59
R oman
—¿Estás lista? —le pregunto.
Chloe me mira de reojo con aire nervioso.
Estamos ante la puerta trasera de la finca de mi madre en Westchester, a punto de encontrarnos con mi familia para almorzar en el jardín.
Ha pasado una semana desde que le demostré a esta mujer que ya no pensaba ocultar el amor que siento por ella, pero esta es la primera vez que asistiremos a un evento como pareja.
Aunque solo sea un almuerzo con mi familia.
Le acaricio la mandíbula y hago que levante la cara hacia la mía.
—¿Tienes idea de lo felices que están de que vayas a comer con nosotros? Llevaban mucho tiempo esperando a que encontrara a alguien, y ya te conocen y les caes bien. No tienes nada de qué preocuparte. Te lo prometo.
Ella se relaja contra mí y la beso, disfrutando del placer de saber que puedo hacerlo cuando y donde quiera. Se acabó el esconderse, se acabó el fingir. Esos días se han terminado.
Me rodea la cintura con los brazos y me estrecha contra ella.
—Me preocupa lo que pensará tu madre. Después de lo de tu padre…
Niego con la cabeza.
—Ella tiene que aprender a vivir con sus propios errores del pasado. No tiene derecho a juzgarnos. Y, de todos modos, sabe que esto no se parece en nada a lo que pasó con él. Yo no me parezco en nada a él, y tú no te pareces en nada a Katherine ni a ninguna de las otras conquistas de mi padre.
Trazo con un dedo una línea por la suave piel satinada de su mejilla. De repente me invade el deseo de saltarme el almuerzo y llevarla a casa para poder disfrutar de ella. Ya habrá otro almuerzo el mes que viene. Quizá debería quedarme con Chloe para mí solo un poco más.
Ese pensamiento se desvanece cuando ella aprieta los labios y echa los hombros hacia atrás.
—Estoy lista. Hagámoslo.
Aunque estoy un poco decepcionado, no puedo evitar reírme.
—¿Por qué haces que comer con mi familia suene como si fuéramos a ir a la guerra?
Su expresión se suaviza y me acaricia la mejilla con la palma de la mano.
—¿Tienes idea de lo mucho que me encanta verte reír? —Sus dedos se pasean por mi cara—. Cuando entrecierras los ojos y puedo ver las arrugas de la risa…
Le cojo la mano y le doy un beso en la muñeca.
—¿Me estás llamando viejo, cariño?
Se apoya contra mí.
—Jamás lo haría. Eres perfecto.
Nunca hemos hablado realmente de nuestra diferencia de edad de casi quince años.
Para ser sincero, una vez que la conocí —una vez que dejé de luchar contra la atracción que había entre nosotros—, apenas pensé en ello, excepto cuando me preocupaba cómo lo verían los demás.
Pero a Chloe nunca la ha definido su edad.
Su fuerza, su madurez y su forma de enfocar la vida hacen que sea irrelevante.
Ahora me da igual lo que piensen los demás.
Somos perfectos el uno para el otro, y eso es lo único que importa.
La beso de nuevo, demorándome un rato. No me importa mucho si llegamos tarde. Mis hermanos han llegado tarde o han desaparecido en medio de un evento más veces de las que puedo contar desde que conocieron a Delilah y Violet, así que son los últimos que pueden quejarse.
Al final, sin embargo, me obligo a dar un paso atrás y cogerle la mano.
—Vamos. Cuanto antes entremos, antes podré llevarte a casa.
Su risa es alegre y el nerviosismo que ensombrecía su expresión se disipa.
La mesa que han colocado en medio del césped está llena y, al acercarnos, el aire se llena de charlas alegres y risas.
Siento un nudo en el estómago. Hace unos años ni me habría imaginado que una escena así fuera posible, que nuestras frías y temidas reuniones mensuales con nuestra madre pudieran convertirse en algo como esto.
Pero ahí están Cole, Delilah, Lottie, Tate, Violet, mi madre y Miles, todos ellos relajados y sonrientes, disfrutando del sol, de la buena comida y el vino, de la compañía.
