El rey salvaje (Empty Kingdom 2) 21 #2
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—Y he pensado que podríamos trabajar en un par de ideas que tengo sobre el marketing de este lugar. Si quieres…

Su expresión se ilumina.

—Ya he estado pensando en un par de cosas. Tu conversación con tus hermanos el sábado por la noche me inspiró.

—Ah, ¿sí? ¿Tienes tiempo para repasarlas?

—Por supuesto. —Se vuelve hacia Jarrod—. ¿Podrías preparar tres tazas de la nueva mezcla, por favor? —Cuando vuelve a dirigirse a mí, sus ojos brillan de emoción—. Voy a coger mi libreta y ahora mismo vengo.

Saco mi American Express negra y, cuando ella niega con la cabeza, la dejo sobre el mostrador y la deslizo hacia ella.

—Voy a pagar.

Ella pone su dedo sobre ella y la empuja de nuevo hacia mí, con la mirada clavada en mi rostro y una expresión firme.

—No, de eso nada.

—¿De verdad crees que es buena práctica empresarial rechazar el pago de un cliente? —No debería provocarla, pero no puedo evitarlo. Disfruto demasiado de la emoción que me provoca como para parar.

Ella se echa hacia delante, apoya las manos en la encimera y entrecierra los ojos.

—¿De verdad crees que es buena idea enfadar a tu novia e insultarla en su lugar de trabajo?

Joder. Mi pene se pone al instante en posición de firmes. No sé si es por el fuego que arde en sus ojos o por oír la palabra novia de sus labios con ese tono apasionado. Sea como sea, voy a recompensarla por ello.

Cojo mi tarjeta de crédito del mostrador.

—Tienes razón. Este es tu negocio, y si mi novia quiere invitarme, ¿quién soy yo para discutírselo?

Aprieta los labios para ocultar una sonrisa, pero el hoyuelo en su mejilla la delata.

—Así es. Y no lo olvides.

Desaparece por la puerta que da a la trastienda y me dirijo a una mesa cerca de donde está sentado Jeremy, aunque me aseguro de elegir una que tampoco esté demasiado próxima.

Él arquea una ceja oscura hacia mí, y una sonrisa lenta y cómplice se dibuja en su rostro.

Lo ignoro. No sabe nada del acuerdo entre Violet y yo, así que probablemente esté encantado con la forma en que mi supuesta novia acaba de ganarme la partida.

Unos minutos más tarde, Violet regresa, con un cuaderno entre las manos. Se sienta frente a mí y lo deja sobre la mesa.

—Probablemente no te hayas dado cuenta, pero he hecho algunos cambios en la fachada de la cafetería.

—Sí que me he dado cuenta. Queda genial. Así va mucho más con tu estilo.

—Yo… Eeeh… —Parece adorablemente nerviosa—.

Eeeh, gracias. Debería haberlo hecho antes, pero seguía teniendo el aspecto que recordaba de cuando mi padre estaba aquí.

—Traga saliva con dificultad, y se le empañan los ojos—.

Creo que quizá he estado frenándome a la hora de hacer cambios porque no quería perder eso.

Sin pensarlo, pongo mi mano sobre la suya, por encima de la mesita.

—Estoy seguro de que tu padre habría querido que hicieras de este lugar tu hogar.

Ella mira mi mano frunciendo un poco el ceño y luego alza la vista.

—Eso es lo que me he dicho a mí misma. Es solo que a veces cuesta hacer cambios.

Es difícil borrar esos recuerdos tan bonitos, ¿sabes?

—Retiro la mano con naturalidad. No lo sé.

Tengo muy pocos recuerdos entrañables de mi infancia.

Jugar con mis hermanos de pequeños, tal vez.

Antes de que nos distanciáramos, o antes de que la verdad sobre nuestra familia nos separara por fin.

Pero no hace falta que entre en detalles con Violet, así que asiento, animándola a continuar—.

Bueno, el caso es que por fin me he armado de valor.

Y puede que ahora mismo no lo parezca —dice, observando el espacio casi vacío—, pero ya he notado que hay más clientes nuevos.

—¿En qué otros planes estás trabajando? —Me gusta el entusiasmo que desprende, y me gusta todavía más que estemos hablando con normalidad, sin intentar provocarnos mutuamente.

Por mucho que me divierta cuando ella se enfurece, ver este lado suyo, el lado feliz y emocionado, me reconforta de una forma a la que no estoy acostumbrado. Me gusta que se esté abriendo a mí, confiándome esto que tanto significa para ella.

Nos interrumpe Jarrod, quien, tras dejar el café para Jeremy, coloca dos tazas humeantes sobre nuestra mesa.

—Gracias —dice Violet, sonriéndole.

—De nada. —Él corresponde a su sonrisa con otra, me lanza una mirada indescifrable y luego se marcha.

Le doy un sorbo a la bebida caliente y cierro los ojos con expresión satisfecha. El mal café no es, desde luego, uno de los problemas que tiene este local. Es intenso y vibrante. Posiblemente la taza más perfecta que he probado jamás.

