El rey salvaje (Empty Kingdom 2) 30
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Tate

—Esto está increíblemente bueno —dice Violet, enarcando las cejas, sorprendida.

Le dedico una sonrisa burlona.

—Ya sabes, nunca exagero mis habilidades.

Ella se detiene, con el tenedor en el aire y un pequeño trozo de filete en él, y me mira como diciendo «Sé de sobra lo que intentas». Le sostengo la mirada por encima del borde de mi copa y le doy un sorbo a mi vino.

Antes estaba hablando en serio: depende de ella cómo van a ser las cosas a partir de ahora.

Pero no tengo intención de ocultar lo que deseo.

Violet cree que, si follamos, le haré daño, cuando lo único que de verdad quiero es que se sienta bien.

Quiero mostrarle la clase de placer que se merece para que nunca vuelva a conformarse con un perdedor como su ex.

Si de verdad cree que no puede con ello, no tengo ninguna duda de su capacidad para resistirse a mí.

Es más fuerte de lo que cree. Al fin y al cabo, entró en Onyx y cabalgó mis dedos hasta correrse en ellos y a tomar por saco todo.

Incluso entonces, fui yo quien le pidió que volviera la semana siguiente; ella estaba totalmente dispuesta a marcharse sin volver la vista atrás.

Después de la charla en la cocina, me preocupaba que volviera a su estado habitual y que mantuviera las distancias.

Y quizá me he precipitado un poco cuando ella ha empezado a responder a mis bromas, pero, joder, esa sonrisa que me ha dedicado me ha provocado una extraña sensación en el pecho y me ha hecho imposible no insistir para conseguir algo más.

Cocinar con ella también ha sido sorprendentemente agradable. Nunca había cocinado codo con codo con otra persona. Por regla general, no traigo mujeres a mi casa, y aunque lo hiciera, desde luego no las invitaría a quedarse a cenar.

Al igual que hago con la mayoría de la gente en mi vida, me he conformado con mantener a distancia a las mujeres con las que me acuesto.

Pasamos un buen rato y nos despedimos. Hasta hace poco, tampoco había estado mucho más cerca de mi familia.

Veía a mis hermanos en la oficina, hablábamos de negocios, luego me iba y no volvía a dirigirme a ellos hasta la siguiente vez que los veía en el trabajo.

Estoy acostumbrado a estar solo, incluso cuando estoy con otras personas.

Así que tener a Violet a mi lado en la cocina, hablando y riendo mientras trabajábamos, y ahora sentada frente a mí mientras comemos, es algo totalmente nuevo. No imaginaba que me gustaría estar tan cerca de alguien durante tanto tiempo, pero con ella, sí me gusta.

Me fijo en su mano izquierda y en su dedo anular sin anillo.

—Mañana compraremos tu anillo de compromiso. Si pasas mucho más tiempo sin él, empezarán a surgir preguntas.

—Ah… —Violet se mira la mano, como si acabara de darse cuenta de que no lo lleva—. Ni siquiera lo había pensado.

—Podemos ir a comprarlo a primera hora de la mañana.

Ella se pone la mano en el regazo, fuera de la vista.

—No tiene por qué ser nada caro. Teniendo en cuenta que ya me has comprado una cafetera, tampoco hace falta que te gastes un dineral en un anillo que solo voy a llevar puesto una temporada.

—Te das cuenta de que soy multimillonario, ¿verdad? El precio de la cafetera fue una bagatela. Y la cantidad de dinero que puedes ahorrarle a King Group al echarme una mano es mucho mayor que el coste de un anillo de compromiso.

Ella suspira, con los hombros caídos.

—Tampoco voy a ganar esta discusión, ¿verdad?

Le doy un sorbo a mi vino y luego le sonrío.

—Definitivamente, no.

—Vale, esta vez ganas tú.

—Ah, mariposa, esta no va a ser la última vez que gane antes de que esta relación termine.

Me mira con los ojos entrecerrados.

—Relación falsa —dice, pero esconde una sonrisa detrás de su copa de vino. La calidez de su expresión cuando me mira así es suficiente para hacerme pensar que le gusta el combate dialéctico tanto como a mí. Toma un sorbo y se muerde el labio inferior—. ¿Puedo hacerte una pregunta personal?

—Yo te he hecho un montón de preguntas personales. Creo que no va a pasar nada por que tú me hagas una.

Una de las comisuras de su boca se levanta, pero su sonrisa se desvanece rápidamente.

—¿Visitas a tu padre a menudo? Me refiero a la cárcel.

Siento un nudo en el estómago. Durante un largo rato, hago rodar el suave tallo de mi copa de vino entre los dedos, manteniendo mi atención centrada en el movimiento. Cuando me obligo a levantar la vista hacia ella, hay un atisbo de nerviosismo en su rostro, como si le preocupara haberse excedido.

Pero por mucho que no me guste hablar de mi padre, quiero que sepa que puede preguntarme lo que quiera.

—No. Nuestra relación nunca ha sido la mejor posible. Creo que los dos somos más felices manteniendo las distancias.

—Lo siento —murmura.

Me encojo de hombros.

—Estoy acostumbrado. No es la clase de hombre que se preocupa por ser un buen padre.

—Aun así, debe de haber sido duro para ti y tu familia que lo arrestaran.

Ella no entiende nuestra dinámica, y no la culpo. De hecho, lo agradezco, porque eso significa que su padre no le dio otra cosa que amor incondicional.

—En realidad, fue una bendición disfrazada.

