21 #3
—Sinceramente, no he tenido tiempo, fuerzas ni dinero para hacer nada más que mantenerme a flote durante los cinco últimos meses.
El gerente que contratamos tras la muerte de mi padre canceló el acuerdo al que había llegado con José, nuestro proveedor.
Cuando me hice cargo del negocio me llevó más de un mes convencerlo de que volviera a incluir True Brew en su lista de clientes.
Fue todo un reto. Y no se trataba de que no quisiera ayudarnos, sino de que es un hombre de negocios y no quería arriesgarse a que el acuerdo volviera a fracasar.
Puedo entenderlo, aunque no me guste el estrés que esa negociación debió de suponerle.
—¿Cómo se metió tu padre en este sector, por cierto?
Frunce el ceño y me mira con cierto escepticismo.
Como si no estuviera segura de que de verdad me interese la historia.
Esa duda me molesta. Me interesa ella, y no solo por este acuerdo.
Quiero saber qué la ha convertido en la mujer que es hoy.
Quiero saber qué la hace sonreír y qué la entristece.
Durante toda mi vida adulta, he tenido la costumbre de evitar esas cosas con las mujeres.
Pero, al parecer, eso no se aplica en el caso de Violet.
Al cabo de un momento, su mirada se suaviza y una pequeña sonrisa aparece en su rostro.
—Antes de que conociera a mi madre, mi padre viajaba mucho, sobre todo de mochilero.
Le encantaba descubrir nuevos lugares. En uno de sus viajes, pasó un tiempo trabajando en una pequeña plantación familiar de café, en Brasil.
Solía decir que fue entonces cuando se enamoró del proceso de preparar café.
La selección de los granos, tostarlos para resaltar los sabores…
, de cada parte del proceso. Cuando conoció a mi madre y se establecieron para formar una familia, mi padre decidió que quería abrir una cafetería. Y así fue cómo nació True Brew.
Contemplo su rostro, tan intrigado por las diferentes emociones que se reflejan en él mientras habla —felicidad, nostalgia, un toque de tristeza— como por lo que me está contando.
—Investigó y estudió la industria del café descubrió cómo las pequeñas fincas, como aquella en la que había trabajado, estaban siendo desplazadas por las grandes explotaciones comerciales, la clase de negocios que trata injustamente a sus trabajadores y destruye el medio ambiente.
Quería llegar a acuerdos con los agricultores que cuidaban de sus trabajadores y de la tierra, así que localizó a los proveedores que se abastecen específicamente de esas plantaciones, y así fue como él y José se conocieron.
Su sueño era educar a los clientes sobre la importancia de la sostenibilidad en la producción de café al tiempo que ofrecía un producto de sabor fantástico. Y eso fue precisamente lo que hizo.
—Parecía un hombre increíble. —No me extraña que Mark y Violet sean tan sinceros y trabajadores.
—Lo era. —Su sonrisa es cálida, aunque un poco triste—. Puso todo su corazón en True Brew. Cuando mi madre murió, mi padre tenía que hacer malabarismos con muchas cosas, pero siempre sacaba tiempo para nosotros.
Esa confesión me deja un sabor agridulce. Es difícil no comparar su relación con sus padres con la que tengo yo. Ojalá no hubiera perdido a sus padres, pero me alegro de que sepa lo que es sentirse querida.
—Tuvisteis suerte de teneros los unos a los otros.
—Sí, la tuvimos. —Traga saliva y su voz se vuelve ronca—. Perder a mi padre fue un golpe muy duro. Ojalá hubiera venido antes. Ojalá hubiera cuidado mejor de este lugar, pero… —Respira con dificultad y baja la vista hacia su libreta.
—¿Cuántos años tenías? ¿Veintitrés? Hacerte cargo de un negocio cuando acababas de perder a tu padre y cuando aún estabas buscando tu lugar en el mundo debió de ser increíblemente difícil. No te castigues, Violet. Ahora estás aquí, dándolo todo. Eso es lo único que importa.
Levanta la cabeza para mirarme, con los ojos un poco húmedos, con una expresión tan abierta y vulnerable que casi me hace desear que lo que estamos haciendo fuera real.
Ojalá pudiera sentarla en mi regazo, besarla y aliviar sus penas, pero eso es lo último que ella querría de mí, así que le doy otro sorbo a mi café para ahogar ese impulso.
—Gracias, Tate —dice ella en voz baja. Luego, tras inspirar hondo, coge el bolígrafo y sonríe con un entusiasmo un poco excesivo—. Supongo que nos hemos desviado un poco del tema. Sé que estás ocupado, así que, dime, ¿qué no estoy teniendo en cuenta?
Tiene razón, me estoy distrayendo y tengo que regresar a la oficina.
Carraspeo, me enderezo un poco y me obligo a centrarme en por qué vine aquí en primer lugar.
Durante unos minutos más, le explico un par de ideas que creo que vale la pena probar.
Cosas como aprovechar las redes sociales para hacer campañas y añadir una vista interior de la cafetería en Google Maps para atraer a gente que esté buscando un nuevo lugar que visitar.
Violet toma nota de mis sugerencias mientras termino el café.
Al dejar la taza, veo a Jarrod. Está en la barra, riendo con un cliente mientras le toma nota.
Tengo que irme, pero me cuesta mucho hacerlo.
Cuando lo haga, Violet se quedará aquí sola con su barista demasiado tocón.
Tampoco es como si eso debiera importarme porque, según nuestro acuerdo, ninguno de los dos puede tener otras relaciones mientras estemos juntos.
Y, aparte de eso, no veo ningún interés en sus expresión cuando ella lo mira.
Aun así, no me gusta la idea de que, mientras ella está aquí, sea él quien la ayude a llevar el local. Él es su hombro en el que apoyarse.
Por primera vez en mi vida, me planteo cómo sería ser el hombro en el que alguien se apoyara.
¿Cómo sería si yo fuera el de Violet?