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Violet
El aroma terroso de los granos de café recién tostados impregna True Brew mientras coloco las sillas y limpio las mesas. Esta noche es la primera cata y siento un torbellino de emoción y ansiedad. Las preocupaciones sobre si vendrá gente y qué pensarán de las muestras me han perseguido todo el día.
Aunque he aceptado con agrado el pánico que esas preocupaciones traen consigo porque bajo la superficie subyace una agonía profunda.
No he sabido nada de Tate desde que le dejé el anillo de compromiso en el apartamento y me fui, hace ya dos semanas.
Y no solo es por eso, sino también porque he visto las fotos de Tate en diversos eventos con una mujer guapa tras otra.
La última imagen con la que me topé regresa a mi mente.
Es la que hay en una revista abierta por la sección de sociedad: Tate, demasiado cerca de una mujer deslumbrante con un vestido rojo cuyo escote le llegaba casi hasta el ombligo.
Hacían una pareja impresionante. Si pensaba que mi corazón no podía estar más roto que cuando salí del ático de Tate, estaba equivocada.
Verlo tan completamente imperturbable, como si ya se hubiera olvidado de mí, hace que las lágrimas me inunden los ojos en momentos aleatorios a lo largo del día.
Vuelvo a apartar esos pensamientos penosos de mi mente. Durante un tiempo me olvidé de centrarme en True Brew, me dejé distraer, pero no pienso volver a permitirme perder de vista lo que es importante.
Cuando termino de colocar las tazas de degustación, me dirijo a la barra. A pesar de la pena, no puedo evitar sonreír al ver la variedad de mezclas en jarras decoradas con etiquetas.
—Ánimo, jefa. —Jarrod sale de la trastienda—. Todo tiene muy buena pinta. Esta noche va a ser increíble.
Esbozo una sonrisa forzada.
—¿Tú crees?
Me da una palmada en el hombro, con una expresión cálida y cargada de afecto.
—Lo sé. Ahora, dime en qué más puedo ayudarte.
Inspiro hondo, dejando que el aroma del café y la confianza de Jarrod me den fuerzas. He trabajado demasiado duro —hemos trabajado demasiado duro— para que esta noche sea un éxito.
Que le den a Tate, haré todo lo posible por disfrutar de este momento.
—¡Ya estoy aquí! —exclama Anna cuando llega corriendo desde la trastienda—. Dime qué puedo hacer.
Me apresuro a llegar junto a ella y la abrazo.
—Muchas gracias por venir.
—Siempre, Vi. Siempre vendré cuando me llames. —Me agarra por los brazos y me aparta de ella para mirarme a la cara—. ¿Estás bien?
Siento la quemazón de las lágrimas, pero las ahuyento parpadeando.
—Lo estaré. —Es lo mismo que le he estado diciendo desde que me recogió en casa de Tate.
—Claro que sí. Vas a estar mejor que bien. Ahora dime qué necesitas que haga.
—¿Me ayudas a colocar los pasteles?
—Siempre y cuando pueda robar uno.
Se me escapa una risa débil pero sincera.
—Puedes coger dos.
Me pongo manos a la obra con los bocaditos de pastelería y las tazas llenas de mezclas ricas y aromáticas, apartando de la mente cualquier pensamiento sobre Tate y mi corazón roto.
Esta noche se trata de True Brew y del legado de mi padre, no de mis emociones confusas.
Esta es la oportunidad de honrar su memoria y de demostrar que puedo reconstruir la vida según mis propios términos.
Cuando me acerco a ver cómo va todo, Jarrod está terminando de preparar las últimas mezclas.
—Casi está listo. —Me guiña un ojo.
Le doy una palmadita en el brazo y se lo aprieto amistosamente.
—¿Qué haría yo sin ti?
—Por suerte, nunca vas a tener que averiguarlo. —La sonrisa se le desvanece del rostro y su expresión se le vuelve seria—. Estoy aquí para ti, Violet. Pase lo que pase, tienes mi apoyo.
Se me hace un nudo en la garganta.
—Gracias, Jarrod. Eso significa mucho para mí.
Me mira un instante más, luego me dedica una sonrisa amable y vuelve a lo que estaba haciendo.
Por fin estamos listos. Abro la puerta y espero, mirando el reloj varias veces a medida que la ansiedad va en aumento.
Pero, por fin, los primeros clientes empiezan a llegar poco a poco.
Los nervios crecen en mi interior pero se convierten en emoción cuando los primeros en llegar me saludan con sonrisas y comentarios entusiastas.
Unos minutos más tarde, Mark y su novia, Ashley, entran. Les doy a los dos un gran abrazo.
—Muchas gracias por venir.
—Como si fuéramos a perdérnoslo —replica Mark.
—Huele de maravilla aquí dentro. —Ashley cierra sus bonitos ojos marrones e inhala el olor profundamente.
Con las manos en los bolsillos, Mark levanta la barbilla y examina la cafetería, que ahora cuenta con asientos a juego, nuevas obras de arte en las paredes y luces centelleantes que cuelgan del techo.
—Has transformado este lugar de verdad, pero sigue transmitiéndote la misma sensación de siempre. —Dirige una cálida mirada hacia mí—. Lo has conseguido, Violet. Papá estaría muy orgulloso.