Para nosotros, al menos. Una vez que sacamos a la empresa del escándalo, su ausencia fue como si nos quitaran un peso de encima.

Y aún nos lo parece. Es un cliché, pero a mi padre solo le importan dos cosas: el dinero y el poder.

—El sexo también, teniendo en cuenta la cantidad de amantes que ha tenido a lo largo de los años, pero Violet no tiene por qué saberlo—.

Y la única lección que pensaba que merecía la pena enseñarnos, a sus ojos, era cómo usar el apellido King para conseguir más de esas dos cosas.

A ninguno de nosotros nos sorprendió demasiado su detención.

—Fue por uso de información privilegiada, ¿no?

Asiento.

—Toda la riqueza que ya había amasado no le parecía suficiente. Ahora estará encerrado siete años. Pero dudo que aprenda nada de su estancia en la cárcel.

La compasión brilla en sus ojos.

—¿Y tu madre? No parecía tener la personalidad más… eeeh cálida cuando nos conocimos.

Sonrío con ironía.

—«Cálida» y «mi madre» no pegan en la misma frase.

A ella le importan más las apariencias que la realidad.

Siempre ha sido así. Mientras pueda reunirnos a todos en el mismo lugar y fingir que somos una familia unida, estará contenta.

Independientemente de lo que sintamos los unos por los otros en realidad.

Violet se queda en silencio un momento, asimilando mis palabras. Quizá incluso las que no he dicho.

—No alcanzo a imaginar lo duro que debe de ser no tener un padre que desee quererte a su lado y protegerte. Siento que no disfrutaras de eso mientras crecías, Tate. Ojalá las cosas hubieran sido diferentes para ti.

Ni siquiera puedo empezar a identificar la caótica mezcla de emociones que se remueve en mi pecho.

Ella sufre por mí, le hace daño que yo no tuviera lo que ella tuvo de niña.

Pero hace mucho que renuncié a la esperanza de tener algún día un padre que me quisiera.

Ahora mismo, lo único que quiero es a ella.

Quiero la compasión de su rostro y la forma en que me mira abiertamente cuando baja la guardia, cuando confía en mí.

Quiero que me confíe su cuerpo y sus emociones.

Quiero que crea que puedo mantenerla a salvo.

Pero no puedo obligarla a creer en mis buenas intenciones. Solo puedo mostrarle la verdad de quién soy y esperar que sea suficiente para que me deje entrar de forma permanente.

—Hace mucho tiempo que dejé de desear que las cosas fueran diferentes —aclaro—. Ahora me centro en moldear el futuro para que sea como yo quiero que sea.

Por fin una sonrisa se dibuja en sus labios.

—¿Sin más escándalos?

Me río entre dientes.

—Eso espero…

Decidido a mantener un ambiente distendido, cambio de tema y le pregunto cómo fue crecer con Mark. Terminamos la cena hablando de su infancia, y me encanta ver cómo sonríe al recordar todas las pequeñas cosas que su padre y su hermano hicieron por ella para que se sintiera especial.

Cuando terminamos de comer, le sugiero ver una película. Pero frunce el ceño mientras examina el enorme sofá mullido que está frente al televisor de pantalla plana, y me dice que prefiere acostarse temprano para poder acurrucarse un rato con un libro.

Me planteo ver una película yo solo, pero estoy demasiado inquieto.

Así que me cambio y me voy a nadar. La piscina no es grande, pero sí lo bastante amplia como para hacer unos largos y librarme de ese exceso de energía.

Antes, la habría gastado follando, pero la única mujer con la que me interesa hacerlo no está en la misma onda que yo. Al menos, todavía no.

Nado con fuertes brazadas y el movimiento repetitivo calma mi mente de todo menos de una cosa. De una persona. Violet. Violet y sus bonitos ojos azules. Violet y sus largas y suaves piernas. Su sonrisa. Su risa. Su tacto. Cómo me la imagino sobre mí. Cómo me imagino tocándola.

He tenido una pequeña muestra de ella, pero quiero más. Quiero sentir como se derrite por mí otra vez.

Joder. Se suponía que este baño me iba a tranquilizar, pero ahora tengo una puta erección de locos.

Me doy la vuelta y nado hacia el borde de la piscina para poder irme a mi habitación y ocuparme de ella; apoyo las manos apoyadas en el hormigón y de pronto me quedo paralizado, porque Violet ha apartado la cortina de la ventana de su dormitorio y me está observando.

¿Cuánto tiempo lleva mirándome? Me quito el pelo mojado de la cara y, sin apartar la vista de ella, salgo del agua. Desde aquí, es imposible no darse cuenta de cómo su mirada me recorre el pecho y los abdominales, y luego desciende aún más.

Ya estoy excitado, pero su atención me convierte en granito. Con el corazón acelerado y la sangre en ebullición, estiro la mano y me acarició por encima del bañador. Está mal, lo sé, pero estoy desesperado por aliviar el profundo y punzante dolor que me provoca tener sus ojos clavados en mí.

Es imposible no fijarse en cómo se muerde el labio inferior o en cómo se le marcan los pezones contra la seda de la camiseta del pijama.

Nos quedamos allí un momento más, observándonos, estudiándonos.

Me pego las manos a los costados e inspiro hondo, dispuesto a irrumpir en su dormitorio para obligarla a admitir que me desea tanto como yo a ella, pero antes de dar ese primer paso, ella se da media vuelta y la cortina vuelve a caer entre nosotros.

Cierro los ojos con fuerza y me invade una oleada de frustración.

Suelto un suspiro áspero y me voy a la ducha para ocuparme de mi palpitante erección.