12
Tate
A primera hora del lunes por la mañana, entro tranquilamente en la oficina de Roman y me tiro en el sofá de cuero junto a Cole.
Estiro las piernas y entrelazo las manos sobre el estómago, arqueo las cejas y paseo la vista de él a Roman, que está sentado al otro lado de la mesa de centro con una expresión aún más severa de lo habitual en el rostro.
—¿Cuál es la urgencia? —pregunto.
En cuanto he puesto un pie en mi despacho esta mañana, mi asistente personal, Sophie, me ha dicho que Roman necesitaba verme de inmediato.
Se echa hacia delante, con los codos apoyados en las rodillas.
—Ha pasado algo. —Por la forma en la que frunce el ceño, deduzco que no es nada bueno.
Echo la cabeza hacia atrás y suelto un gemido.
—¿Por qué tengo la impresión de que nos pasamos la vida apagando fuegos?
—Porque la gente no deja de provocarlos —espeta Roman.
Su tono me hace enderezarme y mirar de reojo a mi otro hermano, que también está un poco demasiado serio para mi gusto.
—¿Qué está pasando?
Roman se rasca la frente y luego mira a Cole.
—Díselo tú.
Cole pulsa un botón en el portátil que tiene sobre la mesa y gira la pantalla hacia mí para que pueda leerlo.
Frunzo el ceño al ver el titular que acaba de saltarme a la vista.
«¿Coqueteo real? ¡Uno de los King, pillado en
actitud cariñosa con la reina del embajador británico!».
Debajo hay una foto mía con una mujer pelirroja que me resulta familiar.
Serena Worthington, exsupermodelo y actual esposa del embajador británico en Estados Unidos.
También es una mujer con la que me acosté una vez, hace años, mucho antes de que conociera a su marido, y no la he vuelto a tocar desde entonces.
Aunque nadie lo diría al ver la foto. No, en la imagen, Serena parece estar pegada a mí y tiene la mano en mi brazo.
Nuestras caras están a solo unos centímetros de distancia y es fácil presuponer que estábamos a punto de besarnos.
—Pero ¿qué coño…? —mascullo.
—Por favor, dime que no es lo que parece —me pide Cole, con voz tensa—.
Porque te habrás dado cuenta de que el hermano del embajador forma parte del Comité de Planificación y Desarrollo de Londres, ¿verdad?
Si lo cabreas, nuestros próximos proyectos de desarrollo en Londres podrían enfrentarse a un sinfín de retrasos innecesarios.
Haciendo caso omiso de la tensión que siento en la espalda ante su falta de confianza en mí, sacudo la cabeza.
—No es lo que parece.
—Entonces, ¿qué coño es? —pregunta Roman.
Me paso la mano por la cara.
—Esto fue en la exposición de arte británico del met la semana pasada.
A la que insististe en que asistiera. Solo estábamos hablando.
Me dijo que tenía información sobre uno de los grupos de empresas inmobiliarias europeas que está buscando vender algunas de sus propiedades.
Cuando le pedí detalles, me dijo que prefería que nadie supiera que había sido ella quien me había dado la información, así que se echó hacia delante y me lo susurró al oído. Fue completamente inocente, joder.
—No lo parece. —La frustración tiñe el tono de Roman—. Sobre todo teniendo en cuenta tu reputación.
Entrecierro los ojos, y la tensión se transforma algo mucho peor.
—¿Mi reputación? ¿Te refieres a esa que todo el mundo me echa en cara, a pesar de que me he pasado un montón de tiempo demostrando que ya no soy así?
—¿No lo eres? —pregunta—. Entonces, no te importará decirnos adónde fuiste hace dos fines de semana, cuando desapareciste de la gala en la que deberías haber estado, ¿verdad? —Me fulmina con la mirada.
Inspiro hondo por la nariz y me concentro en mantener la compostura.
—Me aburrí y me fui. He asistido a todos y cada uno de los eventos a los que me has hecho ir en los últimos meses, así que perdóname por querer acostarme temprano por una vez.
—¿Y me estás diciendo que esa noche no acabó contigo metiéndosela hasta el fondo a una mujer?
Reprimo la sonrisa de oreja a oreja que amenaza con extenderse por mi rostro para que no sospeche.
—Te lo juro por mi vida, no me acosté con nadie esa noche.
Me examina con el ceño fruncido, y yo no aparto la vista. No le estoy mintiendo, aunque tampoco pienso darle todos los detalles de lo que estaba haciendo. Además, tampoco es como si tuviera planeado lo que pasó con Violet cuando me fui de la gala.
Suelta el aire con brusquedad y se pellizca el puente de la nariz.
—Lo siento. Sé que has dado un paso al frente y has asumido tus responsabilidades en lo que respecta a esos eventos.
Pero, por desgracia, necesitas algo más que unos pocos meses de discreción para reparar una reputación que has tardado años en labrarte.
La prensa sensacionalista no va a olvidarlo tan fácilmente.
Ahora sí que me siento un poco mal. Esta es la primera vez en años que se ha disculpado.
Joder, la última vez que lo hizo debió de ser cuando éramos niños.
Y lo peor es que tiene razón. Esto es culpa mía.
He pasado demasiados años demasiado enfrascado en mis propios problemas como para preocuparme por lo que se publicara sobre mí y ahora me está estallando en las manos.
—Mañana conseguiremos que publiquen una rectificación —digo—. Estoy seguro de que ella también refutará esas acusaciones.
Pero Roman niega con la cabeza.
—Los abogados ya están en ello. Pero no estoy convencido de que eso vaya a ser suficiente.
Podemos responder, y ella también, pero la prensa sensacionalista seguirá persiguiéndote porque te ven como un blanco fácil: eres el comodín de King Group.