Miro a mi alrededor, invadida por una repentina oleada de felicidad. Puedo imaginarme a mi padre aquí, con una sonrisa de oreja a oreja mientras habla de los granos de café que tanto le gustaban, con sus carcajadas retumbando en la sala.
—Yo también lo creo.
Mark se agacha hacia su novia.
—¿Quieres empezar sola con las catas? Tengo que hablar con Violet de algo. Luego te busco.
Una vez que ella se dirige a una de las estaciones de cata, Mark se vuelve hacia mí, con el ceño fruncido.
—¿Qué tal te va ahora que vuelves a ser una mujer libre? —Me esfuerzo mucho por controlar la expresión, pero la barbilla me tiembla y, por un momento, no estoy segura de poder hablar sin derrumbarme. Mark frunce aún más el ceño y da un paso hacia mí—. Vi, no te habrá hecho daño, ¿verdad?
Enderezo los hombros. No tengo ningún interés en echar a perder la amistad de Mark con Tate, o peor aún, en darle una razón para poner en riesgo su trabajo.
Al fin y al cabo, es culpa mía por enamorarme de un hombre que sabía que no estaba interesado en sentar cabeza, por mucho que pudiera haber disfrutado de esos pocos meses fingiendo…
—No me hizo daño. Solo estoy cansada, eso es todo.
El ceño fruncido se suaviza un poco, aunque no desaparece del todo.
—¿Estás segura? Porque sabes que le daré una paliza si…
Niego con la cabeza.
—No hace falta que le des una paliza. Te lo prometo. —Le doy un beso en la mejilla—. Ve con Ashley, diviértete y cuéntame qué te parecen los cafés que hemos elegido.
Por fin, la tensión se disipa de su rostro. Se frota las manos.
—Me muero de ganas. —Cuando ve a Ashley, una suave sonrisa se le dibuja en los labios.
Al ver cómo la mira, no puedo evitar preguntarme cuándo le pedirá matrimonio.
La idea me produce sentimientos encontrados.
Estoy encantada de que haya encontrado a alguien que lo haga tan feliz, pero, aunque la calidez de ese sentimiento cala en mi interior, se me forma un nudo en el pecho que me esfuerzo por deshacer.
Me alegro por Mark, y esta noche no debería girar en torno a Tate.
Debería girar en torno a True Brew y a mi familia.
Una hora más tarde, el evento está en pleno apogeo y el ambiente dentro de la cafetería es muy animado.
Los clientes llenan todo el espacio, degustan muestras de los cafés cuidadosamente seleccionados, charlan y comparten sus impresiones sobre los que consideran sus favoritos.
Me muevo de mesa en mesa, respondo preguntas y me regodeo con lo mucho que están disfrutando; sirvo muestras y explico los orígenes de cada mezcla, así como el proceso que seguimos para obtenerlas.
Cuando me dejo caer en un asiento entre Anna y Mark, suelto un profundo suspiro. Me duelen los pies, pero tengo el corazón rebosante de felicidad.
—Estas tarjetas de cata son una idea genial —dice Anna, agitando el pequeño folleto delante de mí—. Me encanta poder comparar fácilmente los perfiles de sabor.
Reclinada en la silla, me abanico la cara acalorada.
—He pensado que estaría bien que fuera un evento interactivo.
Mientras la fragancia terrosa del café me acaricia las fosas nasales, me inunda una auténtica sensación de satisfacción, un recordatorio de la sencilla alegría que True Brew ha traído a mi vida, a la de toda la familia.
Media hora más tarde, después de haber servido otra ronda, me detengo para coger aire y contemplar el local de nuevo. El lugar está lleno de vida y energía, rebosante de conversaciones y risas. Lo hemos conseguido. Hemos vuelto a hacer realidad el sueño de mi padre.
Parpadeo rápidamente, intentando detener las lágrimas.
Él habría estado tan orgulloso… Esta noche es agridulce, teñida de tristeza y alegría a partes iguales.
He encontrado mi propósito en el lugar que más amaba y esto es un nuevo comienzo tanto para mí como para True Brew.
Pero siento un hondo dolor en el pecho de tanto desear que mi padre estuviera aquí para verlo.
Pero en el fondo, sé la verdad. En realidad, no ha llegado a irse: su recuerdo, junto con el de mi madre, sigue vivo en estas paredes, y en mi corazón, así como en el de Mark.
A pesar del orgullo que me invade, no puedo sacarme de encima el vacío que hay tras él.
Durante semanas me he imaginado a Tate aquí, compartiendo este momento conmigo.
Sin embargo, mientras yo estoy aquí, dedicando todo lo que tengo a este lugar, él está en algún lugar, de regreso a su vida de playboy despreocupado.
Solo de pensarlo se me revuelve el estómago.
Jarrod me mira desde detrás del mostrador y me dedica una sonrisa de ánimo, como si intuyera las turbulentas emociones que me agobian.
Le hago un gesto de asentimiento, agradecida como siempre por su apoyo, y luego vuelvo a centrar la atención en los clientes que esperan más degustaciones.
Mantenerme ocupada me ayudará a superarlo todo.