El rey salvaje (Empty Kingdom 2) 45
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Tate

No sabía lo vacío y desolado que era este apartamento hasta que Violet lo llenó con su calidez, y luego recogió sus cosas y se marchó.

Ahora que se ha ido, estar aquí es casi insoportable.

Se mudó hace tres días y desde entonces, no he dejado de debatir conmigo mismo.

¿Estoy haciendo lo correcto? Quizá debería decirle la verdad.

Pero si existe el más mínimo riesgo de que pueda sufrir las consecuencias de lo que estoy haciendo —de lo que estamos haciendo—, no puedo correr ese riesgo.

Me desplomo en una silla del comedor con el anillo de compromiso de Violet entre los dedos.

Estaba demasiado destrozado cuando me di cuenta de que se marchaba antes de lo previsto como para fijarme en que no lo llevaba puesto.

Pero cuando me obligué a entrar en el dormitorio, lo vi inmediatamente, sobre la mesita auxiliar.

Esperaba que se lo quedara. Pero ¿por qué iba a hacerlo después de que yo rompiera con ella? Cierro los ojos y, una vez más, me invade el recuerdo de expresión devastada de su rostro cuando le dije que se había acabado. Joder. Siento tal opresión en el pecho que me cuesta respirar.

Quizá por eso mis padres no nos hacían caso; quizá por eso mi padre biológico no se quedó con nosotros.

El amor jode de verdad. Amar a alguien y verse obligado a hacerle daño para protegerlo es una agonía sin igual.

Aprieto con fuerza el anillo de Violet hasta que uno de los diamantes se me clava en la palma.

Ese pinchazo es preferible al dolor que me atenaza el pecho.

Esta noche tengo que asistir al primer evento público sin Violet desde que empezó todo esto.

Por dentro, tengo el corazón hecho añicos, pero debo poner cara de póquer.

Me van a sacar un montón de fotos y no puede parecer que me estoy desmoronando sin ella, por si acaso su ex, ese gilipollas, las ve.

No dudo de que esté lo bastante desesperado como para volver a amenazarme si descubre que le he mentido.

Después de ponerme la chaqueta del traje, me meto el anillo de Violet en el bolsillo, deseando con todas mis fuerzas que llevarlo conmigo me ayude a pensar que lo que estoy a punto de hacer parezca menos una traición. Como mínimo, será el estímulo que necesito para superar esta noche.

A mitad de camino hacia el ascensor, mi teléfono suena en el bolsillo. Reduzco el paso, lo cojo y el pulso se me dispara cuando el nombre de Reid aparece en la pantalla. Deslizo el dedo para contestar.

—Hola, tío. Por favor, dime que tienes buenas noticias.

—Es demasiado pronto para eso —responde, y hago todo lo posible por contener la decepción—. Pero he pensado en que sería mejor ponerte al día. Mi contacto ha tanteado el terreno y cree que tendrá acceso total a las cuentas de Eric a finales de la semana que viene.

Me rasco la frente e inspiro hondo, reprimiendo la oleada de irritación que se suma a la decepción.

—¿Tanto tiempo? Creía que habías dicho que era bueno.

Reid suelta un gruñido.

—Lo es. Pero tampoco quiere dejar rastros. Si lo pillan pirateando las cuentas de trabajo de Eric, las repercusiones para todos nosotros serían enormes. Y, teniendo en cuenta el puesto que tiene, la seguridad es desproporcionadamente alta. Lo que, con suerte, significa que tiene algo que ocultar.

—Entonces, ¿son buenas y malas noticias?

—Algo así. —Deja escapar un suspiro—. ¿Cómo lo llevas?

—No muy bien. Solo han pasado tres putos días y ya quiero ir a su casa, cargarla a hombros y traerla de vuelta aquí.

Se ríe entre dientes.

—Nunca pensé que vería el día en que Tate King se comportara como un cavernícola por una mujer.

—Es curioso lo que te hace el amor.

—¿Amor? ¿Es eso? —La voz de Reid se eleva, sorprendida.

—Es justo eso. Puede que tenga que ocultar lo que siento ante el público, pero eso no significa que tenga que ocultarlo ante los amigos.

—¿Ella siente lo mismo?

Dejo escapar un largo suspiro. Ella no lo ha puesto en voz alta —y yo tampoco—, pero sus actos y su franqueza conmigo durante los últimos meses me hacen posible creer que es así.

—Joder, eso espero. Si no, voy a acabar sufriendo como un perro al final de todo esto.

Cuando vuelve a hablar, la voz le sale más suave.

—Supongo que será mejor que le meta prisa a mi amigo, entonces. Para que puedas recuperar a tu chica y hacerle la gran pregunta.

Cierro los ojos con fuerza y me paso la mano por el pelo.

—Te lo agradecería. Tengo que salir esta noche y fingir que de verdad me apetece socializar con gente que me daría la espalda sin dudarlo si mi apellido no fuera King.

—Lo entiendo, tío. Por eso nunca me verás en esos eventos.

—Quizá cuando esto termine, me retire y nos dediquemos a gestionar juntos el Onyx.

—Si por un segundo pensara que lo dices en serio, te prepararía un despacho ahora mismo. Pero los dos sabemos que la relación con tus hermanos te mantendrá anclado a la planta más alta de esa monstruosidad mientras ellos estén allí.

Se me levanta una comisura de los labios.

