18
Tate
Cuando pongo mi mano en la parte baja de la espalda de Violet, me resulta muy fácil entender que es lo que requiere la actuación, pero me conozco lo suficiente como para saber que tiene más que ver con lo mucho que disfruto tocándola.
Sentarme a su lado, acariciar su piel sedosa mientras ella charlaba con Delilah y de vez en cuando se unía a mi conversación con mis hermanos, me hacía sentir mucho mejor de lo que cabría esperar de algo tan sencillo.
La forma en que se estremecía bajo mis dedos me ha provocado toda clase de pensamientos obscenos.
Es receptiva de cojones y, si de verdad fuera mi novia, la provocaría así toda la noche, sabiendo que al final de la noche la llevaría a casa y cumpliría con esas provocaciones hasta que saliera el sol.
Empiezo a entender por qué Cole no puede quitarle las manos de encima a Delilah.
Como tengo la mirada puesta en el grupo al que nos acercamos veo que todos se están evaluando entre ellos, con ojos brillantes y sonrisas afiladas como cuchillas. Me agacho para poder hablarle a Violet al oído.
—¿Lista para zambullirte en la piscina de tiburones?
Su risa sale en un suspiro nervioso.
—Siempre y cuando no me muerdan…
No puedo evitar que mi atención se desvíe hacia el contorno de sus pechos que deja ver ese vestido tan sexy, pero tengo el respeto suficiente como para luchar contra el impulso de imaginarme marcando su piel cremosa con mis dientes.
El cuerpo de Violet se pega al mío mientras nos abrimos paso entre la multitud; mueve la cabeza de un lado a otro, observándolo todo. Tiene los ojos muy abiertos y sus labios carnosos presentan una curvatura nerviosa.
—Lección número uno en la alta sociedad —le digo al oído—. Sonríe siempre, aunque no puedas soportar a la gente que te rodea.
—¿Te refieres a algo así? —Me dedica la misma sonrisa demasiado dulce que solía mostrarme cada vez que visitaba a Mark.
Me río entre dientes.
—No creo que sigas odiándome, mariposa.
Frunce el ceño.
—Yo… yo nunca te he odiado.
—Entonces, ¿por qué fruncías el ceño cada vez que entraba donde estabas? ¿Por qué…?
Frunce el ceño de nuevo, lo que confirma lo que digo.
—Porque siempre tenías a alguna pobre mujer ilusa pegada a los talones, desesperada por pasar una noche en tu cama.
—No seas tan crítica. Esas mujeres sabían lo que querían y no tenían miedo de pedirlo.
Ella pone los ojos en blanco.
—Y tú estabas más que encantado de dárselo.
La recorro con la mirada de arriba abajo.
—Al igual que lo hice una noche reciente en el Onyx.
Ella suelta un gruñido, pero, joder, sus mejillas se sonrojan.
—Deberíamos haber puesto la condición de que no se nos permite mencionar esa noche.
Sonrío con aire burlón.
—Ya es demasiado tarde.
Ella se cruza de brazos.
—Anexo verbal.
Joder, me encanta cuando se pone así de peleona.
—No cuenta a menos que esté firmado.
Frunce los labios y entrecierra los ojos.
—Podemos añadirlo el lunes.
—Claro, le enviaré un correo a tu hermano y le pediré que añada una línea sobre no mencionar la noche en que yo te metí los dedos…
—Vale. —Hace una mueca de enfado, pero un latido después, esa mueca se transforma en una enorme y preciosa sonrisa y me quedo sin aliento.
Joder. No creo que Violet me haya sonreído así nunca y es una imagen impresionante.
Me da una palmadita en el pecho—. Gracias por la lección.
Creo que le estoy cogiendo el truco. —Luego se da media vuelta.
No puedo evitar la risa grave que me nace de las entrañas.
Cuando mira hacia atrás por encima del hombro, con los ojos brillantes y una pequeña sonrisa de satisfacción en los labios, su imagen me golpea como un puñetazo en el estómago.
Podría acostumbrarme a esas sonrisas. A las auténticas.
A las que me dedica cuando baja la guardia.
Como un cachorrillo enamorado, la sigo hasta el bar porque no quiero que se aleje demasiado y menos con ese aspecto.
Ni siquiera tengo que escudriñar a la multitud para saber que todos los hombres a nuestro alrededor la están mirando.
Cuando llego donde me está esperando, apoyo las manos a los lados de sus hombros sin acercarme demasiado, sin traspasar ningún límite.
Aunque ahora mismo no quiero traspasar esos límites: lo que quiero es hacerlos desaparecer por completo.
Pero tenemos un contrato, así que esto tendrá que bastar.
—Deberías tener más cuidado, mariposa —le digo en voz baja para que nadie más pueda oírme.
