24 #2
Violet me mira de reojo mientras ordeno la cena.
Estoy convencido de que va a preguntarme por qué no quería admitirlo ante su hermano, así que me quedo en silencio después de que el hombre tome la comanda y se marche, esperando a que ella hable.
Pero no lo hace y, por un instante, me siento casi decepcionado.
Pero esa sensación desaparece un momento después, cuando ella desvía la conversación hacia un terreno un poco menos personal.
La comida está increíble, como era de esperar.
Violet y yo probamos los platos del otro: los raviolis de trufa negra de ella, por supuesto, y la lubina chilena para mí.
El acto de compartir la comida resulta sorprendentemente íntimo.
Como mencionó Violet en la gala del fin de semana pasado, no suelo tener por costumbre invitar a cenar o a tomar una copa a ninguna mujer, y esta es una experiencia diferente para mí.
Pero compartir una comida con ella, escucharla gemir de placer mientras disfruta de los sabores, y luego ver cómo una sonrisa ilumina su rostro mientras responde a mis preguntas sobre su vida y sobre True Brew me tiene cautivado.
No estoy seguro de si se da cuenta de cómo evito las preguntas sobre mi familia.
Si lo hace, es lo bastante amable como para no dejarlo entrever.
En general, hemos mantenido una conversación ligera, pero cuando menciona de pasada a su exnovio, Eric, y sus hombros se tensan, indago para obtener más información.
—¿Hace cuánto tiempo rompisteis?
Ella duda y luego suspira.
—Hace poco más de un año.
—¿Puedo preguntarte qué pasó? En Onyx mencionaste que fue una ruptura difícil. —Sus ojos muy abiertos se clavan en los míos. ¿Es porque acabo de mencionar aquella noche en el club? ¿O es porque le estoy preguntando por su relación?—. No tienes por qué contármelo si no quieres.
Me mira fijamente de nuevo, con los labios un poco fruncidos. Espero que me ignore, pero quizá porque el vino que estamos bebiendo es bastante fuerte —o porque por fin se está relajando conmigo— no lo hace.
—No, no pasa nada. —Le da un sorbo a su copa. —Nos conocimos en un evento comunitario en Augusta. Yo estaba atendiendo un puesto de información para la organización sin ánimo de lucro para la que trabajaba, y Eric estaba allí con la campaña política de su tío.
—¿Su tío está en política?
Ella asiente.
—Sí. El senador Rawlins. Eric es su responsable de recaudación de fondos.
O al menos lo era cuando salíamos juntos.
Aunque aspiraba a ser el responsable de finanzas de la campaña.
Supongo que a estas alturas ya habrá conseguido ese puesto.
—Bueno, eso responde a la pregunta de si siguen en contacto.
Me daba la impresión de que no, pero ahora ya estaba seguro.
Violet sacude la cabeza, como si se hubiera distraído—.
En fin, era guapo y encantador, y cuando pasó por el puesto de información y empezó a coquetear conmigo de forma descarada, me sentí muy halagada.
Así que cuando me preguntó si quería salir con él, le dije que sí.
—Ese tío ya me cae mal. La idea de que Violet quedara tan impresionada como para querer salir con él, cuando se mostraba tan reacia incluso a prestarme atención a mí, me está carcomiendo por dentro—.
Salimos juntos un par de meses —continúa, pasando el pulgar por el borde de su copa de vino mientras habla—.
Pero me di cuenta de que algo no iba bien.
Llevaba tiempo pensando en romper con él.
Pero entonces… —Se le quiebra la voz y parpadea un par de veces—. Entonces murió mi padre.
Le aparto unos mechones de pelo de la cara y le acaricio la mejilla con el pulgar.
—¿Estás bien, mariposa?
Por un instante, cierra los ojos con fuerza y se recuesta contra mi mano. Ese pequeño gesto me oprime el pecho.
—Es que lo echo de menos —confiesa—. Y odio haber estado tan lejos cuando murió.
