El rey salvaje (Empty Kingdom 2) 9 #3
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Mark y yo nos sentamos, y me esfuerzo por calmar mi pulso acelerado mientras intento concentrarme en lo que está diciendo.

Pero es inútil. Mi mente está inundada de imágenes y recuerdos de la noche del viernes pasado e intento conciliar a la mujer que se retorcía en mi regazo con la que estaba ahora mismo a mí, con esa expresión desdeñosa que me resulta tan familiar.

Tamborileo con los dedos sobre la mesa mientras espero a que Violet vuelva con nuestra comida, y mi atención se desvía una y otra vez hacia la puerta de la cocina.

Jarrod está de nuevo detrás de la barra, atendiendo a los pocos clientes que van llegando, mientras que una joven rubia sirve a los que ya están sentados.

Cuando nos trae los cafés le doy las gracias distraídamente.

Solo salgo de mi aturdimiento cuando doy un sorbo a la bebida caliente. En el instante en que percibo el sabor, enarco las cejas de golpe.

Frente a mí, Mark se ríe entre dientes.

—Está bueno, ¿eh?

Doy otro sorbo.

—Muy bueno —murmuro.

—Los granos proceden de pequeñas granjas sostenibles. Es más caro, pero merece la pena. Por motivos éticos y por el sabor.

—Estoy de acuerdo. —Esta vez, cuando doy un sorbo, cierro los ojos para saborearlo—. Con un café que sabe así, ¿por qué no está este lugar a reventar?

Suspira.

—Solía estarlo. Pero, como te he dicho, cometí un error con el anterior gerente. Tenía muy buenas referencias, pero estaba acostumbrado a trabajar para grandes franquicias, en vez de para pequeñas cafeterías centradas en la comunidad. Debería haber estado más atento, pero…

—Te hemos tenido muy ocupado.

Se encoge de hombros.

—No es una buena excusa por haber metido tanto la pata. Pero es la única que tengo.

—No vale la pena demandarlo, supongo.

Niega con la cabeza.

—Sus acciones no se considerarían negligencia grave ni conducta indebida deliberada.

De todos modos, fue un error mío el contratar a alguien que no entendía la visión de mi padre para el negocio.

—La tristeza ensombrece su expresión por un momento antes de sacudírsela de encima—.

Siempre quiso que fuera un pilar de la comunidad, donde cada taza que se sirviera no solo tuviera un sabor increíble, sino que también representara un compromiso con el abastecimiento ético.

Por desgracia, Violet estaba fuera del estado y yo no me mantuve lo bastante al tanto como para darme cuenta de todos los pequeños cambios que estaba haciendo el gerente.

—Suspira—. Debería haberlo visto antes, pero era difícil venir aquí cuando mi padre ya no estaba y, en cierto modo, evité hacerlo.

—Baja la vista hasta la taza de café durante un largo rato, pero cuando vuelve a levantar la cabeza, está sonriendo—.

Violet lo conseguirá. No tengo ninguna duda.

Tiene mucha fe en su hermana. Se nota en cada una de sus palabras y en la forma en que la mira. Y no sé si en toda mi vida alguien ha tenido siquiera la mitad de esa fe en mí.

Mis pensamientos se ven interrumpidos por la puerta de la cocina, que se abre de par en par, y por Violet, que vuelve a aparecer con la comida.

Observo cada uno de sus movimientos mientras se dirige hacia nosotros.

El club estaba a oscuras, pero por lo que puedo ver, el color de su pelo y sus ojos coincide con el de la mujer con la que estuve.

Recorro con la mirada el resto de su cuerpo: pechos, caderas, piernas. Su figura también coincide.

Joder, su figura. Una oleada de excitación me sacude con tanta fuerza que inspiro bruscamente.

Me inundan las imágenes mentales de mis manos sobre su cuerpo, de mis dedos dentro de ella.

Intento que la ardiente oleada de lujuria se desvanezca cuando ella deja los platos delante de nosotros.

Todavía no sé con certeza si es ella; al cien por cien no.

Sigo estudiándola, fijándome en el ángulo de su mandíbula y la curva de sus labios, comparando lo que veo con lo que recuerdo.

—¿Le pasa algo a la comida? —pregunta ella.

Eso me arranca de mis pensamientos.

—No, está bien —respondo; cojo el burrito que me ha puesto delante y le doy un gran bocado.

