El rey salvaje (Empty Kingdom 2) 39
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Tate

—Las visitas en realidad virtual son todo un éxito —explico—.

Hemos vendido un veinticinco por ciento más de los apartamentos que habíamos previsto.

Cuando Cole no responde, levanto la vista de los datos.

Se ha apartado de su escritorio y está mirando por la ventana, con la vista perdida en el horizonte, y ni siquiera sé si me ha escuchado—. ¿Cole?

Mi hermano vuelve la cabeza bruscamente.

—Sí, lo siento. Un veinticinco por cien. Es genial. Te mantuviste firme con lo de las visitas en realidad virtual y ha dado sus frutos.

Arqueo las cejas.

—¿Pasa algo? Pareces distraído.

Cole niega con la cabeza, con una sonrisa asomando en sus labios.

—Las cifras son estupendas. Me gustaría vender el tercer ático, pero, aparte de eso, vamos bien. —Carraspea—. Escucha, a Delilah y a mí nos gustaría que tú y Violet vinierais a cenar el viernes.

Me recuesto en la silla.

—¿A cenar? Eso es nuevo. Normalmente te gusta tener a Delilah solo para ti.

—Sí, bueno. —Cole frunce el ceño—. A Delilah le gusta Violet. Y a ti, por alguna razón. —Sonrío—. Y le gustaría que quedáramos las dos parejas.

—Vaya, vaya. ¿Quién habría pensado que Cole King iba a ser tan hogareño?

—¿Quién habría pensado que Tate King estaría comprometido y viviendo con una mujer?

—Pero lo mío es falso. —En cuanto lo digo se me revuelve el estómago porque es mentira, una que desearía poder retirar.

Cole ladea la cabeza y luego apoya los antebrazos en el escritorio.

—No hay nada falso en lo que está pasando entre tú y Violet. Los dos lo sabemos. Joder, lo sabemos todos.

Me quito una pelusa imaginaria de los pantalones y evito su mirada.

—No sé de qué me estás hablando.

Se ríe a carcajadas.

—No has parecido inocente ni un solo día de tu vida. No lo intentes ahora. ¿Te acuestas con ella?

Lo miro con los ojos entrecerrados.

—No es asunto tuyo.

Niega con la cabeza.

—Eso me dice todo lo que necesito saber. ¿Por qué ocultas lo que sientes? Me alegro por ti. Delilah también.

Al final me permito sonreír de verdad, porque yo también me alegro.

Han pasado dos semanas desde que Violet por fin me pidió lo que quería en voz alta y la conexión que se está formando entre nosotros, lejos de enfriarse, se ha vuelto más intensa.

Tenerla viviendo conmigo es… increíblemente satisfactorio.

Despertarme cada mañana con su cuerpo acurrucado junto al mío ha llenado un vacío en mi interior que ni siquiera sabía que estuviera ahí.

Las mañanas que me despierto antes que ella, no puedo evitar acariciar con mis dedos su piel suave como el satén, trazando la curva de su cintura, rodeando con mi mano el contorno de sus caderas hasta que abre sus hermosos ojos azules.

La dulzura de su expresión cuando me mira hace que me resulte imposible no abrirle las piernas y hundirme en ella.

O lamerla hasta que grita. ¿Y las mañanas en las que se despierta ávida de mí y me toma en su boca?

Dios mío. Me estoy excitando solo de pensar en ella.

Hemos asistido a algunos eventos formales más y a la inauguración de una discoteca.

Cada día estoy más enganchado a su presencia a mi lado, a ver su sonrisa, a hablar de cómo ha ido el día durante la cena, a sentir cómo se corre cada noche conmigo en su interior.

Y a ver ese anillo brillando en su mano izquierda.

Pero no estoy preparado para hablar de lo que siento por ella o de lo que significa, ni siquiera con Cole.

Sé que Violet también siente algo. No se habría entregado a mí si no fuera así; no hay ni una sola parte de ella a la que le importe el dinero, mi nombre o la emoción de follar con uno de los hermanos King.

Pero una preocupación persiste en el fondo de mi mente, haciéndome vacilar cada vez que estoy a punto de admitir la verdad.

Violet se vio obligada a este acuerdo por desesperación.

No eligió ser mi novia ni mi prometida. No eligió vivir conmigo.

La única elección que ha hecho es compartir su cuerpo conmigo.

Y no puedo evitar preguntarme si lo que sea que siente es lo bastante fuerte como para sobrevivir una vez que termine la farsa. Cuando disolvamos el contrato, ¿volverá a su vida normal y se dará cuenta de que no quiere formar parte de la mía?

No sabré cuáles son sus verdaderos sentimientos al respecto hasta que nuestro contrato termine dentro de un par de semanas.

Así que dejaré que nuestro acuerdo siga su curso y disfrutaré cada momento que pase con ella.

Entonces, una vez que haya terminado, cuando ella sea libre de tomar una decisión de verdad, le pediré que me elija a mí.

Y, joder, espero de todo corazón que lo haga.

Me levanto y me estiro la corbata.

—A Violet y a mí nos encantaría acompañaros a cenar.

—Respondo a su pregunta original para ignorar deliberadamente su último comentario.

