiendo descaradamente al mismo tiempo.
De repente, lo comprendo todo.
—¿Le contaste lo del acuerdo?
Asiente, con una mirada preocupada, escrutando mi rostro.
—Le dije que no me importaba lo que hiciera con las fotos porque nuestro acuerdo era temporal. Se marchó, pero sabía que estaría al acecho. Así que Cole, Roman, Reid y yo eliminamos cualquier amenaza que pudiera suponer en el futuro. A él y a esas malditas fotos. Pero llevó tiempo.
—¿Las fotos han desaparecido? —La voz me tiembla al hacer la pregunta.
Asiente.
—Se han borrado todas las copias.
El alivio que debería sentir se ve empañado por la conmoción. ¿Cómo ha podido pasarme esto? Me cruzo de brazos, como si así pudiera mantener la compostura.
—¿Por qué no me lo dijiste? ¿Por qué tuviste que hacerme sentir tan rechazada?
Tate da un paso atrás y se pasa la mano por el pelo.
—Lo que hicimos no era legal, y no podía arriesgarme a que te vieras envuelta en eso si salía mal. Si las cosas se iban al garete y la policía tomaba cartas en el asunto, no podías quedar implicada. Si lo hubieras sabido, te podrían haber acusado de conspiración o de complicidad.
Me tambaleo hasta el sofá y me siento mientras asimilo esas palabras.
—¿Así que rompiste nuestro compromiso y me mantuviste en la ignorancia para que estuviera a salvo?
Su única respuesta es un simple asentimiento.
No sé qué pensar. La cabeza me da tantas vueltas que apenas puedo procesar todo lo que me está contando: que Eric resultara ser un delincuente y alguien capaz de traicionarme aún más de lo que ya lo había hecho; que Tate me protegiera rompiéndome el corazón.
Todo lo que ha pasado en los últimos meses; en los últimos años.
Incluso que True Brew finalmente haya dado un giro a mejor. Es demasiado.
Un escalofrío se apodera de mi pecho y me tiembla todo el cuerpo.
Tate se sienta a mi lado y dejo que me envuelva en sus brazos.
Estoy desesperada por rodearlo con los míos y estrecharlo con fuerza contra mí, por dejar que me sirva de ancla cuando me siento tan desorientada, pero no puedo hacerlo.
Los pensamientos me dan vueltas en la cabeza y todos mis músculos están tensos.
Entiendo el razonamiento de Tate, que pensó que estaba haciendo lo correcto.
No puedo culparlo por eso, pero las últimas semanas han sido devastadoras.
He llorado casi tanto como cuando murió mi padre y el corazón se me ha hecho pedazos.
Luché con todas las fuerzas para protegerme de Tate, solo para acabar enamorándome de él de todos modos.
Y entonces me lo quitó todo, tal y como había temido.
—Violet —murmura—. Lo siento. Siento muchísimo haberte hecho daño, que Eric te haya hecho daño.
No hay forma de detener las lágrimas que brotan de mis ojos.
Antes de que pueda secármelas, me acaricia la piel con los pulgares.
Ese gesto tierno no hace más que agudizar el dolor que siento.
Me mira, con los ojos llenos de tantas emociones: la pena, el arrepentimiento y su propio sufrimiento se entremezclan en su expresión.
Lo agarro de las muñecas, pero no le aparto las manos de mi cara.
—¿Qué haces aquí, Tate? ¿Por qué has venido? —pregunto con voz temblorosa.