Está tan bueno como parece, pero no tengo oportunidad de decírselo, porque antes de que pueda tragar, ella le dedica una cálida sonrisa a su hermano, me mira con los labios apretados y se dirige de nuevo al mostrador.

—¿Estás bien? —pregunta Mark mientras yo la sigo con la mirada mientras se aleja. Ya no me cabe duda: es exactamente el mismo tatuaje, en exactamente el mismo sitio.

—Sí. Todo va bien. Parece que Violet ya es toda una mujer.

¿Qué coño de observación es esa?

Debería entablar con él una conversación relacionada con el trabajo y luego largarme de aquí en lugar de fijarme en su hermana.

Mark frunce el ceño, mirándome con demasiada intensidad, como si pudiera intuir un significado más profundo que no le va a gustar detrás de mis palabras.

—Tampoco es que fuera una niña la última vez que la viste.

—No, no lo era. —Me entretengo con el burrito para esquivar sus ojos—. Es solo que parece distinta.

—Sí. —Suspira, volviéndose hacia el mostrador, donde ella está hablando con Jarrod—. Lo pasó mal después de la muerte de nuestro padre. Se encerró un poco en sí misma. Me alegro de que haya regresado a Nueva York. Estuve preocupado por ella bastante tiempo.

—Es bueno que pueda contar contigo. —Solo lo escucho a medias, porque me distrae la forma en que Jarrod le sonríe a Violet.

Él le toca el brazo y ella le sonríe, como si él hubiera hecho una broma, y en su mejilla aparece un hoyuelo. Luego se da media vuelta y se va a la cocina. Entorno los ojos mientras él mira cómo se aleja. ¿Está mirándole el culo bajo esos pantalones cortos mientras se marcha?

Cuando vuelve al mostrador se da cuenta de que lo he estado mirando y un destello de sorpresa le cruza el rostro antes de que tense la mandíbula.

Tengo la sensación de que me está evaluando igual que yo a él.

No sé por qué la idea de que haya algo entre ese tío y Violet me molesta tanto.

Por lo poco que me contó en Onyx, no parece que sea así, al menos por ahora.

En cualquier caso, no tengo ningún derecho sobre ella.

Y lo que es más importante: no debería importarme.

Jarrod por fin aparta la vista, y yo vuelvo a concentrarme en Mark y en mi almuerzo.

Esta vez desvío deliberadamente la conversación de su hermana y la vuelvo a centrar en el trabajo.

Pero por mucho que lo intente, no puedo dejar de revivir aquella noche en mi cabeza.

De repente, Violet ya no es la hermana pequeña de mi amigo de la universidad —a quien disfruto demasiado provocando—, sino la mujer tremendamente sexy a la que hice correrse en medio del club.

Y a la que le compré una suscripción e invité a volver.

Conteniendo un gemido, me paso la mano por la boca.

Ahora que sé que es ella, soy consciente de que no puedo volver a hacerlo.

Nunca me lo perdonará, aunque en ese momento no supiera quién era.

Agravar el problema insistiendo sería un motivo para que me matara si alguna vez se enterara.

La única solución lógica es evitar el Onyx durante un tiempo.

Tampoco es que haya ido mucho últimamente, pero aun así…

Aunque, si aparece buscándome a finales de esta semana y no estoy allí, podría acabar en el regazo de otro hombre…

o debajo de él. Aprieto los puños sin poder evitarlo.

Inspiro hondo y me obligo a abrirlos. Es una mujer adulta.

Por mucho que no me guste la idea, si quiere disfrutar con otro hombre en Onyx, tiene todo el derecho a hacerlo.

No me quedo después de que terminamos de comer.

Mientras Mark se despide de Violet, ni siquiera le dedico un comentario sarcástico.

Me limito a hacerle un gesto con la cabeza y la sonrisa falsa con la que corresponde es todo el refuerzo que necesito.

Estoy haciendo lo correcto al no alargar este error.

Pero mientras Mark y yo regresamos a la oficina no puedo dejar de pensar en cómo se restregó contra mí, en el calor de su aliento en mi piel y en el roce de sus labios en mi cuello.

Entonces me asalta una visión totalmente diferente: Violet moviéndose sobre otro hombre.

Su aliento en la piel de él. Sus labios en el cuello de él.

Joder.