Su sonrisa se hace más amplia—. Envíame los detalles y allí estaremos, para que Delilah descanse un rato de que la sigas por toda la casa como un cachorro perdido.

Cole se ríe, y yo estoy sonriendo al salir de su despacho.

Sophie me tiende una pequeña pila de mensajes al pasar por su escritorio, y una vez ante mi mesa me acomodo en mi asiento para hacer frente las interminables tareas pendientes.

Pero no sin antes echar un vistazo al reloj y calcular a qué hora podré salir para llegar a casa a tiempo de preparar la cena con Violet.

Se ha convertido en un hábito del que disfruto.

Sobre todo cuando puedo saborear sus labios, y a veces otras partes de ella, mientras preparo los ingredientes.

Niego con la cabeza. Todo este tiempo burlándome de Cole por su obsesión con Delilah, y ahora aquí estoy, igual de obsesionado con Violet.

Y ni siquiera me importa.

—¡Guau! —exclama Violet, echando la cabeza hacia atrás para mirar el rascacielos que está al borde de Central Park.

—No me digas que crees que el edificio de Cole es más impresionante que el mío.

Vuelve a mirar la imponente estructura y luego me dedica una sonrisa burlona.

—Es una construcción impresionante. Pero no tan impresionante como la tuya.

Con una sonrisa, le rodeo la cintura con el brazo y la pego a mí. Enredo mis dedos en su cabello y la beso hasta que los dos nos quedamos sin aliento, y me pregunto si podemos saltarnos la cena y regresar a casa.

Como si intuyera mis intenciones, se aparta y me sonríe.

—Guárdate eso para después de cenar.

Refunfuño, pero le cojo la mano y la guío hacia la puerta principal. El portero agacha la cabeza y me saluda por mi nombre mientras nos mantiene la puerta abierta.

Al igual que mi edificio, este tiene un ascensor exclusivo para el ático, y cuando las puertas se abren al vestíbulo, me invade un delicioso aroma que al instante me hace la boca agua.

Con una mano en su espalda, conduzco a Violet al interior del apartamento y me detengo a su lado para que pueda admirar las vistas, que me niego a creer que sean mejores que las mías, aunque el ático de Cole esté dos pisos más arriba.

Luego seguimos hacia la enorme cocina, donde Cole y Delilah están preparando la cena.

Nunca habría creído posible la escena doméstica que tengo ante mí si no la estuviera viendo con mis propios ojos. Delilah está junto a la isla, cortando tomates, mientras que Cole se encuentra detrás de ella con los brazos rodeándole la cintura y la barbilla apoyada en su hombro.

Cuando nos ve, Delilah sonríe, radiante. Cole, por su parte, parece un poco molesto porque los hayamos interrumpido, a pesar de que fue él quien nos invitó.

Delilah se seca las manos con un paño, sale corriendo de detrás de la encimera y nos abraza a los dos.

—Me alegro mucho de que hayáis podido venir.

—¿Puedo ayudar en algo? —pregunta Violet mientras la seguimos hacia el fondo de la cocina.

Los ojos verdes de Delilah son cálidos.

—Gracias, pero creo que lo tenemos todo bajo control.

—Por lo que parece, lo único que Cole tiene bajo control es a ti —bromeo.

Delilah se ríe.

—Ha sido de gran ayuda, te lo prometo.

—Huele delicioso —comenta Violet—. ¿Qué estás cocinando?

—No soy una chef de estrella Michelin, pero hago una lasaña bastante buena. También tenemos ensalada y pan de ajo —responde Delilah.

Violet sonríe.

—Es mi plato favorito.

—El sándwich de queso fundido es el mío —murmura Cole, y las mejillas de Delilah se tiñen de un tono rosado.

Interesante.

—No imaginaba que fueras fan de los sándwiches de queso fundido.

La expresión de Cole se vuelve pícara.

—Te sorprendería lo bien que combinan con una buena botella de vino.

Delilah se atraganta ante lo que obviamente es una broma privada.

—Cole, ¿te importaría traerme un vaso de agua?

Le da un beso en la frente, se dirige a la nevera y saca una botella.

Mientras la sirve en una copa, nos ofrece unos vinos.

Una vez que ha llenado las copas de vino tinto, nos sentamos alrededor de la isla y charlamos mientras Delilah y Cole terminan de cocinar y emplatar la comida, que está absolutamente deliciosa, al igual que el vino.

La conversación fluye con naturalidad, y los cuatro charlamos sobre diversos temas.

Es imposible no hablar de trabajo, y comentamos Genesis-1, la inauguración de la cadena de hoteles más reciente de King Group —en la que Delilah estaba trabajando cuando conoció a Cole— y cómo el esfuerzo de Violet con True Brew está dando sus frutos.

Delilah bombardea a Violet con preguntas sobre la cafetería y su próxima noche de degustación.

Los ojos de Violet brillan y su sonrisa es amplia mientras le explica los detalles.

Me encanta verla hablar con tanta naturalidad con mi hermano y mi futura cuñada.

Alargo la mano y la apoyo en su muslo, justo por debajo del dobladillo de su vestido, y mi pulgar traza lentos círculos sobre su piel cálida.