Deslizo la mano entre su sedosa melena y le rodeo la nuca con la mano, apretando suavemente hasta que sus ojos, brillantes por las lágrimas contenidas, se encuentran con los míos.
—Os vi a ti y a tu padre juntos cuando viniste a la graduación de Mark, y era evidente lo unidos que estabais, lo mucho que lo querías. Saber eso lo habrá acompañado al final, aunque tú no pudieras estar allí.
Le sostengo la mirada hasta que por fin asiente, y me echo hacia atrás en mi silla, esperando a que continúe.
—Cuando regresé después del funeral, estaba hecha un desastre.
—Su risa no tiene mucho de humor—. Mi padre siempre había sido mi roca.
Mark y él. Y yo me sentía a la deriva. Debería haber vuelto a casa para estar con Mark, pero me costaba aceptar la idea de estar aquí cuando mi padre ya no estaba.
Regresar a Maine tampoco me parecía lo correcto.
Todo me parecía mal. Incluido Eric. Intenté romper con él, pero se negaba a aceptarlo.
Seguía yendo a verme, llevándome regalos, pidiendo comida a domicilio los días en que apenas había probado bocado.
En apariencia, se convirtió en el novio cariñoso perfecto.
Pero, pensándolo bien, estaba ignorando mis deseos y ya intentaba controlarme.
Sin embargo, me dejé engañar por su actuación.
Ignoré esa vocecita de la duda porque era mejor que sentirme sola. —Coge aire temblorosamente.
Siento una presión creciente detrás de las costillas mientras habla, y estiro las manos para relajarlas, dándome cuenta solo entonces de que las tenía apretadas.
—No siempre es fácil ver más allá de la fachada de la gente. —Ella sonríe, pero la sonrisa no le llega a los ojos, como si no me creyera del todo—. Cuéntame lo que te hizo, Violet.
—Empezó con cosas pequeñas. Tan pequeñas que no me di cuenta.
Pequeñas críticas. Que el tono de pintalabios que llevaba era demasiado brillante, o que el vestido no me quedaba del todo bien.
Todo dicho de una manera que hacía que sonara como si solo estuviera intentando ayudarme.
Y yo lo escuchaba. —Niega con la cabeza—.
Cada vez que yo hacía algo que no le gustaba, me hacía saber de forma sutil que lo había decepcionado.
»Y cuando salíamos, se ponía celoso. Me acusaba de coquetear con cualquier hombre soltero que me hablara.
Y en lugar de darme cuenta de lo que estaba pasando y dejarlo, solo me esforzaba más por complacerlo.
Y si cuestionaba sus reacciones, él le daba la vuelta a todo.
Hacía que dudara de mi propio juicio. —Me echa una ojeada, pero aparta la vista rápidamente—.
Ponerlo en voz alta me hace sentir tan estúpida…
—Oye. —La cojo de la barbilla y le hago volver el rostro para que se vea obligada a mirarme a los ojos—.
No eres estúpida. Estabas sola y afligida, y él se aprovechó de la situación.
Te pilló cuando estabas vulnerable y sabía de sobra qué decir para hacerte creer que estaba a tu lado, para que confiaras en él.
Pero tú te diste cuenta de cómo era. Por eso estás aquí ahora, trabajando duro, devolviendo la vida a True Brew. Te alejaste de él.
Cierra los ojos y deja escapar un suspiro.
—Sí, pero solo después de encontrarlo dentro de una de sus becarias.
—La risa que se le escapa tiene un regusto amargo—.
Solía acusarme de coquetear descaradamente con cualquier hombre que mirara en mi dirección, pero era él quien me estaba engañando.
Y teniendo en cuenta que todas sus becarias eran jóvenes y guapas, estoy segura de que ella no fue la única.
La ira hierve a fuego lento bajo la superficie de mi piel. Quiero localizar a ese cabrón de Eric y castigarlo por no tratarla como se merece, por hacerla dudar de sí misma.
—¿Qué hizo él cuando lo dejasteis? —pregunto.
Por lo que me ha contado de él, imagino que no la habrá dejado marchar fácilmente una vez que le echó el guante.
