El rey salvaje (Empty Kingdom 2) 2 #2
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Aunque ella tampoco es precisamente una santa.

Los dos se acostaron con otras personas durante todo su matrimonio.

Aunque, por lo que yo sé, mi padre nunca cometió el error de dejar pruebas de sus indiscreciones, y yo me enfrento a la prueba irrefutable de las de mi madre cada vez que me miro al espejo.

Mientras que Cole y Roman tienen los ojos claros como nuestros padres, los míos son de un distintivo color marrón dorado.

Mis hermanos heredaron el cabello oscuro de mi padre, y aunque yo podría haber heredado mi pelo rubio de mi madre, el suyo es de un platino frío, mientras que el mío es de un color más cálido y rojizo.

Incluso mi tono de piel es diferente: tengo un bronceado natural que perdura incluso en invierno.

A pesar de lo que pone en mi partida de nacimiento, todos sabemos la verdad.

Aunque jamás hablamos de ello abiertamente.

—He oído que vuestro padre está concediendo entrevistas a algunos medios. —Las palabras de mi madre interrumpen mi línea de pensamiento.

—A papá le gusta la atención casi tanto como a ti —suelto, dedicándole una sonrisa demasiado amplia cuando me lanza una mirada fulminante. Mi capacidad para controlar lo que digo cuando estoy con ella parece disminuir a medida que me hago mayor.

Como siempre, no reacciona más allá de una expresión severa. Una reacción implicaría que le importara lo que pienso de ella. Se limita a carraspear y sigue como si no hubiera dicho nada.

—No tengo ni idea de qué espera conseguir, aparte de volver a llamar la atención sobre sus fechorías y arrastrar el nombre de los King por el fango otra vez.

—Ya sabes cómo es papá —interviene Cole—. Ver cómo nos hacemos cargo de la empresa y la llevamos a nuevas cotas probablemente lo esté volviendo loco. Solo quiere que su nombre vuelva a brillar en las luces de neón.

Resoplo.

—Está en la cárcel por uso de información privilegiada, no por una serie de atracos a mano armada. No va a tener a la gente haciendo cola para escuchar las historias sórdidas de su vida delictiva.

—¿A qué viene esa actitud esta noche? —pregunta Roman con tono irritado.

Clavo la vista en mi copa, haciendo girar el líquido ámbar que hay en el fondo.

La verdad es que no estoy seguro. Normalmente se me da mejor fingir en este tipo de eventos.

Quizá sea porque, en mi afán por convertirme en un miembro responsable y comprometido de la familia King, hace meses que no me acuesto con nadie.

—Anoche me acosté tarde. —Me encojo de hombros.

Mi madre suelta un bufido.

—Solo espero que los detalles no salgan mañana en la prensa sensacionalista.

Esbozo una sonrisa burlona.

—No te preocupes, mamá. Me aseguré de tirarme a la fotógrafa que me hizo la foto mientras me metía una raya en un callejón con tres putas.

Creo que dirá cosas buenas de mí en el artículo.

—Por cómo se le dilatan las fosas nasales, la he horrorizado de verdad.

Me tomo un momento para saborear la satisfacción que eso me produce y apuro mi copa—.

Disculpadme, veo a una mujer al otro lado de la sala con mi nombre escrito en ella.

Le guiño un ojo a Delilah y me alejo de ellos, abriéndome paso entre un mar de esmóquines impecables y vestidos de noche elegantes.

La gente se me acerca mientras atravieso la multitud, me estrecha la mano e intenta ganarse mi favor o, en el caso de muchas de las mujeres, coquetea y trata de asegurarse una noche en mi cama.

Tampoco es que mi cama esté en el menú, pero si me ofrecen cualquier otra superficie plana, estoy listo para ponerme en acción.

O al menos lo estaba. A pesar de lo que le he dicho a mi madre, no hay ninguna mujer aquí que me interese lo suficiente como para pararme con ella.

El teléfono pita en mi bolsillo y lo saco, usándolo como excusa para alejarme de la morena con curvas que ahora mismo intenta captar mi atención. Es un mensaje de mi socio, Reid.

Reid: Espero que tengas pensado venir pronto. Tenemos asuntos que discutir.

Sonrío. Todos los mensajes de Reid suenan un poco siniestros.

Quizá sea porque él mismo es un poco siniestro, o al menos esa es la impresión que le gusta dar.

Es tan reservado sobre su pasado que no me sorprendería que tuviera algunas conexiones no demasiado limpias.

Pero hace tiempo que no voy a Onyx, el club del que somos copropietarios y la idea de hablar de negocios tomando una copa de repente me parece mucho más atractiva que estar aquí.

Echo una ojeada a la sala y veo a toda la gente que se fija en mí, que quiere algo de mí.

A la mierda. Puede que Roman tenga algo que decir al respecto si se entera de que me he ido temprano, pero, al menos esta noche, no me importa.

Conseguir su aprobación, de cualquier forma, puede que sea una quimera.

Yo: Invítame a una copa esta noche y seré todo tuyo.

Reid: Si tienes suerte, te invitaré a dos. Pero más te vale darlo todo.

Con una risita, vuelvo a guardarme el móvil en el bolsillo, me aflojo la corbata y me dirijo hacia la salida.