Y no podemos permitirnos seguir apagando fuegos a nuestro alrededor, y menos después de lo que ha pasado con nuestro padre.
Me invade una oleada de frustración.
—No puedo hacer nada respecto a lo que decidan publicar.
—Creo que sí hay algo que puedes hacer.
Con cada palabra de mi hermano, mi temor se intensifica.
—¿Qué me estás sugiriendo?
—Necesitas una coartada. —Arqueo las cejas y espero a que me lo aclare—. Una novia —aclara—. Tienes que buscarte una novia.
Me echo a reír. No puede hablar en serio. Después de lo que pasó con Cole, cualquiera diría que ha aprendido la lección.
—Gracias, pero paso. Tus servicios de casamentero no han recibido precisamente críticas entusiastas.
Tensa la mandíbula y algo parecido al arrepentimiento le atraviesa el rostro. Sin embargo, no se echa atrás.
—Esto no es hacer de casamentero; es controlar los daños. Eres el jefe de marketing y sabes muy ben que esta clase de historias crece como una bola de nieve. No podemos permitirnos perder la confianza de los inversores otra vez.
—Y como jefe de marketing, puedo idear otra forma de gestionar el asunto si es necesario. ¿Pero una novia falsa? Vamos, no puedes pensar de verdad que necesito hacer algo así.
—Normalmente, no estaría de acuerdo con Roman…
—interviene Cole. Lo miro con el ceño fruncido.
Traidor. Las comisuras de sus labios se curvan hacia arriba, como si pudiera leerme la mente—.
Pero esa podría ser una buena solución, Tate.
Lo último que necesita King Group son más escándalos tan pronto, después de la condena de papá.
Ni siquiera escándalos falsos. Si los tabloides te ven del brazo de una mujer durante unos meses, con suerte se aburrirán y centrarán su atención en otra parte.
Cuando rompáis, habrás demostrado que ya no eres el mayor playboy de Nueva York.
Y tampoco es que tengas que hacer nada con ella, sea quien sea, aparte de salir juntos en público y fingir que solo tienes ojos para ella.
Maldita sea. Tiene razón. Una novia es lo último que quiero o necesito.
Pero, aparte de mi error con Violet, he estado haciendo todo lo posible por no meterme en líos de todos modos.
¿De verdad me haría tanto daño fingir que tengo pareja durante unos meses?
No solo me ayudaría a demostrar que me tomo King Group tan en serio como mis hermanos, sino que también contribuiría a deshacerme por fin de mi reputación.
Con nuestra atención puesta actualmente en Genesis-1, lo último que necesita King Group son informes inventados sobre mis travesuras que eclipsen uno de nuestros proyectos más significativos.
Roman carraspea.
—No voy a obligarte —dice, desviando la mirada hacia Cole durante una fracción de segundo antes de volver a concentrarse en mí—, pero si conseguimos encontrar a una mujer que se sume a este plan, nadie saldrá herido y con suerte, los tabloides te dejarán en paz.
Una vez que todo se haya calmado, la mujer con la que decidas hacer esto y tú podréis seguir caminos separados.
—Claro —digo, pero he dejado de escuchar, porque un detalle de mi anterior línea de pensamiento se me ha quedado grabado en la cabeza.
—¿En quién estamos pensando? —Cole se desliza hasta el borde de su silla—. ¿En una actriz?
Roman se pasa una mano por la cara.
—Eso se parecerá demasiado a un montaje, aunque una modelo podría servir. Sea quien sea, tendrá que conformarse con el dinero y la atención que vendrá con ello y firmar un acuerdo de confidencialidad para guardar silencio sobre todo el asunto.
Mis hermanos siguen discutiendo el tema, pero yo estoy demasiado ocupado dándole vueltas a una idea en mi cabeza como para aportar nada.
Una idea que debería haber descartado en el instante en que se me ha ocurrido.
Pero no puedo. Porque, según Mark, Violet necesita dinero para True Brew.
Y yo no le caigo nada bien, y ahora menos que antes, así que no hay riesgo de que se encariñe conmigo.
Podría vendérselo como el acuerdo comercial que es.
Un escenario en el que yo puedo eludir cualquier escándalo futuro, y ella, obtener el impulso financiero que necesita su cafetería.
Todo lo que debe hacer es fingir que está loca por mí durante unos meses.
Esa idea me provoca una sonrisa; pensar en ver cómo lo intenta me atrae de una forma muy inadecuada.
—Haremos que nuestro equipo jurídico redacte un contrato —dice Cole—. Asegúrate de que los términos sean claros para que no haya malentendidos.
—Sí —murmuro distraídamente, con la mente aún puesta en los pormenores de cómo conseguir que Violet acepte el acuerdo.
—¿Tienes a alguien en mente? —pregunta Cole, entrecerrando los ojos ante mi evidente preocupación.
Vuelvo a centrar mi atención en él.
—Quizá.
—Genial. —Roman se levanta de detrás de su escritorio y se abrocha la chaqueta—.
Tengo una reunión con los abogados dentro de diez minutos para discutir la retirada del artículo.
—Me mira fijamente—. Sea quien sea en quien estés pensando, asegúrate de que se comprometa por completo.
Y envía sus datos al equipo legal lo antes posible.
Asiento, y se me ocurre otra idea. Si Violet acepta esto —y es un enorme «si»—, no va a haber forma de evitar que Mark se entere porque, al fin y al cabo, es miembro de nuestro equipo legal.
Y él mismo lo admite: es sobreprotector con su hermana.
Así que existe la posibilidad de que se oponga radicalmente a la propuesta.
Pero ya me enfrentaré a ello cuando llegue el momento.
Primero, tengo que conseguir que ella acepte el plan.
Y no creo que vaya a ser fácil.