He conocido a mucha gente como él en el mundo de los negocios y en mi círculo social.
Manipuladores narcisistas a los que no les importa nadie más que ellos mismos.
—Me llamó, pero no le contesté. Así que me dejó mensajes. Al principio se disculpó y me pidió otra oportunidad, pero luego empezó a culparme. Me dijo que era culpa mía que me hubiera engañado. Fue entonces cuando lo bloqueé.
—Espera —gruño—. ¿Te echó la culpa a ti?
Su mirada se clava en la mía y se muerde el labio inferior.
—Dijo que no habría tenido que recurrir a otra persona si yo hubiera sido capaz de… de satisfacerlo.
Mis hombros se tensan con la necesidad de emprender algún tipo de acción física. De encontrar una forma de hacerle daño a ese tío tal y como él le hizo daño a ella. Tengo que inspirar hondo para calmarme. Luego le acaricio la mejilla para que no pueda apartar la mirada.
—Dime que sabes que eso no es cierto, Violet. Dime que sabes que solo estaba intentando ocultar sus propias carencias.
Me mira fijamente, con los ojos ensombrecidos por el recuerdo de la pena, y deja escapar un suspiro entrecortado.
—Lo sé. Lo sé. Puede que dejara que se me metiera en la cabeza durante un tiempo. Pero lo superé. Con la ayuda de Anna, claro. —Me dedica una sonrisa torcida.
Pero no es suficiente. Necesito asegurarme.
—Solo con el pequeño atisbo que tuve de ti en Onyx me quedé con ganas de mucho más. Es imposible que estar contigo no satisfaga a cualquier hombre.
—Tate… —susurra.
Me doy cuenta de mi error. No quiere que hable de aquella noche. No quiere recordar lo que le hice, por mucho que lo disfrutara. Ahora entiendo por qué estaba allí, qué buscaba, conscientemente o no. Me alegro de haber podido dárselo. Aunque ella deseara que hubiera sido otra persona.
Solo de pensar en eso —en que sea otro hombre quien le dé lo que necesita— se me tensa la mandíbula, pero me obligo a relajarme.
Ahora sé algo de mí mismo que antes no sabía.
No me gusta ver esas sombras en los bonitos ojos azules de Violet.
Me gusta cuando arden de furia, me gusta cuando brillan de felicidad o cuando se nublan de excitación, pero, joder, no me gusta nada cuando están empañados de pena.
Creo que haría cualquier cosa para asegurarme de no volver a verlos así.
Las mejillas de Violet están sonrojadas, y da un trago de vino.
—Vaya —dice—. Lo siento, probablemente te he contado mucho más de lo que querías oír. —Suelta una risita—. Imagino que no esperabas hablar de esto cuando me invitaste a cenar.
—Te lo he preguntado porque quería saberlo. Me alegro de que te hayas sentido capaz de contármelo. —Ella duda y frunce el ceño—. ¿Qué?
—Aparte de Anna, tú eres la única persona a la que se lo he contado.
Me quedo paralizado asimilando lo que eso significa.
Mark mencionó que Violet se encerró en sí misma tras la muerte de su padre.
Había olvidado su comentario sobre no saber el motivo.
Sin embargo, ella ha confiado en mí lo suficiente como para compartir algo tan personal.
Saberlo me deja sin aliento, y tengo que inspirar lentamente para recuperarlo.
Me dedica una sonrisa nerviosa, y luego aparta el plato.
—Estoy llena —dice, cambiando de tema—. Aunque estaba delicioso. Gracias. —El camarero regresa justo en ese momento para recoger los platos y preguntarnos si queremos postre—. Yo no puedo más, pero si a ti te apetece, adelante.
Niego con la cabeza, pero no estoy preparado para que la noche termine.
—¿Qué tal si subimos a tomar una copa?
Ella echa un vistazo a la escalera que lleva al bar y luego vuelve a mirarme. Al principio estoy convencido de que va a rechazarme, pero por fin asiente, mirándome a los ojos.
—Me encantaría.