—¿Por qué?
El pulso le late de forma irregular en la base del cuello y notarlo me despierta un recuerdo, una sensación: la sensación de sentirlo bajo mi lengua.
Mi erección despierta dentro de mis pantalones. Si me acercara unos centímetros más, ella lo notaría. Pero en vez de hacerlo, me mantengo quieto y le respondo.
—Podría volverme adicto a la forma en que me sonríes.
Pone los ojos como platos y entreabre los labios. Sin embargo, la satisfacción que me invade es efímera. Antes de que Violet pueda responder, nos interrumpe un carraspeo a mis espaldas.
Le sostengo la mirada a Violet un instante más y luego me giro, moderando mi expresión para que no delate mi enfado.
—Hola, Tate —dice con voz melosa una familiar mujer rubia—. Cuánto tiempo sin verte.
Amy pertenece a la alta sociedad, y su familia se mueve en círculos similares a los míos. Es la heredera del imperio de cosméticos de su madre y se pasa los días probando cualquier trabajo que le apetezca.
—Amy, ¿cómo estás?
—Ahora estoy de maravilla —saluda con tono suave, lanzándome una mirada seductora. El brillo depredador de sus ojos es inconfundible.
—Esta es Violet —presento, apoyando mi mano en su espalda.
—Encantada de conocerte —responde Violet con una sonrisa.
Amy recorre a Violet con la mirada, entrecerrando ligeramente los ojos.
—Encantada. —Esa única palabra es seca, repleta de un claro desdén. Luego vuelve a centrar su atención en mí.
Rechino los dientes ante su grosería.
—Violet es mi novia.
Amy abre mucho los ojos y vuelve a mirar a Violet, esta vez escrutándola más detenidamente.
—¿Novia?
—Así es.
Me toca el brazo y suelta una risita.
—Ahora sí que lo he oído todo.
—¿A qué te dedicas, Amy? —pregunta Violet, con mucha más amabilidad de la que Amy se merece, teniendo en cuenta cómo se está comportando.
Me dan ganas de acortar esta conversación y llevarme a Violet a la pista de baile, pero Amy es una de las mayores chismosas de esta sala.
Si queremos que las noticias sobre nuestra relación se difundan, y se difundan rápidamente, esta es la forma de hacerlo.
Y hay una parte de mí, una que se hace más fuerte por momentos, que quiere ver hasta dónde está dispuesta a llegar Violet para vender este numerito.
Sea falso o no, sé lo que haría yo si un hombre se pusiera a coquetear con ella mientras yo estuviera a su lado; no le quedaría la más mínima duda de que Violet era mía.
Pero puse mi firma en esa línea punteada, aceptando que la intimidad física entre nosotros dos queda a discreción de Violet.
Y, joder, me muero por saber qué hace falta para que ella me bese.
—Soy diseñadora de moda —responde Amy, con un toque de presunción en el tono. Así que eso es lo que está probando últimamente—. ¿Y tú?
Violet mantiene la barbilla levantada.
—Tengo una cafetería.
—¿Una cafetería? Qué monada.
Juro que puedo oír cómo Violet rechina los dientes, pero su serenidad no se tambalea.
—La cafetería de Violet hace el mejor café que he probado nunca —aclaro.
La mirada sorprendida de Violet se cruza con la mía, y yo arqueo una ceja hacia ella.
—¿De verdad? —pregunta Amy, dedicándome una sonrisa excesivamente entusiasta—. Quizá puedas llevarme a probarlo algún día.
Me reiría de lo absurdo de su comportamiento si no estuviera insultando a Violet.
Actúa como si hubiera algo entre nosotros cuando, de hecho, nunca lo ha habido.
Estoy casi seguro de que se acostó con mi padre, aunque eso nunca le ha impedido intentar ligar conmigo o con mis hermanos.
No voy a menospreciar a alguien por tener problemas con su padre, y menos cuando yo tengo muchos propios.
Pero trazo la línea en no ser nada más que cortés con una mujer que, a sabiendas, se acostó con un hombre casado y ahora quiere completar el conjunto padre-hijo.
Mientras ella sigue intentando coquetear conmigo, la mirada de Violet va de uno a otro. No estoy animando a Amy, ni siquiera un poco, pero esa mujer sigue ignorando por completo mi evidente desinterés y la presencia de Violet a pesar de todo.
Mi novia falsa se ha quedado callada a mi lado, pero las oleadas de irritación que emanan de ella son palpables. Le dedico toda mi atención, deseando que me lea el pensamiento. Porque si ella no hace algo pronto, lo haré yo.
Vamos, mariposa, ahora soy tuyo. Haz valer tus derechos antes de que rompa los términos de nuestro acuerdo en la primera puta noche.