El rey salvaje (Empty Kingdom 2) 4
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Tate

Me apoyo contra la barra del Onyx mientras Reid pide dos whiskies a uno de los camareros enmascarados.

Después de hablar de negocios en la planta superior me ha invitado a bajar aquí para tomar una copa.

Al salir de su despacho he cogido una máscara de la colección que tiene siempre a mano.

Está hecha de cuero teñido de un rojo tan oscuro que casi parece negro y tiene unos cuernos de diablo que se curvan sobre mi frente.

Estoy seguro de que a mi madre le parecería una elección muy acertada para mí.

Una vez que tenemos las copas en la mano, nos quedamos de espaldas a la barra y echamos un vistazo al club.

Onyx era el sueño de Reid, pero no tenía el capital necesario para ponerlo en marcha por su cuenta.

Cuando se puso en contacto conmigo, no era más que un conocido de un conocido, pero, mientras tomábamos unas copas, me convenció de la idea de este lugar: un club que satisfaría plenamente todos los deseos de los más ricos y poderosos de Nueva York, al tiempo que les permitía mantenerse alejados de los focos.

Una gran masa de personas se contonean en la pista de baile que tenemos ante nosotros, envueltas en la emoción del hedonismo anónimo.

Es algo con lo que estoy familiarizado. Como uno de los hombres más ricos del país, es una sensación que he anhelado muchas veces.

La libertad que te da el anonimato puede ser embriagadora.

Estoy acostumbrado a ser el centro de atención en la mayoría de los lugares que frecuento y puede ser genial, pero a veces ser el centro de toda esa atención me hace sentir más solo que nunca.

Al menos aquí, cuando capto la atención de los demás —y lo hago—, es solo por mi forma de comportarme.

Es curiosidad por saber qué placer se puede encontrar bajo mis manos, en lugar de interés por mi dinero o mi poder.

Reid le da un sorbo a su whisky.

—¿Estás seguro de que solo vas a quedarte a tomar una copa? —pregunta—. Sé que has dicho que ibas a bajar el ritmo, pero eso no significa que tengas que ser célibe.

Tiene razón. No hay razón para que no me dé un capricho.

Este es el único lugar donde puedo garantizar que lo que haga no acabará salpicando todos los tabloides.

Pero cuando miro a mi alrededor a todas las mujeres que abarrotan el lugar, la mayoría de las cuales estarían dispuestas a hacer cualquier cosa que les pidiera, la anticipación que solía inundarme como un chute de adrenalina no está ahí.

Después de contenerme durante tanto tiempo, debería estar deseando dar rienda suelta a mis instintos.

Y, sin embargo, las interacciones que solía buscar —sexo sin ataduras, la búsqueda de placer sin sentido— me dejan vacío últimamente. Niego con la cabeza.

—Solo esta y me voy a casa.

Mientras saboreamos nuestras bebidas, hablamos un poco más sobre el potencial de expansión de Onyx, añadiendo algunas ciudades a la lista de posibles ubicaciones futuras, y Reid me pregunta por Genesis-1.

Es uno de nuestros primeros inversores, así que tiene interés en el desarrollo del proyecto.

Casi he terminado mi whisky cuando me llama la atención una mujer que entra por la puerta del club.

Viene con una amiga, pero a la que entra primero apenas la veo.

Estoy demasiado absorto en la que lleva el vestido negro corto y la máscara de mariposa de color mantequilla.

Se ha quedado paralizada justo en el umbral, volviendo la cabeza hacia un lado y luego hacia el otro, como si fuera a salir corriendo en cualquier momento.

Es evidente que es su primera vez aquí. Pero cuando su amiga se acerca a ella y le habla, sonríe y parece relajarse.

Sigue a su amiga hasta la barra; el dobladillo de su vestido acaricia la parte superior de sus torneados muslos a cada paso, y por alguna razón, no puedo apartar la vista.

Se sientan un cerca de donde estamos Reid y yo y piden unas copas.

Entonces su amiga de pelo oscuro, la que lleva la máscara de pavo real, se echa hacia ella con una sonrisa, y ella, con un movimiento que combina con las alas de mariposa de su máscara, echa la cabeza hacia atrás y se ríe, con las yemas de los dedos apoyadas sobre el pecho.

Una lucecita se enciende en el fondo de mi mente, como si ese movimiento me resultara familiar. La estudio de pies a cabeza, distrayéndome momentáneamente con la curva de su cintura y la forma de sus caderas. Pero, aparte de ese único gesto, nada más me despierta una sensación de familiaridad.

Al menos desde esta distancia.

Reid suelta una risita ahogada.

—¿Así que una sola copa y te vas…?

Aparto la mirada de la mujer, que ahora está bebiendo un cóctel mientras contempla la pista de baile.

—Me voy. Solo estoy admirando las vistas mientras me acabo la copa.

—Para que lo sepas, no eres el único que disfruta de esas vistas. —Señala con su vaso casi vacío a dos hombres que están en la barra y que también tienen la mirada puesta en esas mujeres.

No debería importarme si otro hombre está pensando en lanzarse.

Al fin y al cabo, no me voy a quedar. Y la posesividad hacia una mujer —hacia cualquier mujer, y mucho menos hacia una con la que ni siquiera he hablado ni he tenido contacto— es un concepto ajeno para mí.

Hay más que suficientes peces en mi mar como para no tener que preocuparme por quedarme atrapado con solo uno de ellos.

Pero cuando los hombres abandonan su sitio y llegan junto a la pareja, una extraña tensión se apodera de mí. La mujer de la máscara de mariposa se tensa cuando el más alto apoya el antebrazo en la barra detrás de ella.

Normalmente no intervendría, pero teniendo en cuenta lo nerviosa que estaba cuando ha llegado, no me gusta que él la haga sentir aún más incómoda.

Apuro lo que me queda de la copa y la dejo sobre la barra con demasiada fuerza. Cuando me vuelvo hacia Reid, sus ojos oscuros tras la máscara están llenos de diversión.

—¿Te vas a ir ya? —pregunta, con una torcida sonrisa burlona.

—Algo así. —No me molesto en despedirme mientras me alejo a zancadas mirando a mi amigo. Él sabe exactamente adónde voy, como lo demuestra la risa que me dedica mientras me dirijo hacia la mujer y su amiga. No podría explicar mis motivos ni aunque lo intentara. Solo estoy siguiendo mi instinto.

Y ahora mismo, mi instinto me dice que esta noche la mujer de la máscara de mariposa es toda mía.