—¡Roman! ¡Chloe! —exclama Tate.
Todas las cabezas se vuelven hacia nosotros.
Nerviosa una vez más, Chloe suelta un suspiro y yo le aprieto la mano.
—¿Ves? Están contentos de que estés aquí.
Para cuando llegamos a la mesa, Cole ya le ha apartado una silla junto a Delilah, que sostiene a Lottie, que está dormida. Ella le da las gracias mientras se sienta, y yo ocupo el asiento vacío a su lado.
—Me alegro mucho de que hayas venido —dice Delilah. Su sonrisa es tan cálida y amable que no hay duda de su sinceridad.
Chloe se relaja.
—Estoy muy contenta de estar aquí. —Dirige su atención hacia mi madre—. Muchas gracias por la invitación, señora King.
Ella asiente.
—Puedes llamarme Beverly, querida. Y de nada. Me alegro de que hayas podido venir.
Aunque su sonrisa es más reservada que la de Delilah, es auténtica.
Mis propios músculos se relajan. A pesar de todos los cambios que he presenciado en mi familia durante los últimos años, a veces todavía me cuesta creer que hayamos llegado tan lejos. Que quizá, para todos nosotros, lo de fingir haya terminado.
Quizá nuestra familia no existió como tal hasta que mi padre desapareció de escena.
Mientras Delilah y Chloe charlan, involucrando a Violet y a mi madre en su conversación, Tate se echa hacia mí.
—¿Vino? —pregunta, sosteniendo una botella de blanco.
—Gracias. —Cojo mi copa y se la tiendo.
—Pareces feliz —murmura.
Siento el pecho ligero cuando le dedico una sonrisa.
—Lo estoy. Supongo que ya era hora de que descubriera cómo era eso.
Él se ríe y niega con la cabeza.
—Dime, ¿es cierto que la última ficha de dominó es la que cae con más fuerza?
Se refiere a una conversación que tuvimos en la boda de Cole y Delilah. Aquella en la que le dije que no tenía ningún deseo de enamorarme de nadie.
Contemplo a Chloe, que se ríe con la cabeza echada hacia atrás, dejando al descubierto la esbelta columna de su cuello.
—No creo que sea posible enamorarse más.
Él asiente, pero, por suerte, no insiste en el tema. No estoy seguro de tener las palabras para describir lo que siento por ella. De todos modos, él lo sabe. Mis dos hermanos también. Ellos lo vivieron primero.
—¿Tienes ganas de que llegue la inauguración del Genesis-1 la semana que viene?
—pregunta Miles, que está sentado junto a mi madre.
En los últimos meses, lo hemos visto cada vez más.
Y me alegro. Es un hombre genuinamente bueno.
No es demasiado rico ni tiene el aspecto de mi padre, pero trata a mi madre con el máximo respeto y cariño.
Y ella nunca miró a mi padre de la forma en que mira a Miles. Como si lo amara, como si confiara en que él la ama a ella también, en que la protegerá de cualquier daño que el mundo pueda infligirle.
—Así es —respondo—. Ha tardado mucho en llegar, pero está completamente vendido. No se puede pedir más.
—La inauguración del London Genesis-1 también será el mes que viene —dice Cole.
—Entonces, tendremos que enviar esas unidades de realidad virtual rápidamente —apunta Tate con una sonrisa.
—¿Y tú, Violet? —le pregunto—. ¿Estás lista para expandir True Brew a nivel internacional?
Ella se ríe, con los ojos brillantes.
—No estoy segura de estar preparada todavía. Veamos cómo van las cosas con dos tiendas para empezar.
Chloe se ha quedado callada, aunque su actitud es relajada y su expresión serena. Apoyo el brazo en el respaldo de su silla y le acaricio el hombro desnudo con los dedos. Se sobresalta un poco, pero nadie más alrededor de la mesa se inmuta.
Mostrar abiertamente el cariño que nos tenemos es algo nuevo para los dos.
Ni siquiera con Katherine me comporté así.