Cuando abro los ojos, ella me está mirando con una sonrisa tímida que, de alguna manera, siento en las entrañas.

—¿Está bueno?

—La hostia de bueno. ¿Quién es tu proveedor? —Quizás pueda conseguir que suministren el café a la cafetería del vestíbulo del King Plaza. Mejor aún, a la que planeamos instalar en Genesis-1.

—Un viejo amigo de mi padre. Él y su mujer se pasan la vida viajando por el mundo y buscando cafés increíbles.

Es más caro, pero la gente solía acudir en masa aquí por nuestra variedad de cafés de origen único y mezclas especiales.

—Da unos golpecitos con la uña sobre la mesa—.

Solo tengo que recordarles por qué venían y conseguir que otros se interesen en probarnos en lugar de ir a la cadena más cercana.

—Suspira—. El coste sí que merma los beneficios.

Pero es el alma de este lugar, y no quiero cambiarlo.

—De acuerdo. —Apoyo el antebrazo sobre la mesa, apartando de mi mente los pensamientos sobre su proveedor—. ¿Qué ideas se te han ocurrido para aumentar los beneficios?

Ella abre su cuaderno.

—He actualizado la web y he subido fotos de los cafés y los productos de panadería. También estoy pensando en grabar vídeos para compartirlos en redes. Quizá algo de material sobre lo que hay entre bambalinas; el arte de preparar café, ese tipo de cosas, ya sabes…

—Es una idea inteligente. —Le doy otro sorbo al café y vuelvo a disfrutar de ese sabor intenso—. El contenido visual es una forma estupenda de atraer a la gente. ¿Has pensado en colaborar con influencers locales con blogueros gastronómicos? Podrían ayudarte a ampliar tu alcance.

—Esa también es una buena idea. —Se muerde el labio inferior y toma nota de la idea.

Vuelvo a degustar el café para no distraerme con su boca.

La que acabo de saborear. La que ya estoy pensando en volver a saborear.

Lo que estamos hablando es importante para ella, así que tengo que concentrarme—.

También he elaborado un programa de fidelización, con premios por niveles para animar a la gente a darnos una oportunidad —continúa—.

Una vez que descubran lo bueno que es nuestro café querrán volver, aunque quedemos un poco apartados de su ruta habitual.

—¿A qué incentivos te refieres? Un café gratis por cada diez comprados es lo usual.

Ella asiente.

—Lo es, pero quiero hacer algo diferente.

He hecho un estudio de mercado —me dedica una pequeña sonrisa—, centrándome en lo que tienen en común nuestros clientes habituales.

Lo que he descubierto es que, aparte de los pocos clientes habituales que quedan, que viven cerca y vienen aquí por su lealtad a la memoria de mi padre, los dos tipos de clientes que nos visitan con asiduidad son los sibaritas, que quieren probar los cafés que tenemos disponibles cada día, y las personas con conciencia medioambiental, que valoran nuestras prácticas sostenibles.

Y también están los que harán todo lo posible por apoyar un negocio ecológico y centrado en la comunidad.

No puedo evitar sonreír. Se lo ha pensado bien.

—Entonces, ¿de qué clase de premios estamos hablando?

—Para los que llevan viniendo aquí desde siempre, cada décima taza es gratis, pero para los entendidos, estoy pensando en organizar catas anticipadas de nuestros nuevos cafés en cuanto los recibamos, o pequeños eventos en los que presentemos especialidades de temporada y los nuevos productos de la carta para acompañarlos.

Puede ser una recompensa para nuestros clientes habituales y, al mismo tiempo, generar expectación en las redes sociales.

Me rasco la barbilla y asiento. La idea de tiene su mérito, sin duda, porque no hay nada que le guste más a la gente que sentir que tiene acceso exclusivo a algo. Esa exclusividad es precisamente en lo que se centra King Group, así que para mí tiene mucho sentido.

—Eso tiene el potencial de ser muy eficaz. ¿Qué hay del tercer grupo que has identificado, los interesados en vuestro compromiso ecológico?

Pasa una página.

—Siempre que presentemos un nuevo café, lo acompañaremos de una historia: sobre los agricultores, sobre la tierra, sobre los procesos de cosecha y producción, sobre la finca de donde procede y los esfuerzos que hacen que su agricultura sea sostenible.

Eso alimentará ese sentimiento de conexión, desde el agricultor que cultivó los granos hasta la persona que disfruta del producto final.

A la gente le encanta el aspecto narrativo.

Creo que podría recuperar algo de ese sentimiento de comunidad que mi padre cultivó.

Estoy impresionado. Todas estas ideas tienen el potencial de ganar popularidad rápidamente si Violet consigue presentarlas a las personas adecuadas.

—¿Por qué no has puesto en práctica nada de esto todavía? —Es obvio que tiene todo buenas ideas, lo que ocurre es que no las ha llevado a la práctica.

Violet se recuesta en su asiento y se pasa la mano por la frente.