1 #2
—Ah, sí, claro que lo recuerdo. Pero se marchó, ¿no? ¿Ha vuelto?
—Sigue en California. Acordamos romper definitivamente cuando se mudó, y no hemos hablado desde entonces. Pero ¿te acuerdas de que te conté que me llevó a ese club…?
Se le sonrojan un poco las mejillas. Anna y yo somos amigas desde el instituto, y para nosotras hablar de relaciones y sexo no es nada nuevo; además, ella no es tímida, así que el rubor que luce me hace preguntarme qué es lo que hicieron exactamente ella y Richie el rico en ese club.
—Me acuerdo, pero no entraste en detalles.
Da un sorbo a su café y me mira encima del borde de la taza.
—Es difícil de describir. Digamos simplemente que fue… eeeh… liberador.
Arqueo una ceja.
—¿Eso es todo lo que tienes que decir al respecto?
—Bueno… —Me dedica una sonrisa pícara—. No quiero desvelar demasiado, porque creo que deberías experimentarlo por ti misma.
Me da un vuelco el estómago y se me tambalea la taza de café; la enderezo justo antes de que se derrame.
—¿Quieres que vaya a un… un club de sexo? —susurro la última parte—. Lo siento, pero ¿no me conoces? Es una idea terrible.
Ella hace un puchero, aunque sus ojos oscuros brillan de diversión.
—Has prometido escucharme hasta el final.
—Me muerdo el labio inferior y asiento de nuevo.
Sí, se lo he prometido, pero creo que no me apetece saber adónde quiere llegar con todo esto—.
Sé lo que estás pensando. Yo pensé lo mismo cuando Richard me lo sugirió.
Pero ese lugar no es sórdido en absoluto.
Es superexclusivo porque atiende a mucha gente muy rica y muy famosa.
Se investiga a los socios y es obligatorio llevar máscara para entrar, así que todo el mundo conserva el anonimato.
—Me mira fijamente a la cara y luego hace una mueca, probablemente porque es evidente que no me está convenciendo—.
Mira, ahí se toman muy en serio la seguridad.
Las comprobaciones de antecedentes son obligatorias, incluso para los invitados.
Las máscaras sirven para garantizar el anonimato, pero te prometo que no es nada raro.
—Esboza una leve sonrisa—. De hecho, es bastante sexy.
Piénsalo, es una oportunidad única en la vida para codearte con los ricos y famosos mientras se ponen sensuales.
Y… —se detiene un instante para generar expectación—, si decides que quieres probar, es perfecto para encontrar sexo sin ataduras, anónimo, seguro y para liberar estrés.
Lo cual, amiga mía —me señala dramáticamente—, necesitas desesperadamente después de todo lo que has pasado en los dos últimos años.
Intento asimilar lo que me está sugiriendo.
Sé que no solo está hablando de True Brew, ni siquiera de lo mucho que he sufrido por la muerte de mi padre y por no haber estado aquí cuando falleció, aunque he batallado con todo eso.
También se refiere a mi ex, Eric, que me engañó.
Anna es la única persona a la que le conté lo que pasó con él, ya que no quería cargar a Mark con las consecuencias de mis malas decisiones en cuestión de hombres, más que nada porque solo puedo culparme a mí misma por haber estado tan ciega ante todas las señales de alarma de Eric.
Eso significa que Anna es la única que sabe por qué he sido tan reacia a abrirme a otra relación.
Eso no significa que no haya echado de menos el contacto con un hombre.
Puede que tenga a mi fiel novio a pilas en casa, pero no hay nada que sustituya esa interacción humana y esa conexión piel con piel.
¿Podría ser esa la respuesta? Una noche sin nombres, sin expectativas, sin intercambiar números…
Sin sentimientos heridos porque la pregunta ni siquiera se plantea.
Y sin el momento incómodo de la «mañana después».
Anna me observa frunciendo el ceño.
—No quiero presionarte ni hacerte sentir incómoda.
Pero te vendría bien desconectar, aunque solo sea por una noche.
Una pequeña distracción de todo lo que te está pasando.
—Pone su mano sobre la mía en la mesa y me la estrecha—.
Y no hay ninguna presión. Puedes hacer tan poco o tanto como quieras.
La zona de la entrada es casi como una discoteca normal, así que cuando lleguemos allí, podemos beber y bailar sin más.
No tiene por qué llegar más allá. Pero si conoces a alguien que te guste, entonces, ya sabes, puedes explorar la conexión.
Mi ritmo cardíaco se acelera. ¿Podría hacerlo?
Como mínimo, es algo que tachar de mi lista de cosas que hacer antes de morir.
Tampoco es que ir a un club de sexo esté en ella, pero ¿quién no ha añadido alguna vez una tarea a una lista solo para tener la satisfacción de tacharla?
Y la perspectiva de hacer algo tan fuera de lo normal, tan salvaje, me resulta extrañamente atractiva.
Hace mucho tiempo que no me comporto de forma despreocupada ni actúo de manera remotamente espontánea.
Quizá sea una locura, pero una noche de puro escapismo suena… bien.
Por no mencionar que sería un enorme «Que te jodan» para Eric.
Inspiro hondo.
—Vale, digamos que me lo estoy planteando. Richard te invitó a ir, ¿verdad? ¿Cómo vamos a entrar si él no está?
Los ojos de Anna se iluminan y se endereza un poco.
—Antes de irse, me dejó pagada la cuota de socia.
Dijo que era un regalo de despedida. Pero, para ser sincera, no me ha apetecido ir sin él.
—Se lleva el café a los labios y da un pequeño sorbo antes de continuar—.
Lo que pagó vence dentro de un par de semanas, y sería una pena no usarla al menos una vez.
Sobre todo porque no son baratas. Y como soy socia, puedo llevarte como invitada.
Solo tendríamos que enviar tus datos para una verificación de antecedentes, y, una vez que los hayan procesado, te dejarán entrar conmigo.
—Se echa hacia delante—. No tienes por qué decidirlo ahora. Piénsalo y avísame.
Podría pensarlo. O podría armarme de valor, darme permiso para tener una noche libre de ser Violet, la propietaria de una cafetería en apuros, y hacer algo atrevido por primera vez en mucho tiempo.
Me termino el café, dejo la taza sobre la mesa y le dedico una sonrisa a Anna, una que probablemente parece mucho más segura de lo que en realidad me siento.
—¿Y qué me pongo?