Tiene razón. Cole y Roman se mantuvieron a mi lado sin dudarlo mientras elaborábamos este plan con Reid.

Joder, Roman ni siquiera dudó en ofrecerme su ayuda cuando le expliqué la situación.

Ese simple gesto calmó la parte de mí que siempre ha anhelado una mejor relación con mi hermano mayor durante la mayor parte de mi vida.

Ahora, siempre y cuando pueda asegurarme de que Eric no vaya a volver a amenazar a Violet nunca más, podré centrar los esfuerzos en recuperarla. Si, por algún milagro, ella me perdona, tendré todo lo que nunca supe que quería.

Ese pensamiento me hace recobrar la sensatez.

—Tengo que ir a dar la cara. Mantenme informado.

—Lo sabrás tan pronto como me entere yo.

Veinte minutos más tarde, salgo del coche y me meto las manos en los bolsillos, preparándome mentalmente para lo que va a pasar a continuación. La prensa está alineada a los lados de la entrada, así que me aseguro de que me vean bien mientras recorro solo la alfombra roja.

—¡Tate! ¿Qué ha pasado con tu prometida?

—¡Señor King! Aquí, señor King. ¿Ha terminado usted la relación o ha sido Violet?

Esto es justo lo que quería, pero es como echar sal en una herida ya abierta. Los ignoro y sigo mi camino hasta que estoy dentro, abriéndome paso entre la multitud deslumbrante, y me dirijo directamente al bar. Definitivamente necesito una copa si quiero superar esta noche.

Le pido un whisky al camarero y echo un vistazo al local, buscando a Roman.

En vez de a él veo a un fotógrafo moviéndose por la sala y, al acercarse, busco un objetivo probable y capto la mirada de un rostro familiar.

Perfecto. Missy Myers, la hija de un gestor de fondos de cobertura.

Es una mujer de la alta sociedad con una fuerte presencia en las redes sociales.

A pesar de que se me revuelve el estómago al hacerlo, la examino de arriba abajo y luego dejo que una sonrisa invitadora se me dibuje en los labios.

Tal y como esperaba, corresponde al gesto y se acerca a mí.

—Tate —saluda con voz melosa al llegar a mi lado—. Me sorprende encontrarte tan solo.

Me sorprende que no se haya enterado de la noticia. Tras darle un sorbo un poco demasiado largo a la copa, me encojo de hombros.

—Y me seguirás viendo así en el futuro.

Pone los ojos como platos.

—¿Qué le ha pasado a tu tenderita?

Aprieto el vaso de whisky en la mano ante el tono despectivo.

—No ha funcionado.

Finge un puchero que no es ni remotamente sincero.

—Qué pena. ¿Puedo preguntarte por qué?

Si esta historia fuera cierta, le dejaría muy claro dónde puede meterse su curiosidad. Pero como quiero que se corra la voz, le sigo el juego.

—Por desgracia, esta vida no es para todo el mundo. Y supongo que no la preparé lo bastante bien para la presión que conlleva ser una King. —La sinceridad de la voz es auténtica, porque sí hay una pizca de verdad en esa afirmación.

La boca de Missy forma una O de sorpresa.

—Entonces, ¿te ha dejado ella?

—Ha sido de mutuo acuerdo.

Ella me apoya la mano en el brazo y me lo estrecha un poco.

—Bueno, su pérdida es nuestra ganancia.

Me obligo a esbozar una sonrisa coqueta. Espero que el hecho de que sea una pálida sombra de la que solía mostrar quede justificado por mi decepción ante el fracaso del compromiso.

Dando un largo sorbo al whisky, vuelvo a examinar el lugar.

Cuando veo al fotógrafo dirigiéndose hacia nosotros, inspiro hondo y me vuelvo hacia Missy. Entonces, con un movimiento lento y despreocupado, le paso un mechón de pelo por detrás de la oreja.

—Estoy seguro de que al final encontraré la manera de superar el desencanto.

Los ojos se le iluminan y se humedece los labios.

—Quizá yo pueda ayudarte…

Agacho la cabeza para acercarla a la suya, rezando a Dios para que esto sea suficiente para el fotógrafo.

—Si alguna vez supero lo de Violet, me aseguraré de hacértelo saber.

La sonrisa seductora se desvanece de su rostro y una sombra de decepción le nubla la mirada. Entonces da un paso adelante y me roza las caderas.

—Quizá solo necesites una mano amiga.

Me aparto y esbozo una sonrisa burlona.

—Tengo las mías propias.

Hace un mohín coqueto, pero yo ya he tenido suficiente de este juego.

Si el puñetero fotógrafo aún no ha conseguido la foto, deberían despedirlo.

Es difícil pasar por alto la ironía de que la atención de la prensa que ahora estoy buscando fuera justo lo que intentaba evitar al fingir que salía con Violet.

Sería gracioso si no fuera desgarrador de cojones.

—Bueno, ha sido un placer charlar contigo. Pero tengo que encontrar a mi hermano. Buenas noches.

—Pero, Tate…

Me alejo y busco a Roman entre la multitud. Lo único que quiero es que termine esta farsa para poder tener a Violet de nuevo en los brazos. Pero asistiré a cientos de eventos como este para asegurarme de que Eric no gane. De que nunca vuelva a amenazarla.

Esbozo una sonrisa forzada y me pierdo entre la multitud.