Todo en esta relación es diferente. Estoy más que agradecido de que Katherine y yo no duráramos, y ahora entiendo por qué no sentí ganas de comprometerme con nadie más en los años posteriores al divorcio: era porque estaba esperando esto.
La estaba esperando a ella.
—¿Cómo está tu padre, Chloe? —pregunta mi madre—. Me encanta el cuadro que Roman ha comprado para el King Plaza. He pensado que me gustaría algo parecido para mi casa. ¿Acepta encargos?
Chloe se ilumina, como siempre que habla de su padre y de su arte.
—Está muy bien. Ha estado dibujando mucho y, precisamente esta semana, ha empezado su primer cuadro.
De momento va despacio porque lleva mucho tiempo sin hacerlo y tiene que asegurarse de no exigirse demasiado.
Pero está muy feliz. No sé cuándo estará listo para aceptar encargos, pero puedo decirle que te interesa.
—Por favor, hazlo. —Mi madre sonríe y hay calidez en sus ojos, que suelen ser penetrantes.
Violet se echa hacia delante, con la cabeza ladeada.
—¿Y qué hay de tu propio cuadro?
Cuando colgué la obra del padre de Chloe en el vestíbulo del King Plaza, les conté a mis hermanos lo que significaba para mí, y puede que mencionara de pasada las aspiraciones de Chloe. Al parecer, al menos Tate se lo ha contado a su pareja.
Enarco una ceja y, a cambio, él me dedica una sonrisa sin remordimientos.
A Chloe, sin embargo, no parece importarle.
—He hecho un par de cuadros últimamente, pero estoy más oxidada que mi padre. —Su risa despreocupada me envuelve—. Espero encontrar algún día un apartamento con un espacio con luz natural que pueda dedicar a la pintura.
Me tenso. Hasta ahora, no había hablado de mudarse. Tengo mis reservas al respecto, pero tendré que esperar hasta después de comer para sacar el tema.
—¿Sabes? —dice la que ya casi es mi cuñada—. He empezado a exponer obras de artistas locales en las paredes de True Brew. Me encantaría exhibir alguno de tus cuadros cuando estés lista.
—¿En serio? —Las mejillas de Chloe se sonrojan—. Sería increíble. Aunque necesitaré practicar más antes de tener algo digno de mostrar a nadie.
—Por supuesto. Solo dime cuándo quieres hacerlo y lo organizaremos.
La comida sigue su curso, y yo me recuesto en la silla y disfruto del momento.
Por primera vez que yo recuerde, estoy completamente relajado, rodeado de toda mi familia.
No hay distancias ni resentimiento ni remordimientos.
Mi madre, Cole, Tate, yo… Todos estamos justo donde deberíamos estar, con las personas con las que queremos estar.
Me vienen a la mente las palabras de Chloe.
Compartir la misma sangre puede significar que dos personas están emparentadas, pero el amor es lo que hace a una familia.
Puede que no lo digamos en voz alta —y en algunos casos puede que incluso esté oculto bajo años de descuido—, pero ahora mismo es lo que siento: el amor ha unido a esta familia.
También dijo que el amor significa hacer lo que hay que hacer, aunque sea difícil. Aunque eso implique renunciar a algo importante.
En eso también tenía razón. Renunciar a mi obsesión por demostrar que era diferente —que era mejor— que mi padre fue tan fácil como abrir la mano y soltar las ataduras que me retenían. Porque no podía aferrarme a ella mientras me aferraba a eso.
Envuelvo mis dedos alrededor de la nuca de Chloe y, cuando se vuelve hacia mí, su expresión cálida y radiante me calienta todo el cuerpo. Articula un «te quiero», unas palabras silenciosas, pero lo bastante poderosas como para calmar mi corazón.
De alguna manera, a pesar de todos mis errores del pasado, la tengo a ella.
Nunca creí que otra persona pudiera hacerme sonreír o reír, o mostrarme lo que se siente al ser verdaderamente feliz, como ella lo ha hecho.
Me he pasado toda la vida manteniendo a la gente a distancia, protegiendo mi corazón.
Pero ella rompió mis defensas sin siquiera intentarlo.
Nunca tuve que protegerme de ella.