El rey distante (Empty Kingdom 3) 60 #2
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Le miro con los ojos muy abiertos, confundida. Antes de que pueda formular un pensamiento coherente, gira el juguete para que el extremo se deslice sobre mi punto G, y yo gimo.

—P-Por ahora solo es una idea.

Vuelve a sacarlo y a meterlo con un ritmo perfecto. Con cada movimiento, el placer crece y se enrosca en lo más profundo de mi ser. Pero sin estimularme el clítoris, esto no va a llegar a ninguna parte.

—Te vas a venir a vivir conmigo —dice—. Si ya no vas a estar con tu padre, quiero que vivas conmigo.

Me penetra con un poco más de fuerza para enfatizar la orden.

—Roman. —Me estremezco—. Es demasiado pronto para que vivamos juntos. —Un dedo roza mi clítoris con la presión más mínima y espirales del deseo se tensan en mi interior—. Por favor —le suplico, echando la cabeza hacia atrás.

Otra embestida, otro roce de su dedo.

—Mírame, Chloe. —Con más esfuerzo del que debería, me obligo a concentrarme. Sus ojos se han oscurecido y la intensidad de su mirada me atraviesa como un fuego—. Vente a vivir conmigo.

Me muerdo el labio.

—Es demasiado pronto.

Ladea la cabeza y pasa la lengua por donde estoy deseando que me toque, y yo grito.

—No es demasiado pronto. Lo sabes tan bien como yo. Tu lugar está aquí, en mi cama, en mi casa. En nuestra casa.

Me da vueltas la cabeza, pero el corazón me grita que admita la verdad. Este es mi lugar. Aquí, con él.

Su lengua vuelve a encontrar mi clítoris y lo acaricia con la presión justa para mantenerme al borde del abismo sin empujarme al vacío. Mi cuerpo está tan tenso a estas alturas que no puedo dejar de temblar.

Demasiado desesperada y necesitada como para luchar contra lo que los dos queremos, suelto un suspiro entrecortado.

—Sí, vale. Cuando me vaya de casa de mi padre, me mudaré aquí.

Sus ojos brillan triunfales.

—Buena chica. Ahora muéstrame otra vez lo guapa que estás cuando te corres.

Sin dejar de estimularme con el juguete, me chupa el clítoris y estallo al momento. Cuando el orgasmo me golpea arqueo la espalda sobre la cama. El calor y el placer irradian desde mi centro en un torbellino que me roba el aire de los pulmones.

El fuerte latido de mi canal alrededor del cristal enterrado en su interior es tan increíble que mi clímax parece no tener fin. Y durante todo ese tiempo, Roman me chupa y me lame sin parar.

Débil, temblorosa, me dejo llevar por la sensación. Cuando noto unos mechones sedosos entre mis manos, me doy cuenta de que he movido los brazos y estoy aferrada a su pelo.

Me dedica una sonrisa perezosa, con la boca y la barbilla húmedas. Me saca suavemente el juguete y lo sostiene en alto.

Al ver lo resbaladizo que está, la prueba de mi placer, se me enrojecen las mejillas.

Me toca los labios con la punta.

—Prueba lo dulce que eres. —Dudo solo un instante, luego abro la boca para él.

Lentamente, desliza el extremo de cristal liso en mi boca y por mi lengua.

Ya me he saboreado a mí misma en sus labios antes, así que no me echo atrás, mantengo la mirada clavada en sus ojos y chupo, ahuecando las mejillas.

Sus pupilas se dilatan—. Eres sexy de cojones.

Tiemblo ante el tono oscuro de su voz. Hasta ahora se ha controlado, jugando conmigo para conseguir lo que quería, pero su control se está desmoronando, y me encanta.

Suelto el juguete con un chasquido y levanto las manos.

—¿Puedes quitarme esto? Necesito tocarte.

—Me quita el cinturón en un santiamén y, en cuanto estoy libre, le recorro con la punta de los dedos la suave piel de sus hombros, los surcos de sus abdominales, el rastro de vello que conduce a su erección.

Me agarra la muñeca antes de que pueda rodearlo con mis dedos y me da un suave beso en la delicada piel de la cara interna.

Siento un fuerte cosquilleo en el vientre—. ¿Roman?

Su expresión emocionada me acelera el corazón.

—Te quiero —dice con voz ronca.

La sinceridad de sus palabras me estrangula la garganta.

—Yo también te quiero. Muchísimo.

—En el momento en que me sonreíste en ese ascensor, me perdí.

—Mientras habla, se coloca entre mis piernas y yo las separo para recibirlo—.

Me enseñaste lo que se siente al amar cuando ya había perdido la esperanza de experimentarlo alguna vez.

— Empuja dentro de mí y yo, con el aliento entrecortado, me aferro a sus bíceps.

Baja la cabeza y su cabello me hace cosquillas en la base del cuello cuando sus labios se pasean sobre mi piel—.

Has cambiado mi vida sin siquiera proponértelo.

—Las lágrimas me pican en los ojos mientras se mueve dentro de mí.

Pensaba que quería que perdiera el control, pero esto…

este acto de amor lento y tierno, la forma en que confiesa sus sentimientos, cómo se ha sentido desde el principio, es más hermoso de lo que alcanzo a comprender.

El placer crece con cada embestida, con cada palabra susurrada, y también lo hacen mis emociones.

Me sujeta la cabeza con los antebrazos, sin apartar la vista de mis ojos.

Cuando alcanzo el clímax, las lágrimas se derraman de mis ojos y apenas puedo respirar mientras el orgasmo me envuelve como una ola embravecida.

Roman me seca las lágrimas de las sienes con los pulgares—. Eres tan hermosa…

Sus movimientos se vuelven entonces erráticos, y apoya su frente contra la mía cuando su enorme cuerpo se estremece y él se corre dentro de mí.

Nuestras respiraciones se entremezclan, nuestros corazones laten al unísono y nuestras bocas se encuentran a una fracción de centímetro de distancia.

Aquí, rodeada por él, llena de él, nunca me he sentido más segura.

Le acaricio las mejillas, disfrutando del ligero roce de la barba incipiente contra mis palmas.

—Nunca voy a cansarme de esto.

Su pecho vibra contra mí.

—Entonces, espero que estés preparada para lo que viene después.

Echo la cabeza hacia atrás, frunciendo el ceño.

—¿Qué viene después?

Me besa lenta y suavemente, y la sensación es tan perfecta que me hace curvar los dedos de los pies.

Sonríe cuando se aparta.

—Para siempre, cariño. Lo que viene después es un para siempre.